Destapan la espeluznante verdad de un centro de acogida

William James Lamson nació con un tipo devastador de autismo que lo llevaba a golpearse con una furia obsesiva. Con el tiempo, el daño que Lamson se infligió fue tan severo que se quedó ciego del ojo derecho.

A los cuidadores del Centro Educativo Carlton Palms (CPEC, por su sigla en inglés) se les dijo que le mantuvieran puesto un casco como los de fútbol para protegerlo de los golpes. Pero no había nadie que protegiera a Lamson de sus cuidadores.

Cuando el 1 de marzo llamaron a la Policía de Mount Dora para investigar la muerte de Lamson, se les dijo a los agentes que el joven de 26 años “se autoagredía y que constantemente se estaba golpeando la cabeza”. Las autoridades llegaron a creer que los demonios neurológicos de Lamson finalmente habían ganado la batalla que libraba en su cerebro.

Pero un informe de la Policía dejó suficientes motivos para el escepticismo: los investigadores “no observaron sangre en su habitación”, dijo el informe. Tampoco vieron “ninguna lesión obvia”.

La muerte de Lamson ahora está bajo una investigación por homicidio involuntario. Y fuentes que conocen el caso dicen que el joven, llamado “Willie” por su familia, murió de asfixia, no de traumas en la cabeza.

“Creíamos que era un lugar que se ocuparía de Willie, y estábamos agradecidos. Era la única instalación autorizada para proporcionar el nivel de atención que necesitan estas personas”, dijo David Lamson-Keene, tío de Lamson, al referirse a la institución ubicada en el condado Lake, donde Lamson murió. “Pero hubo tantos resultados horribles, y esos son solo los que conocemos”.

La Oficina del Fiscal del Estado, que está considerando encausar a los cuidadores por la muerte de Lamson, no ha divulgado documentos con detalles sobre el caso, incluidos los hallazgos de la autopsia, porque se trata de una investigación en curso, dijo un vocero.

El hermano menor de Lamson-Keene, James “Jamie” Lamson, está luchando para encarar la inexplicable muerte de su hijo:

“Su angustia y dolor son tan profundos que aún no ha podido abrir las tarjetas de condolencias”, dijo Lamson-Keene, de 57 años, que vive en Richmond, Virginia. “Hablábamos una vez al día. Ahora me llama cuatro veces al día”.

“Es devastador imaginar lo que estaba pasando”, dijo Lamson-Keene. Un portavoz de Bellwether Behavioral Health, que opera Carlton Palms, se negó a hablar sobre la muerte de Lamson, o sobre el largo historial de abusos y negligencias con los residentes.

Pero en una carta el miércoles a la directora de la Agencia para Personas con Discapacidades de Florida (APD), Barbara Palmer, el CEO Michael J. Martin dijo que Carlton Palms estaba “firmemente comprometido a mantener la salud y la seguridad de sus residentes”.

“Quiero declarar categóricamente que CPEC nunca ha abandonado y nunca abandonará su compromiso de mantener la seguridad y el bienestar de los residentes de CPEC”.

“Rechazamos enérgicamente cualquier caracterización de las acciones pasadas o que se estén considerando de CPEC como un abandono de sus residentes”, agregó, al parecer en referencia a la decisión de Bellwether de irse de Florida antes de fin de mes.

El jueves, el Miami Herald informó que los operadores de Carlton Palms anunciaron planes para abandonar el estado y los líderes estatales están buscando hacerse cargo de la administración del lugar.

La Agencia para Personas con Discapacidades de Florida acudió a los tribunales para buscar lo que se llama una “administración judicial”, es decir, el nombramiento de un nuevo equipo que supervise el hogar.

En una carta a Martin en agosto pasado, Palmer describió 14 “infracciones graves que ponen en peligro la salud y la seguridad de las personas que atendemos conjuntamente”. Los incidentes “provocan o representan una amenaza inmediata de muerte o daño grave a la salud, seguridad o bienestar de un residente y… requieren correcciones inmediatas”, agregó.

“Lo tenían escondido”

Lamson fue diagnosticado como un niño con autismo severo, un trastorno neurológico que se cree que afecta a uno de cada 60 niños. Era capaz de realizar unas pocas tareas rutinarias, como cambiar un rollo de papel higiénico o lavar los platos. No podía decirles a los cuidadores ni a su familia que lo maltrataban, aunque se sabe que decía: “Papá, vamos a tomar helado”.

El chico, amante de los dulces, le gustaba mucho el pastel de calabaza, los panecillos suizos, los Pop-Tarts y las golosinas de chocolate y mantequilla de maní de la marca Reese. La gente lo llamaba “Buddy”.

Con sus hermosos y exuberantes jardines en medio de las colinas del pintoresco Mount Dora, Carlton Palms parecía como una casa donde Lamson estaría a salvo y bien cuidado, dijo Lamson-Keene. Y si algo siniestro ocurría tras las puertas cerradas, era improbable que Jamie Lamson lo pudiera captar en sus visitas semanales, dijo su hermano. Nunca se le permitió entrar a la habitación de su hijo. Todas las visitas estaban limitadas a las áreas comunes.

“Lo tenían escondido”, dijo David Lamson-Keene. “Crearon un entorno artificial [que parecía decir] ‘¿no es hermoso cómo lo cuidamos?'”.

