Mafias gitanas compran niñas y les encargan trabajitos muy sucios

Las bandas especializadas en el asalto a viviendas tienen durante esta época estival una actividad especialmente intensa, bien en domicilios de segunda residencia (con moradores dentro) o en aquellos habituales durante el año (que se quedan vacíos mientras sus dueños pasan las vacaciones fuera). En los primeros tres meses de 2017, se denunciaron en la región 3.187 casos, a una media de más de 35 al día. No todos estos grupos están conformados por el mismo tipo de nacionalidades ni su «modus operandi» es el mismo.

La Policía Nacional tiene puesto en marcha su Plan contra la Delincuencia Itinerante, especialmente activa en lo que a robos en viviendas se refiere. Hay tres tipos distintos, con origen en la Europa del Este y que amasan millones y millones de euros, hasta construir imperios del crimen que mueven a cientos de personas. Uno de ellos son los llamados grupos clánicos. Suelen trabajar por él método del resbalón, consistente en abrir las puertas introduciendo una lámina de plástico, como una botella de agua, una radiografía o una tarjeta de crédito. Es lo que hacen rumanos, serbocroatas y búlgaros, principalmente. El papel de las mujeres, autoras materiales del delito, es capital en estos casos.

La Policía ha puesto en marcha su plan contra la Delincuencia Itinerante, muy activa en robos con viviendas

En el caso de las mafias serbias de etnia gitana, se dan casos en los que los cabecillas compran a muchachas de 15 o 16 años a las que instruyen y pagan por cada una de ellas hasta 200.000 euros. La excusa es la dote con la que las casan con varones, de modo que entran en la familia y las aseguran de por vida. «Se pierden hijas, pero se ganan nueras», suelen decir.

De todas las mafias serbias que utilizan este método destaca el clan de los Radosavljevic, liderado por el matrimonio Zoran y Veselinca, cuyo apellido da nombre al grupo. Una de sus ladronas más expertas es Valentina, su propia nuera. Tienen bases en las afueras de París y Milán, pero se mueven por bastantes zonas de Europa, con especial incidencia en España. Han llegado a robar solo en Madrid en una vivienda más de 2 millones de euros en joyas. Sus miembros fueron detenidos en mayo de 2015 por los expertos en Delincuencia del Este de la UDEV Central de la Policía Nacional en Miami Playa, en Tarragona.

Tráfico de órganos

Zoran y Veselinca también cayeron, aunque se encuentran en libertad tras ser condenados, a la espera de entrar en prisión, por un delito aún más grave: en las escuchas telefónicas captaron cómo el matrimonio, a través de su chófer marroquí, contactó con un compatriota de este que estaba en apuros económicos para comprarle un riñón por 6.000 euros. El destinatario del trasplante era el hijo de la pareja.

El clan serbio ha llegado a robar hasta 2 millones de euros en una joyería de Madrid. También actúan en Cataluña

Pero, sin duda, son los georgianos los más activos, hasta el punto de que Europol tiene a las bandas de ladrones de pisos de esta nacionalidad catalogadas como las más voraces en todo el arco delincuencial del continente. «Son a los que se les ha pegado los estacazos policiales más tremendos. Ven a España como un país apetecible», destacan un experimentado mando. Estos grupos son los más organizados y su clan más conocido es el de Kutaisi (ciudad de aquel país).
Las células georgianas que entran en domicilios no son más de cuatro personas. No tienen un pasado militar, pero sí que han realizado el servicio militar en su país, lo que les da un mejor adiestramiento. A diferencia de los albaneses, actúan en viviendas de clase media, sin moradores dentro y por la técnica del «bumping» o «ramping» (abren los cilindros de las puertas golpeando una llave con un martillo, separando los pitones de la cerradura y liberando el giro de la llave).

Previamente, han marcado los domicilios. Hasta hace poco utilizaban pequeños cebos de plástico transparente, que colocaban entre la puerta y el marco. Si a los pocos días continuaba allí, la vivienda estaba temporalmente vacía y era objetivo del robo. Ese método de la «siembra» lo han afinado. Ahora colocan testigos en los pisos e incluso dejan imanes en el portal, para no molestarse en abrirlos. Han sustituido el plástico por bolitas de corcho de poliespán que introducen con un alambre en la cerradura.

Ventas en Georgia

En cuanto a los botines que consiguen, el 80% lo venden en España y el restante acaba en Georgia, donde las mafias invierten en ladrillo. Esa mayor cantidad va a lo que denominan la caja común u «obshchak», con la que también costean los abogados a los que son detenidos, precisa un investigador de la Guardia Civil.

El tercer gran grupo lo conforman las células sueltas. Son rumanos y albaneses, principalmente. Estos últimos, a diferencia del resto, son más temerarios, porque entran en viviendas por el método del escalón y perpetran robos silenciosos. Los llamados murcigleros. Actúan en casas de alto nivel adquisitivo y, aprovechando que los moradores duermen con las ventanas abiertas por el calor del verano, se cuelan. En apenas quince minutos o media hora se llevan de todo: joyas, dinero y se están dando casos de que hasta roban los coches de sus víctimas. Su zona de actuación preferida en Madrid es el eje de la A-6 (Las Rozas, Villaviciosa de Odón, Boadilla del Monte…) y la Sierra Norte.

Estos grupos desvalijan una casa en menos de media hora. En Madrid operan en el eje de la A-6 y la Sierra Norte

Los ladrones de viviendas viven por medio mundo, pero acuden a España a hacer temporadas. Pueden estar seis u ocho meses cometiendo fechorías en Madrid, Tarragona, Alicante, Bilbao, y de vuelta a sus lugares de orígenes. Acuden a nuestro país por la llamada de las leyes tan laxas (se catalogan como robos con fuerza). «En los últimos años facilitamos la labor al juez; metemos tres o cuatro robos bien documentados y ya muchos entran en prisión», apunta un investigador de la Benemérita.

En la demarcación de la Guardia Civil en Madrid, los asaltos a viviendas han bajado un 21% en los años más recientes. «Pero cuando se produce un decrecimiento tan notable es porque existe algo ajeno a la labor policial o se han grabado mal los datos en la base, no nos engañemos. Sí que se nota la eficacia policial, pero no se va a conseguir nunca bajar del 50%. Si acaso, un 14% en un año, y eso ya es mucho», añaden nuestras fuentes.

En la zona controlada por la Policía Nacional se habla de casi un 30% de rebaja de estos delitos en el primer semestre de 2017. Lo achacan al plan Domus, puesto en marcha en marzo de 2016, con una merma en términos generales desde esa fecha del 22,4%, muy similar a los objetivos conseguidos por el Instituto Armado.

Fuente EP Mundo ABC