¡Asesino en serie! Conoce los crímenes ocultos de este hombre

«Te doy 5.000 euros ahora y otros 5.000 cuando acabes el trabajo», ofreció Ángel Ruiz, alias Angelito a un ciudadano búlgaro a comienzos de 2013. «¿Qué hay que hacer?», preguntó el otro. «Tienes que matar a un tío mío en Bilbao. Tiene una caja fuerte con mucho dinero y ningún familiar. Lo heredaría yo todo. Es un trabajo sencillo, tengo la llave de su casa. Es entrar, asesinar y salir. He pensado en hacerlo yo mismo, pero estoy muy vigilado porque tengo un juicio pendiente por la muerte de una mujer».

Lo que cree la Guardia Civil es que Shibil, de 24 años, de origen búlgaro, amigo de Angelito, cobró el dinero, pero sin ninguna intención de cometer el crimen. Lo que hizo fue comprarse un BMW de segunda mano en su país y regresar con el vehículo a España con la intención de venderlo y hacer negocio. El 17 de febrero de 2013, el joven desapareció. Estuvo con su novia por la mañana. A media tarde su teléfono se apagó para no resucitar. Dos cazadores hallaron su coche una semana después escondido y calcinado en la pedanía de Valujera en Burgos.

Todos los indicios condujeron a los investigadores hasta Angelito, que se había estado escondiendo durante días porque temía que los amigos búlgaros de Shibil le hiciesen lo mismo que él había hecho al joven. Los guardias le detuvieron y aunque no confesó sí dijo espontáneamente: «Os puedo llevar donde está el cuerpo». Los agentes se montaron en un vehículo camuflado y fueron siguiendo sus instrucciones. En el camino Ángel dejó frases como: «Me extraña que no lo hayáis encontrado ya». Sin embargo, algo se torció en su cerebro y de repente dijo que no, que no les iba a ayudar.

Fue lo más cerca que se estuvo de encontrar el cadáver de Shibil cuyos restos no han aparecido todavía en 2017. «Seguro que se sintió estafado por el joven búlgaro y decidió tomarse la justicia por su mano. Cuando se sentía agraviado o pegaba o mataba», apunta una de las personas que por aquel entonces siguió con ahínco su rastro. «Como con Rosalía. A ella Angelito la asesinó por una afrenta».
Se refiere a Rosalía Martínez, mujer de 85 años que era vecina suya en la localidad burgalesa de La Parte de Bureba. Según consta en ese sumario, el 19 de julio de 2009 Alfredo, hijo de Rosalía, recriminó a Ángel por irrumpir con su tractor en sus tierras cultivadas de girasol. «Vete por el camino que me estas destrozando la cosecha», le gritó.

Ese mismo día Alfredo, enfadado porque su vecino no respetaba a nada ni a nadie, se quejó a la madre de Angelito. En cuanto Ángel se enteró de que se habían chivado de su comportamiento, se coló en la casa de Rosalía chillando como un poseso y con intención de agredir a Alfredo. Como no lo encontró le dijo a su madre: «Yo no tengo nada que perder, pero vosotros sí». La mujer, asustada, lo denunció al día siguiente a la Guardia Civil por allanamiento de morada y amenazas. Dar aquel paso le costó la vida.
Dos años después Angelito robó un coche en Burgos y lo escondió en un granero de una casa cuyos dueños no solían visitar el pueblo casi nunca.

Un mes después lo arrancó, salió a la carretera, por cuyo arcén solía caminar al anochecer Rosalía, cruzó de carril y la embistió a toda velocidad. La dejó muerta, tirada en la cuenta, y recorrió poco más de un kilómetro para esconder de nuevo el coche en el mismo granero. Lo aparcó y, probablemente con regocijo, fue a contemplar su obra. Así lo apuntan varios vecinos que avisaron al 112 y a la Guardia Civil de Tráfico y que se congregaron en la carretera tras lo ocurrido.

Un año después, el dueño de aquel garaje regresó al pueblo y se encontró un vehículo que no le pertenecía. Lo denunció y ese pequeño hecho fue como empujar la primera ficha de un efecto dominó que acabó con Angelito entre rejas. Al frente de las pesquisas se colocó uno de los mejores expertos en investigaciones criminales que ha dado este país. Tras una ardua investigación se logró determinar que quien se llevó por delante a Rosalía fue Ángel Ruiz. Le condenaron a 18 años cárcel.

Pero no sólo eso. Se le imputó por la desaparición de Shibil, pero también los investigadores encontraron evidencias de que Angelito podía estar detrás del irresuelto y brutal triple crimen de Burgos. Hasta entonces, la Policía Nacional sostenía que quien empuñó el cuchillo que acabó con las vidas de Salvador Barrio, su mujer Julia y Álvaro, su hijo, de 11 años, en 2004 de madrugada en Burgos capital, había sido Rodrigo, el hijo que sobrevivió a la masacre porque vivía en un colegio interno. «¿Quién si no pudo entrar en la vivienda sin forzar la puerta?», argumentaban. O fue alguien conocido al que franquearon la puerta o lo hizo el hijo, del que se sospecharon que tenía un juego de llaves de la casa aunque él lo negase.

El juez de instrucción analizó los indicios contra Rodrigo, creyó que se trataban de conjeturas voluntaristas y archivó la causa. Ahora la UDEV Central de la Policía Nacional ha reestudiado el caso y está convencida de que Angelito está detrás de aquellas muertes. Salvador Barrio, que fue alcalde de La Parte de Bureba, había tenido desavenencias con Ángel, hasta el punto de que éste lo odiaba y tras su muerte llenó el panteón de pintadas en las que se insultaba al muerto. Este y otros detalles están incluidos en un informe de casi 100 páginas que le han presentado al juez quien, tras su lectura, autorizó el registro las propiedades de Ángel esta semana. Buscaban el DNI de Julia, que desapareció de la escena del crimen, y las llaves de la casa de Burgos con las que supuestamente el sospechoso entró a cometer los crímenes. Se desconoce con qué resultado, pero podríamos encontrarnos ante el último asesino en serie de este país.

Fuente EP Mundo La Razón