Cuando la familia Lamson fue notificada de la muerte de Willie, se sorprendieron al enterarse de la historia de Carlton Palms.

Casa de los horrores

En el 2013, fue allí donde una chica de 14 años de Broward que no podía hablar, Paige Elizabeth Lunsford, sucumbió por deshidratación días después de llegar a su nuevo hogar. Los registros muestran que Paige estaba gravemente enferma y que había pasado días vomitando violentamente.

Pero en lugar de buscar atención médica, los trabajadores le ataron las muñecas, los tobillos, los brazos y la cintura para evitar que se agitara. Lunsford murió de una infección grave, pero tratable. En 1997, Jon Henley, de 14 años, fue hallado muerto en su cama con niveles inadecuados de medicamento anticonvulsivo en su cuerpo, una medicina que el personal del lugar estaba a cargo de administrar.

Pero el suceso más reciente en esa instalación es lo que ha llevado a los funcionarios estatales a entablar una luchar para cerrarla.

Mientras defensores de los discapacitados y la gerencia de Carlton Palms intercambiaban candentes cartas, Bellwether anunció que abandonaría Florida y decidió no renovar su licencia, que vence el 31 de mayo.

En una queja administrativa de 17 páginas presentada el mes pasado, APD intentó revocar la licencia de Carlton Palms, con una lista de horrores que ocurrieron en los últimos años, incluyendo violaciones, ratas e intensas quemaduras.

Un hombre fue violado por un depredador sexual ya conocido que se suponía debía estar bajo supervisión constante. La supuesta violación de otro residente fue presenciada por un empleado que decidió no hacer nada, según la denuncia. Un residente sufrió quemaduras en la cabeza, el hombro, la espalda y el codo cuando un cuidador aparentemente roció al residente con agua hirviendo que había calentado en un microondas.

Relatos de horror

En su carta en agosto pasado, Palmer describió un incidente ocurrido el 9 de junio del 2017 en el que un residente fue “ridiculizado y humillado”, y luego encerrado en una ducha desnudo durante cuatro horas. Dentro de la ducha, los testigos escucharon ruidos de bofetadas, “sonidos de golpes y gritos [del residente]”, indica la carta.

Al parecer, un trabajador arrastró por el piso a un residente por los brazos por unos 10 o 12 pies en abril del 2017. A otro lo agarraron por la sudadera, lo tiraron al suelo y lo patearon. Otro, que quedó sin supervisar durante siete minutos, se arrancó unas grapas de la cabeza con una percha de plástico, según la APD.

Un residente oriundo de Miami fue acusado recientemente de arrancarle de un mordisco parte de la nariz a otro residente. El agresor fue Antonio Ramos, que ha estado bajo cuidado estatal desde 1997, cuando arrojó a sus hermanos gemelos, Joshua y Jasmin Hernández, de cuatro meses, desde el balcón del sexto piso de su casa en Kendale Lakes mientras su madre dormía. “Tiene la mente de un niño de tres años y medio”, dijo su madre, Olga Hernández.

“No lo quiero de vuelta en Carlton Palms”, dijo Hernández. “No quiero que vuelva allí”.

“Uno de los empleados lo golpeó con una hebilla de cinturón y le arrancó toda la piel de atrás de la pierna”, dijo Hernández. “Otro miembro del personal lo abofeteó. Lo único que hacen es cubrirse unos a otros”.

A principios de este año, una investigación realizada por Disability Rights Florida, un grupo defensor de los discapacitados, arrojó más sombras sobre el lugar, destacando 28 denuncias de abuso o negligencia en los primeros nueve meses del 2016. El informe dijo que las imágenes de vigilancia mostraban a un residente que era abofeteado por un empleado y residentes amarrados a sillas improvisadas de manera inadecuada.

El informe también detalla cómo el personal no pudo explicar por qué un residente tenía un moretón en un ojo, y describió la “reticencia directa” del personal para presentar informes precisos y oportunos cuando los residentes resultaban heridos.

En otro caso, un residente estuvo amarrado por casi cuatro horas a pesar de estar “calmado todo el tiempo”. La ley de Florida prohíbe atar a las personas como castigo.

Dispositivos “medievales”

Un defensor de las personas con discapacidades dijo al Miami Herald que los dispositivos parecían “medievales”.

“Son sillas elevadas; casi como en un pedestal en el medio del salón comunitario. Cuando una persona es inmovilizada, la ponen en la silla de sujeción mientras todos los residentes observan”, dijo Matthew Dietz, abogado de un ex residente que ya fue transferido.

Lamson-Keene dijo que su hermano, que está divorciado de la madre de Willie, está esperando la la mitad de las cenizas de su hijo para dispersarlas y poder superar su dolor. Sin las visitas semanales al Monte Dora para ver a su hijo, su vida ha perdido sentido.

“Eso era principalmente por lo que vivía su padre”, dijo Lamson-Keene. “Ese joven se sintió amado y cuidado por su padre. Era el centro de la vida de su padre, y eso se lo han arrancado con los horrores detrás de las escenas que, lamentablemente, estamos conociendo.

“Me enferma lo que ya sabemos. ¿Qué pasa con lo que aún no conocemos?”.

Fuente EP Mundo El Nuevo Herald
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