Detalles de los ataques en París le helarán la sangre

Las verdades se revelan en medio del miedo de los ciudadanos. Unos ataques de motivación aún confusa –en París y en Lyon–, y un nuevo informe sobre la veloz expansión del radicalismo islámico vuelven a poner en guardia a Francia ante una grave crisis de seguridad y de modelo multicultural.

El acuchillamiento múltiple en una zona de ocio del distrito 19 parisino, en el noreste de la capital, poco antes de las 11 de la noche del domingo, no está siendo oficialmente investigado –de momento– como un acto terrorista, aunque la similitud en el modus operandi con otros ataques de raíz yihadista resulta sospechosa. Un hombre de nacionalidad afgana comenzó a atacar a la gente, en la calle, con un cuchillo de 30 centímetros de hoja y una barra de hierro. Hubo siete heridos, de ellos cuatro graves.

Entre las víctimas, dos británicos y un egipcio. El agresor –al que algunas fuentes identificaron como un toxicómano de la zona, aunque se trata de una información no confirmada– fue reducido por otros transeúntes y por una patrulla policial de barrio. Antes, un hombre que estaba jugando a petanca le lanzó una bola a la cabeza. El afgano se halla hospitalizado y no estaba en condiciones ayer de declarar.

Un afgano acuchilló a siete transeúntes el domingo en el distrito 19 de la capital

La noticia del apuñalamiento en París competía ayer por la mañana, en los informativos de radio y televisión, con las revelaciones de La fábrica del islamismo, el tercer estudio consecutivo, muy exhaustivo –617 páginas–, realizado por el Instituto Montaigne, un prestigioso think-tank, sobre el avance imparable del pensamiento radical entre los musulmanes practicantes, en particular los jóvenes, expuestos a la propaganda masiva que les llega del exterior a través de imanes en las mezquitas y, sobre todo, por medio de mensajes incendiarios en las redes sociales.

Unas horas después, otro suceso provocó sobresalto. Un hombre a bordo de un Mercedes robado logró romper el perímetro de seguridad del aeropuerto de Lyon y penetrar en las pistas.

Antes se le había visto circular en sentido prohibido por las autopistas cercanas. Hubo informaciones poco claras sobre el móvil.

Se habló de un individuo con problemas psiquiátricos.  Algunos testigos dijeron haberle oído gritar que era un enviado de Alá. Más allá de las razones, el incidente mostró la escandalosa vulnerabilidad de una instalación tan sensible como un aeropuerto.

El individuo, antes de ser reducido, pudo acercarse a los aviones que había en las pistas. El tráfico aéreo hubo de interrumpirse o desviarse durante varias horas, con el consiguiente caos entre los pasajeros atrapados en la terminal.

La crónica de ataques sin explicación aparente no acabaría ahí. En el distrito 11 de París, en el este de la ciudad, un hombre fue detenido bajo la sospecha de ser el autor de un ataque con unas tijeras contra un cartero y un transeúnte. Ambas víctimas resultaron heridas en el cuello.

La propaganda radical llega de Arabia Saudí, Egipto y Turquía a millones de seguidores

Se confirme finalmente o no el móvil yihadista en alguna de estas acciones, es obvio que contribuyen a la inquietud. Ha habido ya demasiados antecedentes. Francia está en alerta. El islamismo radical se considera una antesala de la violencia. Eso condiciona los mensajes políticos y la visión de la gente.

A este estado de ánimo contribuyó La fábrica del islamismo, una obra dirigida por uno de los mayores expertos en la materia, Hakim El Karoui, un hombre que asesoró a gobiernos anteriores y también lo hace con el presidente Emmanuel Macron.

El informe hace un análisis pormenorizado del crecimiento de los militantes fundamentalistas, como los de la corriente salafista, en Francia y en otros países europeos, y de quiénes están detrás del agresivo proselitismo. La obra ofrece datos reveladores, como la estimación de que el 28% de los musulmanes franceses son “secesionistas y autoritarios”; es decir, que no aceptan los valores de la República y querrían poder vivir en una sociedad aparte, plenamente impregnada de los ideales y prácticas islámicas.

En Marsella, un 25% de los que acuden a la oración de los viernes van a mezquitas dirigidas por imanes salafistas.

La fábrica del islamismo indaga sobre las razones psicológicas, sociales e históricas que explican el auge del fanatismo, desde la herencia colonial al repliegue identitario de una juventud inadaptada en los suburbios de ciudades francesas, belgas, alemanas o británicas.

Una parte importante del informe es el estudio de la propagación de la ideología radical desde Arabia Saudí, Egipto y Turquía. El impacto de las redes sociales se hace evidente con cifras.

Entre los 15 mayores influencers ideológicos en Twitter a escala mundial hay cinco predicadores de origen saudí que son figuras desconocidas para el público occidental. Mohamed Al Arifi, por ejemplo, cuenta con 21,6 millones de seguidores.

El informe constata que los salafistas y otras tendencias extremas del islam que son impulsadas por el wahabismo saudí o por los partidarios de los Hermanos Musulmanes gozan del monopolio del discurso islámico en internet. Son los amos del relato. La visión moderada de la religión no tiene apenas presencia en la red.

El 28% de los musulmanes franceses son “secesionistas y autoritarios”

Un fenómeno reciente es el activismo turco, de la mano del Gobierno de Erdogan. Ankara quiere influir políticamente, por medio de la religión, en la diáspora de más de 5 millones de turcos que vive en Europa, 500.000 en Francia.

El informe del Instituto Montaigne concluye con la recomendación –una idea insistente de El Karoui– de fomentar un islam francés, tolerante y pacífico, por medio de un ente que organice y financie el culto, incluida la formación y remuneración de imanes. No es nada fácil que se plasme en la patria del laicismo. Otra propuesta es enseñar árabe en las escuelas, para quitar a las mezquitas la posibilidad de ideologizar con la excusa de enseñar el idioma.

Está pendiente, todavía, un gran discurso preanunciado por Macron para abordar la política de Francia hacia el islam, una iniciativa delicada, llena de riesgos, que hasta ahora ha preferido aplazar.

Fuente EP Mundo La Vanguardia
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