Por un chapuzón casi pierde la vida pero la salvan así

Llegaron y se dieron un primer chapuzón. Carla quiso celebrar su aniversario con sus primas Erika y Margot. Un cumpleaños y buenas notas se convirtieron en un día de hotel en el Sol Melià de Salou y una segunda jornada en Costa Caribe. Tras ese primer chapuzón, las tres niñas se apuntaron a la sesión de baile y luego, derechas de nuevo a la piscina. Todo fue muy rápido.

Estaban nadando cuando Margot se sintió mal. La niña no pudo llegar ni a la pared y empezó a ahogarse. La eficaz reacción del socorrista, veinte minutos de masaje cardiaco y el desfibrilador salvaron a Margot –que tenía una enfermedad de corazón no diagnosticada– de una muerte segura.

“Estaba nadando y empecé a sentirme mal… y ya no me acuerdo”, susurra la niña. La siguiente media hora fue decisiva. El socorrista sacó a Margot de la piscina, la cría ya había tragado agua, pero pudieron sacársela. El socorrista empezó inmediatamente a hacerle masaje con la ayuda de una turista danesa que resultó ser médico. Y así la mantuvieron durante veinte minutos hasta que llegó el desfibrilador automático (DEA). Tras la descarga, la niña remontó. El domingo 2 de julio, Margot volvió a nacer.

Margot, que cumplirá trece años en noviembre, sabe nadar desde los seis. Vive en Torredembarra y cuando va a la playa –que es muy a menudo– o a la piscina es de las que no salen del agua. Pero estuvo a punto de morir ahogada. Y no es un caso aislado. La semana pasada otra niña de diez años sufrió un paro cardiorrespiratorio mientras hacía un curso de natación y falleció cuatro días después en el hospital Sant Pau de Barcelona y el pasado domingo otra niña de cinco años de Vic fue rescatada a punto de ahogarse en la piscina de Roda de Ter y también ingresó en el Sant Pau.

Los padres de Margot, que habían dejado a su hija en el hotel sobre las tres de la tarde con sus dos primas y su tío, estaban en casa cuando recibieron la llamada: “La acaban de reanimar”, les intentó tranquilizar Antonio, el padre de Carla. Cuando Sonia Martínez e Hipòlit Cid llegaron a Salou, la niña ya estaba en la ambulancia. Fueron directos al hospital Joan XXIII de Tarragona, donde le hicieron un electrocardiograma y le detectaron una arritmia. Y de ahí, al hospital Sant Joan de Déu.

A raíz del accidente, los médicos le han diagnosticado una dolencia cardiaca

Un día en la UCI y otro en intermedios y luego todas las pruebas posibles: electrocardiografía, ecografías, analíticas, resonancias… “Primero la doctora nos dijo que Margot había tenido una arritmia y que había sufrido una muerte súbita de la que se había recuperado”, explica el padre. Y luego el diagnóstico: una taquicardia ventricular polimórfica catecolaminérgica (TVPC).

Desde hace seis días, Margot vive con un desfibrilador automático implantable (DAI) junto al corazón. Cada noche, un aparato transmisor que han puesto en la habitación envía todos los datos del desfibrilador a su cardióloga: el número de veces y la hora en que el desfibrilador ha actuado por arritmias, el perfil del ritmo cardiaco, el estado de las baterías… Y en la mesa del comedor de casa de Margot hay un librito con toda la información detallada del DAI. Hipòlit y Sonia se lo han leído ya varias veces.

Desde hace seis días, la niña lleva un dispositivo implantado en el pecho

“Todo es muy reciente y tendremos que acostumbrarnos a la nueva situación… el lunes tenemos que volver al hospital para que le hagan una revisión, pero en principio nos han dicho que la niña podrá hacer una vida bastante normal”, explican los padres. Margot está tranquila, pero todavía no se atreve a tocarse la cicatriz que le ha dejado en el pecho el DAI (se lo implantaron el pasado jueves). Eso sí, la doctora le ha dicho que, en principio, podrá continuar con sus clases de baile y podrá jugar a pádel. También le ha dado permiso para ir este sábado al concierto de Melendi en Tarragona. “Le regalé las entradas por Navidad y como estaremos sentadas…”, dice Sonia.

