El secreto que desencadenó el horrendo crimen de la Guardia Urbana

Ha pasado un año desde que el agente de la Guardia Urbana Pedro Rodríguez fuera asesinado la noche del 1 de mayo del 2017. Por aquel crimen fueron detenidos dos agentes de la policía barcelonesa: Rosa Peral, novia del fallecido, y Albert López, exnovio de la mujer, que aguardan en prisión el fin de la investigación y el inicio del juicio que podría celebrarse a finales de este año o a principios del próximo. La instrucción está a punto de concluir y sólo faltan algunas piezas por encajar aunque quizás nunca llegue a aflorar toda la verdad , salvo que uno de los dos acusados confiese. La gran incógnita es quién fue el ejecutor material del crimen.

Primer aniversario de la muerte de un agente cuyo cadáver fue hallado en el pantano de Foix. La acusación pedirá condenar por asesinato a los dos urbanos

El cadáver de Pedro Rodríguez fue calcinado y el fuego eliminó cualquier pista que permitiera saber con exactitud la causa de su muerte. Sin embargo, las acusaciones –Fiscalía y acusación particular– consideran que esto no puede en ningún caso favorecer a los implicados. No se puede saber la causa de la muerte porque ellos quemaron el cadáver y eliminaron las pruebas. Por eso, la acusación particular aboga por solicitar una condena por asesinato para ambos, una vez se cierre la instrucción.

El juicio está previsto para finales de este año o principios del año que viene
Pedro Rodríguez murió en Cubelles, en la casa que compartía con su novia, en un intervalo de tiempo que va desde las diez de la noche a las diez de la mañana. En la vivienda estaban su novia Rosa Peral, las hijas de ella y, más tarde, apareció Albert López. Las niñas fueron las únicas testigos de lo que sucedió aquel día pero por ley quedan exentas de tener que declarar en contra de su madre. Sin embargo, lo que vieron aquella noche se lo contaron a la actual pareja de su padre, el exmarido de Rosa. La madrastra relató que las niñas vieron a su madre discutir con Pedro y luego observaron cómo esta lo bajaba por las escaleras sosteniéndolo por los hombros hacia la planta baja, donde sería asesinado. El hombre iba medio drogado. Luego, vieron a su madre aparecer llena de sangre.

La autopsia no ha podido precisar a qué hora se produjo el crimen, ni si fue antes o después de las tres de la madrugada, cuando llegó a la casa el otro acusado, Albert López, según indicó el rastro de su teléfono móvil. Esa fue la primera pista que condujo hasta ellos. La otra fue el extraño comportamiento que tuvieron los dos acusados después del crimen. Rosa y Albert, que fueron pareja cuatro años y medio, pasaron juntos las cinco noches posteriores al asesinato, haciendo vida normal como si hubieran retomado la relación que rompieron meses atrás.

Tras el crimen, Albert se convirtió, de nuevo, en “el novio de mamá”, como le contaron las niñas a su madrastra y esta acabó explicando ante la juez.

Acusaciones cruzadas

La señal de los teléfonos móviles de los dos imputados y del fallecido les situaba en el lugar del crimen. De su implicación no hay ninguna duda. Cuando Albert y Rosa fueron detenidos diez días después, los dos acusados finalmente admitieron su participación en los hechos, aunque ambos se culparon el uno al otro. Se limitaron a reconocer que fueron al pantano de Foix, donde el cadáver fue calcinado, pero ninguno de ellos lo mató. Según sus respectivas versiones, fue el otro. La mujer dijo que su exnovio Albert se presentó en la casa aquella noche, encapuchado y con una mochila de la que sobresalía un hacha. Le ordenó que subiera al piso de arriba junto a sus hijas, que cerrara las ventanas y, a partir de ahí, sólo oyó golpes. Cuando bajó, ya no vio a Pedro y le obligó a limpiar con lejía todo el piso de abajo. Según ella, su exnovio, violento y despechado, la amenazó con matar a sus hijas si abría la boca. Ella guardó silencio y nunca denunció a Albert ante la policía a pesar de que en ese tiempo que pasó antes de ser detenida no siempre estuvo acompañada de aquel hombre. Las llamadas entre ambos fueron constantes en los días posteriores al crimen e incluso idearon un plan para culpar al exmarido de Rosa, según los investigadores.

Por su parte, Albert, al ser detenido, aseguró que la madrugada del crimen recibió la llamada de la mujer y le pidió que se desplazara a Cubelles a ayudarla. Aun así, ambos fueron muy cuidadosos de no desvelar cómo fue el asesinato de Pedro. Ninguno de los dos dijo cómo murió.

La eliminación de pruebas

Los dos acusados dedicaron el día después del crimen a preparar una coartada y desviar las sospechas. Pusieron el cadáver de Pedro en el maletero de su propio coche y lo quemaron en una pista forestal en el pantano de Foix. Esa fue la última opción que barajaron, según sospechan los investigadores. Antes, intentaron descuartizar el cuerpo a juzgar por las manchas de sangre que se hallaron en una pared y en el suelo del piso de abajo. Además, ese día un vecino oyó una motosierra. La autopsia concluyó –sin elevar sus conclusiones al nivel de certeza– que Pedro murió estrangulado, por lo que la única razón por la que había sangre en la estancia es porque intentaron trocearlo. Los forenses además indicaron que el cuerpo presentaba las extremidades amputadas si bien lo atribuyeron a la acción del fuego. En el piso de abajo, la policía científica descubrió que la pared en la que hallaron unos minúsculos restos de sangre fue repintada de blanco de forma chapucera para enmascarar las salpicaduras. Luego trasladaron el cuerpo al pantano pero durante el recorrido también llevaban consigo el teléfono móvil de la víctima, sabedores como policías que eran que los Mossos acabaría rastreando la señal.

