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22
Dic

Camino a Belén ; por Luis Barragán

Supimos días atrás de un caso de maltrato a un niño de meses, por un padre despiadado. Lo llevaron de emergencia a un centro médico, porque – al parecer – era cuestión de minutos para el fatal desenlace, si no recibía una rápida atención.

Relato de ascensor, en el edificio de Pajaritos, no pudimos enterarnos sobre la suerte del bebé, pues, las personas que comentaban el caso descendieron dos o tres pisos antes que el nuestro. Todavía estamos impresionados y, aunque conocemos de situaciones semejantes, nos ha golpeado el testimonio de tan inaudito acto de cobardía frente a un inocente tan indefenso.

Atmósfera irrespirable de estos tiempos, la violencia ejercida desde el propio hogar, retroalimentada por la del poder, deviene cultura al aceptarla con resignación. Pretendida fiesta, ya imposible por la consabida catástrofe humanitaria del país, creyentes o no, el período navideño es ocasión propicia para una reflexión profunda en torno a los principios y valores necesarios de recobrar en los hogares tan vapuleados por las circunstancias, dándole sentido, cauce y eficacia a nuestras demandas políticas de cambio real e inminente.

Ante todo, se trata de un compromiso personal capaz de extenderse en y con el otro y los otros para confiarnos del porvenir que vamos construyendo, aún asediados por el régimen. Mal haríamos de no aprender de esta trágica, larga y amarga experiencia de veinte años, olvidando sus lecciones; mal haríamos en hacer un hábito de las desgracias ajenas que, tarde o temprano, llegarán a nuestras puertas de no reaccionar con suficiente fuerza espiritual.

Camino a Belén, quisiera saber del renacimiento del niño golpeado que sonríe en el pesebre. Y de nuestra concurrencia y participación en la Buena Noticia, salvando al país al salvarnos a nosotros mismos, superando el tremedal.