¡Desapareció sin dejar rastro! Madre busca a su hijo desde hace 17 años

Se fue el Día de las Madres que en el Salvador se celebra el 11 de mayo.

William Gustavo Pérez Ventura llegó a la casa de su mamá y le entregó un regalo. “Yo le aviso cuando esté en México”, dijo para consolarla.

Al día siguiente emprendió camino a Estados Unidos con la idea de reunirse en Houston, Texas, con sus hermanos. Nunca apareció.

Era 2001. Desde ese día, Josefina Isabel Ventura no sabe el destino de su hijo, extraviado en algún lugar del territorio mexicano.

“Me dieron una pista de que lo vieron en Villahermosa (Tabasco) y que ya se hizo de otro hogar”, cuenta a BBC Mundo.

En casi dos décadas es la única noticia que tiene de William, ahora de 48 años de edad. Pero Josefina no deja de buscarlo.

Cada año se une a la “Caravana de madres de migrantes desaparecidos”, que busca en México a miles de centroamericanos extraviados en el camino a Estados Unidos.

En la edición de este año, que concluyó el 18 de diciembre, recorrió 4.000 kilómetros del país, visitó prisiones y se reunió con activistas que apoyan a centroamericanos. En 13 años de peregrinar han concretado decenas de reencuentros, algunos incluso de personas que tenían décadas sin comunicarse con la familia.

Es la esperanza de Josefina, la que más veces ha realizado el viaje de todo el grupo.

“Lo voy a buscar hasta que Dios me de fuerza, hasta donde me dé la vida”, dice. “Mientras Dios me preste vida, voy a seguir viniendo”.

Son miles

La desaparición de migrantes centroamericanos en México es uno de los problemas más serios de la región. Pero no se sabe el número exacto de víctimas, aunque organizaciones como el Movimiento Migrante Mesoamericano afirma que son más de 70.000.

La mayoría, presumen, se extraviaron en México, pero también existe la posibilidad de que otros hayan logrado llegar a Estados Unidos. En la última década solo 260 han sido localizados.

Del resto prácticamente nada se sabe porque no existen registros institucionales de ellos.

Casi todos se mueven por el territorio mexicano de forma clandestina para evitar ser capturados por el Instituto Nacional de Migración (INM). Es decir utilizan brechas, abordan los trenes de carga o viajan en autobuses que utilizan carreteras locales. En muchos casos el único punto de contacto con ellos es en los albergues a donde llegan a descansar y, ocasionalmente, en hospitales donde se reponen de heridas o alguna enfermedad.

Es un viaje peligroso. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) documentó que cada año se cometen unos 20.000 secuestros masivos de migrantes.

El dato corresponde a un estudio realizado en 2010. No se ha actualizado aunque según organizaciones civiles los plagios no se han detenido.

“No pienso mal de él”

Pero no todos los casos se vinculan a la violencia. En las caravanas de madres se han localizado a personas que perdieron el contacto con su familia cuando cambió de dirección, por ejemplo. Otros fueron detenidos y permanecían en prisiones aunque algunos prefirieron no volver a comunicarse o establecieron una nueva familia.

Es lo que Josefina quiere creer. Cuando William emigró de El Salvador vivía con su esposa y dos hijas, a las que su abuela ve poco.

La idea de que en México estableció a otra familia es una de las explicaciones que encuentra para el silencio de 17 años.

“No pienso mal de él, tal vez en aquel tiempo no se pudo comunicar porque la tecnología no estaba tan adelantada como ahora”, dice.

“También es seguro que perdió el número de teléfono, no sé si ya hizo hogar aquí como pasa con muchos y tal vez por eso no quiere regresar, por eso no se comunica, por los otros hijos y por la esposa”, dice.

“Tal vez tiene pena conmigo o temor de que le voy a decir algo pero no, lo que quiero es saber si está vivo y que él siga su vida”.

Mientras, permanece en El Salvador, donde vive sola pues sus otros dos hijos se encuentran en Estados Unidos. Los ve poco.

Durante casi todo el año prepara la siguiente caravana en la que participará.

Es, dice, una forma de alejarse del dolor por la ausencia de su hijo, como hacen otras madres centroamericanas que comparten su infierno.

“Es un dolor muy fuerte, los hijos te duelen. Y más cuando no están contigo”.

Fuente EP Mundo BBC
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