Condujeron el teléfono de Pedro hasta la casa del exmarido de Rosa, Rubén, para tratar de incriminarle. Quería simular que Pedro había ido a ver al exmarido con quien estaba enemistado y este lo había matado y luego calcinado en el pantano de Foix. La única que conocía dónde vivía su exmarido era Rosa Peral puesto que unas semanas antes había contratado a un detective para hallar la ubicación exacta, en una investigación con la que pretendía buscar trapos sucios de su exmarido y arrebatarle la custodia compartida de las niñas.

Aquel intento de engaño no fructificó puesto que aquella noche el hombre no estaba en casa. Los investigadores además se percataron de las estrategias que utilizaron para desviar la atención. Rosa cogió el teléfono de Pedro cuando ya estaba muerto y se mandó un mensaje a su propio móvil. También obligó a su padre a mentir para que dijera que el día después del crimen vio a Pedro y le saludó. Todo ello con la intención de inducir a los investigadores a pensar que Pedro fue asesinado el día 2 tras enfrentarse a su exmarido y no el día 1.

¿Qué pasó aquella noche?

La principal hipótesis que sostienen los investigadores es que Pedro Rodríguez iba a romper con Rosa esa misma noche después de descubrir una nueva infidelidad. Las niñas le contaron a su madrastra que vieron al hombre recoger sus cosas. Esa fue la discusión definitiva en una relación marcada por una alta dosis de desconfianza. Un mes antes del crimen ya se había producido una riña similar en la que el hombre amenazó con marcharse. La hipótesis principal es que Rosa Peral no pudo soportar un nuevo varapalo sentimental después de la ruptura con su exmarido y acabó con la vida de Pedro Rodríguez. Además, en ese contexto de altibajos en la relación, su exnovio Albert, con quien supuestamente había retomado el contacto, le regaló un anillo de compromiso. “Por si te lo piensas”, le dijo. Rosa, sin embargo, asegura que no tenía ningún motivo para matar a Pedro, que eran felices y que, además, si no hubiera querido estar con él, lo habría dejado.

Otra posibilidad es que Albert quisiera acabar con la vida de Pedro para volver a estar con Rosa. O que los dos lo hubieran planeado. Pero hay otro elemento que comprometería a ambos. En prisión, Rosa le habría confesado a una presa que Albert era capaz de matar por ella, como cuando lo del mantero de Montjuïc”.

Ese era un secreto que ambos guardaban desde hacía años y que Pedro Rodríguez amenazaba con sacar a la luz.

Fue en agosto del 2014, cuando Albert y Rosa patrullaban juntos en la unidad de los fines de semana y en la que murió un mantero al caer por un terraplén. Pedro Rodríguez quiso denunciarlos, que el mantero fue empujado y por eso acabaron con su vida. Esta posibilidad la contó como cierta otra compañera de prisión de Rosa, que apuntó las dos posibles razones que ambos tenían para acabar con la vida de Pedro. Ella, porque quería dejarla; él, porque quería desvelar su secreto mejor guardado.

Con el arresto de los agentes de la Guardia Urbana implicados, y a la vista de su presunta capacidad criminal, los Mossos decidieron revisar el caso. La justicia decidió reabrir la investigación e imputó a los dos implicados por homicidio.

Confidencias en prisión

Las revelaciones que supuestamente hizo Rosa Peral a dos internas cuando estuvo reclusa en Wad-Ras sirvieron para acabar de atar algunos cabos. Según dijeron las presas, Rosa les contó que ella envenenó a Pedro y que Albert, luego, le mató. Esa confesión apuntalaba la tesis de que la víctima fue sedada antes de ser asesinada, lo que indicaría una cierta premeditación. Durante el registro que practicó la policía en el domicilio de la pareja no se encontró el medicamento que tomaba Pedro Rodríguez para tratarse el dolor de espalda que padecía tras ser operado unos meses antes. La prótesis que le habían implantado salió indemne de la quema y gracias a ello su cadáver pudo ser identificado cuando fue hallado completamente calcinado en una pista forestal junto al pantano.

Las revelaciones de aquellas presas también incriminaron a Rosa Peral en otro asunto. Explicaron con preocupación que la mujer estaba obsesionada en buscar la manera desde prisión de contratar a un asesino a sueldo para acabar con la vida de su exmarido, quien no le dejaba ver a sus hijas. Rosa Peral fue imputada por un delito de preparación de homicidio que investiga una juzgado de El Vendrell.

Además, la directora de Wad-ras decidió, en el mes de noviembre pasado, trasladar a Rosa Peral a la prisión de Brians 1 bajo el argumento de que su presencia en el centro penitenciario alteraba el equilibrio de las presas.

Rodeada de conflictos

Rosa Peral se ha visto envuelta en innumerables conflictos antes y después de la muerte de Pedro. Tres días antes del crimen, la mujer tenía que declarar como víctima en el juicio de la pornovenganza, en el que estaba acusado Óscar S., un antiguo novio y subinspector de la Guardia Urbana que se enfrentaba a tres años de prisión por difundir en internet una fotografía sexual de ambos. Con la mujer ya detenida por el homicidio de su novio, el alto mando de la Urbana fue absuelto por falta de pruebas.

Su implicación en el crimen de su novio y la falta de credibilidad tuvieron mucho que ver en el sentido exculpatorio de la sentencia.

Fuente EP Mundo La Vanguardia
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