El atroz crimen de un joven contra su hermana

El municipio serrano de Guadarrama sigue en estado de shock tras el fratricidio que cometió el joven búlgaro Pavel (Pablo) Georgiev Stoyanov, de 25 años, quien segó a cuchilladas la vida de su única hermana, Dzhulia (Julia) Georgieva Stoyanova, de 21, la madrugada del miércoles.

Al parecer, como adelantó este diario, todo apunta a que fue un brote psicótico provocado por el consumo de drogas el desencadenante de lo ocurrido tras una pelea familiar en la que se vieron implicados la víctima y su novio, Jonathan Rodrigues de Souza, de 26 años, natural de Brasil, así como la madre presunto homicida y de la asesinada, Grozdenka Stoyanova, de 48, quien trató de mediar en la discusión. Ambos resultaron también heridos. El primero se recupera de las puñaladas de carácter grave que sufrió en el Hospital Puerta de Hierro, mientras que la segunda, fue dada de alta tras ser atendida de un golpe en la cabeza.

Los investigadores sospechan que, probablemente, el motivo de la pelea estuvo relacionadocon lo que tomó, es decir, que no hubo ninguna causa concreta.

Pavel o Pablo, como es conocido en su entorno, no tenía antecedentes psiquiátricos ni había sido diagnosticado de enfermedad mental alguna. No obstante, fue trasladado al mismo centro sanitario debido a la «descompensación» que presentaba. Estaba eufórico, nervioso, alterado y sufría convulsiones. Su padre, Georgi Damyanov Stoyanov, le estaba sujetando con fuerza, cuando llegaron los sanitarios del Summa y los agentes de la Guardia Civil, de lo contrario, la matanza habría sido mayor.

El presunto homicida habría confesado en un primer momento espontáneamente que había ingerido varias drogas, si bien no especificó cuáles. Se está a la espera del resultado del análisis toxicológico para determinar que sustancias ingirió y su cantidad, así como si era consumidor habitual. A ello se unirá el resultado de la evaluación psiquiátrica para determinar si fueron los estupefacientes los que provocaron la alteración de comportamiento que le hicieron entrar en una espiral de violencia.

Pablo acababa de llegar de Bulgaria, su país natal, donde pasó los dos últimos años y «vino mucho más delgado», según los vecinos del número 39 de la calle de Nuevo Guadarrama de la Urbanización del mismo nombre. Los más allegados a la familia no acertaban a explicar qué le llevó a vivir allí desde que acabó el Bachillerato ni si pudo haber desarrollado alguna adicción.

«Yo solo sé que de vez en cuando iba a visitar a su abuelo, enfermo de cáncer y que le gustaba mucho estar allí con sus familiares», agregaba Rosa, una amiga de los Stoyanov.

Lo cierto es que el presunto fratricida, que llevaba tres o cuatro meses en España, había conseguido un trabajo temporal como vigilante de seguridad en su urbanización y en otras de localidades cercanas. Estaba de correturnos.
Había dormido muy poco

Dormía poco, al menos, la víspera del crimen. «Me acosté a las cuatro de la madrugada, por eso estoy cansado; salí con mi novia y luego la tuve que llevar hasta su casa en Las Rozas», le relató a Rosa cuando está aludió a la cara de cansado que tenía. «Encima hoy me toca doblar y salgo a las ocho de la tarde», le contestó a la mujer. Esta bromeó con él, con la novia oriental que se había echado gracias a su empleo y se estuvieron riendo. Después, desde que salió hasta que se produjo la pelea, no se sabe qué pudo hacer ni qué destapó la espita para que la tragedia estallara. Lo cierto es que descansaba poco para aguantar ese ritmo frenético.

Aún sigue ingresado en Urgencias y la Guardia Civil no le ha tomado declaración. Los agentes están a la espera de que sea dado de alta en 24 o 48 horas. Después, pasará a disposición judicial.

Los padres del presunto fratricida están destrozados. «No se puede creer lo que ha sucedido». Aún no han decidido donde enterrarán a su hija.

Fuente EP Mundo ABC