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Lo meten preso como terrorista incendiario por asar un chorizo

Hacia el mediodía del 15 de octubre, cuando los incendios empezaban a ponerse feos en Galicia, a Miguel M. no se le ocurrió mejor idea que quemar unos rastrojos en una finca familiar de Os Blancos (Ourense) para asar un chorizo.

El fuego se le descontroló y se extendió una hectárea en un día, el de la aciaga ola de fuego, en el que ardieron 49.200. Tres días después, la Guardia Civil se lo llevaba a comisaría y la jueza de primera instancia lo enviaba a la prisión de Pereiro de Aguiar, para convertirse en el primer detenido tras aquel espantoso domingo en el que parecía que iba a arder Galicia entera. Casi 40 días ha tardado Miguel en recobrar la libertad.

Ha salido libre después de que se desataran las protestas de colectivos que, más que culpable, lo consideran víctima de la sed de justicia de una sociedad furiosa.

La Audiencia provincial de Ourense decretó esta misma semana la puesta en libertad del detenido con una fianza de 2.500 euros, muy inferior a los 20.000 que solicitaba la Fiscalía, y enmendando a la jueza de Xinzo de Limia que se negó a facilitar su salida de la cárcel por la gravedad del supuesto delito y por el riesgo de reincidencia. El auto pone fin a una situación que provocó la indignación de organizaciones y particulares, que no cuestionan la imprudencia de Miguel, pero que rechazan ya no solo que se le pueda considerar “terrorista” sino incluso que el fuego que provocó hubiera sido intencionado. “Se le ha mantenido entre rejas por motivos políticos”, acusa un allegado.

Miguel M. fue detenido cuando las autoridades trataban de justificar sus acusaciones de “terrorismo incendiario”, una expresión que se generalizó el mismo día de la catástrofe para explicar la proliferación de focos con apariencia de intencionados. El propio presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, hizo suya la expresión, al cargar contra los “terroristas incendiarios” que atacaron el territorio gallego. Sin embargo, transcurrido mes y medio, y como cada vez que Galicia ha sido castigada por el fuego, no hay un solo indicio que avale la menor coordinación delictiva, sino más bien la clásica suma de imprudencias, negligencias y prácticas de riesgo en un territorio, el monte gallego, convertido en un polvorín.

Como cada vez que Galicia ha sido castigada por el fuego, no hay un solo indicio que avale la menor coordinación delictiva

Amigos y compañeros de trabajo del detenido fueron los primeros en alertar de su difícil encaje como presunto terrorista incendiario. Desde luego, su comportamiento no fue ejemplar y pudo provocar una desgracia mucho mayor, pero ni su perfil parece el del miembro de ninguna organización clandestina ni el incendio que causó tiene pinta de intencionado. Tanto Miguel M. como su mujer son funcionarios desde hace décadas, en su caso de un juzgado de instrucción de Vigo, además de militante ecologista. Se le considera una persona “arraigada” en la ciudad en la que trabaja, que ese 15 de octubre quiso preparar unos chorizos después de limpiar una finca de su propiedaden el lugar de Barrucadas, del municipio de Os Blancos, de donde es originaria su mujer.

Es posible que Miguel no pasara por su mejor momento anímico, como ha deslizado alguno de sus amigos, e incluso que su comportamiento cuando se desató el incendio resultara sospechoso, pero como afirma un comunicado emitido por la Federación Ecoloxista Galega, “es una persona conocida y valorada, que a lo largo de los años noventa del pasado siglo activó la lucha social contra el deterioro de la naturaleza en nuestro país”. Una de las organizaciones que forman parte de esa federación es el Movemento Ecoloxista da Limia (MEL), que el detenido contribuyó a crear en 1981.

En el clima de absoluta indignación por los incendios y en plena expansión del concepto de ‘terrorismo incendiario’, el propio ministro del Interior quiso pregonar la detención del vigués a través de su cuenta de Twitter.

“La @guardiacivil ha detenido a un hombre en Vigo por causar presuntamente un incendio por una imprudencia el pasado domingo en Os Blancos”, escribió Juan Ignacio Zoido. Otros, como el alcalde de esa localidad ourensana, salieron en su defensa.

“La verdad es que no era el día más idóneo para asar nada y no deja de ser una imprudencia, pero acabar en la cárcel por esto ha sido una sorpresa para la gente de aquí”, declaró José Manuel Castro.

La Audiencia no apela en su auto a ninguna de las acusaciones veladas que esgrimió Feijóo cuando el detenido llevaba apenas dos semanas en prisión

Las circunstancias de su detención también son objeto de controversia. Cuando recibió en su casa la citación se presentó voluntariamente en el cuartel de la Guardia Civil y, de acuerdo con el testimonio de su familia, los agentes se le echaron literalmente encima en cuanto se identificó ante ellos. Estos, en cambio, sostienen que llegó con actitud violenta. La familia del investigado también asegura que “se empeñó personalmente” en la extinción del fuego, mientras que el auto del juzgado de Xinzo de Limia que determinó su ingreso en prisión relata que mostró “un total desinterés por la propagación del incendio”.

Resalta asimismo el juez que el detenido carecía de autorización para iniciar una quema y el “estado de nerviosismo en el que se encontraba”, así como “su conducta posterior de ocultación y de falta de colaboración con los agentes de la autoridad”. El ingreso en prisión se justificó “teniendo en cuenta la gravedad de la pena”, al calificar los hechos como un incendio forestal en las proximidades de población, y ante el riesgo de “reiteración delictiva”. Los delitos que se le imputan están relacionados con los artículos 352 y 353 del Código Penal, con penas de hasta seis años de prisión.

El auto que decreta la libertad bajo fianza del detenido desmonta la teoría del terrorismo incendiario, una posibilidad que ni siquiera planteó la Fiscalía cuando calificó los hechos. La Audiencia de Ourense destaca que la documentación aportada acredita “una situación de arraigo” del investigado, “como domicilio, familia y trabajo en la ciudad de Vigo”, por lo que el riesgo de posible sustracción a la acción de la Justicia “disminuye”. “Entendemos que no debemos sostener la situación de prisión provisional amparándola en el único criterio de reiteración delictiva, al no disponer de elementos que nos hagan temer que esta se llegue a producir”, expone la sala.

La Audiencia Provincial no apela en su auto a ninguna de las acusaciones veladas que esgrimió Feijóo cuando el detenido llevaba apenas dos semanas en prisión, cuando expresó su “impresión” de que la información aportada por Miguel M. es “incompleta” y que la prisión sin fianza se mantenía “porque había alguna cosa más”.

Fuente EP Mundo El Confidencial
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