Enfrenta 19 años de cárcel por intentar matar a su esposa y amigo

La Audiencia de Zaragoza celebrará el próximo 19 de junio una vista para prorrogar la prisión provisional de Inocencio Lázaro Longares, ya que ese mismo día se cumplen dos años de su detención y posterior ingreso en prisión provisional por el acuchillamiento e intento de asesinato de su mujer y del amigo que se encontraba con ella en uno de los chalés de la Urbanización de la Fuente de la Junquera.

El tribunal todavía no ha fijado la fecha para el juicio, que se celebrará ante un tribunal profesional y no ante un jurado por no haberse consumado los crímenes. Pero todo apunta a que el encausado podría sentarse en el banquillo después del verano, ya que la Fiscalía acaba de presentar su escrito de acusación, en el que solicita penas que suman 19 años de cárcel para el agresor.

El ministerio público considera que Inocencio Lázaro tenía un plan preconcebido para acabar con la vida de Ana Isabel A. G., con la que había estado 19 años casado y tenía dos hijos en común. La pareja estaba en trámites de divorcio y un mes antes del intento de asesinato el agresor se había marchado de la vivienda familiar para instalarse en un piso-oficina de su propiedad. Pero como todavía conservaba el mando a distancia del garaje del chalé de La Fuente de la Junquera, el acusado se presentó a las cuatro de la madrugada allí y atacó a su ex y al amigo de esta, Alfonso J. P., con un cuchillo.

Cuando acudió al lugar de los hechos, el agresor era plenamente consciente de que ninguno de sus dos hijos estaba en la vivienda.

Lo que también tenía claro, según la Fiscalía, es que las víctimas habían regresado de cenar y estaban durmiendo. Esto último lo supo porque aquella noche Inocencio Lázaro mantuvo tres conversaciones telefónicas con Raúl M. M., conserje de la urbanización y con el que mantenía una relación de confianza.

Según las pesquisas de la Policía, la primera comunicación se produjo a la 23.30, cuando el agresor preguntó al portero por su exesposa y este fue a comprobar si estaba en el bar de la urbanización con su amigo.

La segunda llamada fue a las 3.13, hora en que la pareja salió del restaurante Ojo del Canal (antiguo Neguri) camino de casa. En la tercera conversación, poco después, el empleado contó a Inocencio Lázaro que ambos estaban ya en el chalé y habían apagado las luces.

El vigilante no será juzgado

El sospechoso comportamiento del vigilante hizo que el Grupo de Homicidios de la Policía acabara deteniéndolo como cómplice de la doble tentativa de asesinato. Sin embargo, este no se sentará al final en el banquillo de los acusados, ya que tanto el juez instructor como la Audiencia de Zaragoza llegaron a la conclusión de que Raúl M. M. nunca pudo imaginarse que lo que pretendía su interlocutor era acabar con la vida de su exesposa y su acompañante.

Para los abogados Javier Notivoli y Antonio Jorge Torrús, que representan a las víctimas, aquel cruce de llamadas evidencia una supuesta complicidad entre el agresor y el empleado. De ahí que intentaran hasta el último momento que fuera procesado. Sin embargo, tal y como solicitaba la defensa del portero, a cargo del letrado Javier Osés, este fue finalmente exonerado.

“La complicidad requiere necesariamente del concierto previo o por adhesión, la voluntad de participar, contribuyendo a la consecución del acto conocidamente ilícito”, explicaba la jueza en un auto fechado el 17 de febrero de 2017. Respecto a la cooperación, opción también planteada por las acusaciones, la magistrada reconoció que Raúl M. M. informó al agresor de los movimientos de la víctima. “Pero no consta la voluntad del conserje de participar en la ejecución del asesinato”, apuntaba. Argumentos, todos ellos, ratificados hace solo unos días por la Audiencia.

La mujer estaba atemorizada

Como recuerda la Fiscalía en su escrito de acusación, Ana Isabel A. G., tenía verdadero miedo al padre de sus hijos. Al parecer, este no había encajado bien el divorcio y no dejaba de enviarle mensajes. “En el transcurso de la cena –horas antes del ataque–, la mujer no cesó de recibir llamadas y mensajes de Whatsapp del procesado, a los que ella en ningún momento respondió para evitar discusiones y conflictos con él”, dice la acusación pública en su escrito. Pero lo cierto es que aquella insistencia incrementó aún más el miedo que la víctima tenía a su ex, razón por la cual Alfonso J. C. se ofreció a pasar la noche en ella.

Pero poco importó al encausado que su exesposa tuviera aquella noche compañía, puesto que tras colarse por el garaje y coger el cuchillo, subió a la primera planta, entró en el dormitorio y acuchilló a ambos. El penalista Enrique Trebolle, que defiende al acusado, solicitó su puesta en libertad provisional alegando que había reconocido los hechos y depositado 50.000 € para cubrir las futuras indemnizaciones. Pero el tribunal se negó a conceder la medida y sigue preso en Zuera esperando el juicio.

Fuente EP Mundo Heraldo