El legionario español que enseñó en Irak cómo liquidar al ISIS

Javier Mackinlay es un veterano de la Legión que, como dicen los clásicos, está curtido en mil acciones. Fue de los primeros que puso un pie en Irak, en una de las misiones más decisivas de nuestros ejércitos. Este teniente coronel estuvo y está al frente del adiestramiento de los militares de aquel país, al frente de la responsabilidad de poner en marcha el ejército que ha logrado derrotar a Estado Islámico.

Es el jefe del equipo de instructores y sabe del papel clave que han tenido los militares españoles, desde la instrucción, en la derrota de ISIS en Irak. Es el jefe de la VII bandera Valenzuela del Tercio don Juan de Austria III de la Legión.

Desde el inicio de la misión, España ha adiestrado a 13.000 nuevos integrantes del ejército iraquí, más de 7000 nuevos policías, y ha dado formacón en técnicas antiterroristas a 15.000 efectivos.

«Tuvimos que empezar casi de cero. Los soldados que llegaban a nuestra base para ser adiestrados habían abandonado sus puestos en masa, presos del terror, cuando IS comenzó a invadir el territorio. Se refugiaron en sus ciudades, con sus familias. IS había logrado meterles el miedo en el alma, fruto de sus atrocidades». El autodenominado Estado Islámico entró en poblaciones, pasó a cuchillo a los hombres, esclavizó a sus mujeres y grabó y difundió sus atrocidades para lograr el efecto multiplicador de sus «hazañas». Provocó una espantá masiva de los militares. El contingente español, a día de hoy, está integrado por 360 militares y a él se sumará otra treintena más en los próximos meses.

El teniente coronel recuerda así sus primeros días al llegar a Irak: «Estuvimos dos meses y medio alimentándonos de latas y durmiendo en el suelo».

«Teníamos un objetivo claro: poner en marcha un nuevo Ejército iraquí, crear espíritu militar, convencer a los que vestían el uniforme de que la victoria era posible. Eso fue lo más complicado».

Mackinlay llegó en noviembre de 2015. Junto a sus tropas, el teniente coronel se asentó en una base de EEUU en Besmaya, a 40 kilómetros de Bagdad. «Nos encontramos unas tropas sin espíritu de victoria, con la moral por los suelos, sin alma», apunta este mando militar que reconstruye con Crónica el papel de los militares españoles en la victoria de Irak.

«Dos eran nuestras misiones: la primera, contagiarles el espíritu del legionario, tratar de darles carácter militar y convencerles de que iban a ganar, de que esta guerra era nuestra». La segunda, completar un adiestramiento militar que les capacitara para todo tipo de combates. «Vivían, comían, dormían con nosotros. Eran uno más. Se contagiaron enseguida de nuestra camaradería. Vieron la familia que somos. Reían, cantaban… disparaban, corrían, sudaban, todo con nosotros».

De sus instrucciones partió una de las brigadas que más presencia tuvo en los combates de Ramadi o Talafar, la Brigada 92: más de 1.100 soldados que demostraron que no eran ya una «pandilla de incontrolados», sino que estaban perfectamente organizados para ganar batallas.

«Llegaron solo con su fusil. Por el camino habían dejado todo… carros de combate, vehículos pesados, munición… todo. Se les dio equipamiento americano. Pasaron del armamento soviético al M 16. El 30% de ellos tenía un entrenamiento aceptable; el resto, muy pobre, sin técnica de tiro, con dificultades para acertar en un blanco a 50 metros». ¿El idioma? No es problema

. «Las órdenes se entienden fácil». «Pero aún así contábamos con intérpretes y facilitadores: militares de Ceuta y Melilla con conocimientos de árabe».

La brigada 92 fue la primera completamente adiestrada por españoles. Los legionarios adaptaron este nuevo cuerpo del Ejército iraquí a la lucha urbana. Papel relevante tuvo el entonces coronel (ahora general) Julio Salom, jefe del primer contingente desplegado en Irak, y el general Sabbah, jefe de la División 16, en la que está encuadrada la Brigada 92. El número de efectivos adiestrados es enorme: más de 13.000 militares y 7.000 policías.

El teniente coronel recuerda que durante un primer periodo de seis semanas, se instruyó a las tropas en el manejo de su armamento, el aumento de las capacidades de supervivencia en el campo de batalla, las técnicas de combate convencional... Después, otro programa de instrucción que incluía, entre otros cursos, prácticas con fuego real y explosivos, además de ejercicios con helicópteros y blindados.

Hoy, en manos de estos instructores está un nuevo cuerpo de Ejército. «Actualmente estamos adiestrando a otros 1.200 efectivos iraquíes». «Recogimos soldados que no tenían voluntad de vencer y les dimos la vuelta como a un calcetín, les convertimos en un ejército que podía ganar batallas y guerras». Estados Unidos ha reconocido el papel de nuestros militares. Ha sido distinguido con 70 condecoraciones.

Fuente EP Mundo MSN