¡Complicado! Rajoy evita a toda costa que su gobierno se debilite

El Gobierno deja atrás una semana bastante complicada porque la caída del fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, tiene muchas más lecturas que la que cabe hacer en clave estrictamente judicial. Mariano Rajoy sabe que el «golpe» no lo paran aquí, y que el siguiente en la lista de piezas a tumbar es el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y que su ministro de Justicia, Rafael Catalá, puede tener que pasarlo mal. La elección del sustituto de Moix es «muy difícil», sentencian en medios gubernamentales, porque el que llegue «tendrá que seguir ordenando la carrera fiscal y va a seguir teniendo enfrente a los mismos».

La prioridad de Rajoy es evitar fisuras que debiliten la posición de su Gabinete. Catalá es una persona de su confianza, que no se desvía del programa. Puede haberse equivocado, «por torpeza», en la gestión de algunas decisiones, pero eso no ha afectado a la confianza del presidente del Gobierno en una «pieza» clave en un escenario político y judicial en el que los casos de corrupción siguen marcando la agenda. Ni en las decisiones más cuestionadas Catalá ha actuado «por libre».

Ahora bien, después de la «sorpresa» que en medios populares ha supuesto la caída de Moix, «sabían de su punto débil y han aprovechado el momento para darle la estocada», dicen en Moncloa que ahora «cabe esperarse todo por parte de quienes quieren seguir desestabilizando la Fiscalía». Rajoy espera que el vacío se resuelva y que en general la presión por la corrupción se rebaje en septiembre, una vez que se produzca su declaración ante el tribunal que juzga la primera parte del «caso Gürtel». «Ahí habrá otro bache, pero una vez que el presidente testifique lo tienen más difícil para seguir estirando el chicle», argumentan en la dirección popular.

Al tiempo, también es cierto que la crisis en la Fiscalía Anticorrupción ha hecho que en el partido empiecen a clamar contra «los errores» que hacen que se consolide una imagen de injerencia en la Justicia que anula cualquier discurso o acción en defensa de la regeneración democrática. Y aunque no hay elecciones cerca, la sensación en los cuarteles generales territoriales, y también en Génova, es muy parecida y apunta a la obligación de rebajar la presión por la corrupción para ser más eficientes en sacar partido de la mejoría económica.

Si se cumplen las previsiones de Moncloa y a partir de septiembre la oposición se queda «sin presa», se abriría otra etapa en la que el bloqueo parlamentario no les preocupa como elemento de desgaste. Salvo que ese bloqueo o el acercamiento de Sánchez a Podemos impliquen acuerdos para hacer saltar reformas económicas «claves», a juicio de Rajoy, como la reforma laboral o la de la estabilidad presupuestaria, y daría igual que hubiera Presupuestos porque el jefe del Ejecutivo se plantearía seriamente presentarse ante los españoles como obligado «por sentido de Estado» a convocar de nuevo elecciones para garantizar que no se pone en riesgo el crecimiento económico.

Cataluña será uno de los ejes centrales de la agenda de otoño, y pese a la gravedad del desafío ahí Rajoy se siente en terreno seguro desde el punto de vista político y electoral. Pero el punto realista lo coloca en su sitio un ministro. «La oposición no tiene otra cosa que la corrupción del PP, y si pensamos que van a soltar la presa nos equivocaremos».

Fuente EP Mundo La Razón