Lo que podía haber sido una tragedia en mayúsculas ha servido para diagnosticarle a Margot su enfermedad cardiaca. “Si en lugar de estar en la piscina, hubiera estado durmiendo o en la playa con sus amigos, como cuatro días antes del accidente, o en un lugar sin desfibrilador, no quiero ni pensar qué hubiera pasado”, reflexiona Hipòlit.

El testimonio del padre

“No quiero pensar qué habría pasado en otro sitio… sin socorrista ni el DEA que le salvó la vida”
Margot tuvo dos avisos de su enfermedad con anterioridad. Se desmayó en la playa cuando tenía cinco años, “pero rápidamente volvió en sí”, recuerda su padre. Y hace un par de años tuvo otro desmayo en el colegio.

“Ahí sí que perdió el conocimiento y estuvo casi diez minutos sin visión”, explica Sonia.

Después de aquel episodio, Margot pisó por primera vez las urgencias de un hospital. Fue trasladada al de Santa Tecla en Tarragona y luego a través de la mutua le hicieron un estudio neurológico y del corazón, pero no sirvió para diagnosticar la taquicardia que padece.

En poco más de dos semanas, la vida ha dado un vuelco en casa de los Cid. Pero si las cosas evolucionan bien, como esperan, mantendrán los días de vacaciones que habían previsto en el parque natural de Cabárceno, en Santander, porque a Margot, que quiere ser profesora, le encantan los animales. Y antes tienen otra cita pendiente: “Vamos a volver al hotel para agradecer de nuevo al socorrista todo lo que hizo; en realidad hemos tenido mucha suerte, en el hotel, en la piscina y en el hospital; todo ha ido lo mejor que podía haber ido”, insiste Hipòlit.

Salvados 33 de los 36 menores ahogados en Catalunya desde el 1 de junio

Desde principios de junio hasta ahora el SEM ha atendido 36 casos de menores de 1 a 16 años ahogados en Catalunya. Y 33 de ellos se han recuperado; les consta la muerte de tres. “Hay muchas causas en esos ahogamientos: un golpe, perder pie y no saber nadar, una enfermedad respiratoria o también una dolencia de corazón, aunque apenas el 1% de las paradas cardiacas que vemos son de niños. Pero hay que contar con ellas”, apunta Xavier Escalada, jefe de la unidad de investigación y gestión del SEM. La norma esencial es prevenir, no perder pie, no meterse en el agua tras una comida copiosa y siempre con algún mayor o donde haya socorrista. Pero cuando el accidente ocurre se necesita una respuesta inmediata de quienes están cerca: lo primero es detectar si hay respuesta, “zarandeándole, por ejemplo”, avisar al 061 y maniobrar para que respire, “y mientras, que alguien vaya a por un desfibrilador. En el 061 le dirán el más próximo, aunque algunos están conectados directamente a la central de coordinación sanitaria y ponen en marcha una ambulancia de forma automática”, explica Escalada.

Tenemos que usar los desfibriladores sin miedo. El aparato está preparado para actuar solamente cuando es necesario y no va a provocar ningún daño”.

La extensión de estos dispositivos que pueden utilizar personas invidentes (una voz explica su uso paso a paso) o sordas (indica con luces), de cualquier edad y sin ninguna preparación, está cambiando el tiempo de reacción poco a poco. “Pero el cambio realmente se producirá cuando empiece a dar frutos un programa pionero en las escuelas en el que ya participan 50.000 alumnos”, explica Xavier Escalada. “Saldrán de la ESO con las mates y el inglés y sabiendo iniciar una maniobra de reanimación y usar un desfibrilador con absoluta normalidad. Empezando desde P3 ”. El programa se imparte en el Bages, en el área metropolitana Nord, Girona, Lleida y sur de Tarragona.

Fuente EP Mundo La Vanguardia