Las horas cruciales ; Por Andrés Cañizales

Si entendemos la gravedad del momento que vive el país ya tenemos un punto de coincidencia. Hace algunos días decíamos que en esta oportunidad sí es verdad que nos jugamos a Rosalinda. En tal coyuntura, de horas cruciales para nuestra vida como sociedad, creo que emergen algunos mandatos para la ciudadanía.

Debo, una vez más, hacer una necesaria aclaratoria. No tengo ninguna relación o interés con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Esto lo digo porque mi punto de partida es asumir un voto de confianza con el liderazgo opositor. Conozco en persona a líderes como Henrique Capriles, a voces jóvenes que ahora tienen mucha resonancia como Freddy Guevara y David Smolansky, y he manifestado en público mi reconocimiento a Miguel Pizarro, con quien no he tenido mayor contacto personal.

A estos rostros de la oposición venezolana los he visto curtirse con el paso de los años. Como cualquier ser humano no son infalibles. Doy fe de ellos y de muchos otros por su compromiso democrático. No son personas que a estas alturas, con una dictadura viviendo su etapa final, vayan a venderse al régimen.

Es importante, además, recalcar algunos principios de la política. Trazar un objetivo, definir una estrategia y ejecutar unas acciones no son garantía automática de éxito. La frase “y los rusos también juegan”, a propósito de las tensiones entre Washington y Moscú (de décadas atrás), ejemplifica que el otro también tiene objetivos, estrategias y acciones. Eso es un asunto que no podemos perder de vista.

En un momento crucial, como el que vivimos, es un período para mantenerse unificado tanto en el objetivo, en la estrategia y las acciones. Desde mi punto de vista, no son días para seguir y hacerse eco de llamados de espontáneos. Darle crédito, por ejemplo, a las convocatorias unilaterales de un nuevo mesías (el policía cuyo acto más destacado ha sido pilotar un helicóptero) es un síntoma que no habla muy bien de nosotros, sí asumimos que esta crisis precisamente la incubó otro mesías en funciones de gobierno.

Insisto en otro asunto que está en el imaginario del venezolano. Se trata de aquella idea de que el dictador saldrá en un avión a otro país, en cuestión de un instante. Esa es tal vez la imagen del 23 de enero de 1958, pero aquello no tiene que ver con el momento en que vivimos, con el aquí y ahora de Venezuela.

El madurismo hoy concentra el poder de las armas y tiene el control del Tribunal Supremo de Justicia (y por ende del sistema judicial), Nicolás Maduro ha devenido en un dictador sin duda. Pero quienes han cooptado el poder también lo han usado para enriquecerse de forma salvaje ellos y sus familias (un ministro que no parece el más corrupto tiene 42 millones de dólares en Suiza).

Por si todo esto no fuese poco, en nuestro país se ha establecido un narco-Estado. Otro asunto que forma parte de este ovillo del poder en Venezuela es la presencia de Cuba, con miles de agentes de seguridad de la isla como recientemente denunciara el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

Creo que estamos a las puertas de un cambio, y eso se ha logrado con la lucha democrática en las calles, sin duda. Pero no son producto de acciones individuales de chamos que cierran una calle y aíslan a sus vecinos, eso no tiene impacto político alguno. Las protestas multitudinarias durante más de tres meses, la votación masiva del 16J y la paralización tan elocuente de este 20J, sí han sumado para llevarnos a este punto.

Personalmente creo que todos nosotros debemos tener un aprendizaje como sociedad, en estas horas cruciales. Debe producirse una negociación política para terminar de acordar la salida ordenada y pacífica de la cúpula madurista. Que el diálogo de fines de 2016 haya sido un fracaso, justamente nos coloca en un plano distinto: la negociación.

Son horas cruciales y no podemos errar.

Fuente EP Mundo Andrés Cañizales