Fuerza Lula; por Rafael Ramírez

Es la consigna de los pobres en América Latina. Se ha consumado contra el Presidente Lula Da Silva de Brasil, uno de los actos más ruines de persecución política en nuestra atribulada tierra. Lula, como lo conoce todo el Pueblo, ha sido enviado a la cárcel por la oligarquía brasileña, luego de años de una operación de desprestigio, persecución y hostigamiento político-legal, en lo que se conoce ahora como el “Lawfare”, o “judicialización de la política”, el nuevo instrumento utilizado por las oligarquías, los reformistas y traidores, para eliminar o encarcelar a los dirigentes políticos revolucionarios o populares en nuestra región.

Lula da Silva, uno de los dirigentes revolucionarios más emblemático de Suramérica y más prestigioso a nivel mundial, carismático, humilde, conocido y querido por su pueblo, resume en sí mismo el sentir Latinoamericano. Fue trabajador metalúrgico de los grandes complejos industriales de Sao Paulo, Brasil, líder de las huelgas de los obreros metalúrgicos que hicieron tambalear a la dictadura de entonces, dirigente político, socialista, creador del Partido de los Trabajadores (PT). Varias veces fue candidato a la Presidencia, hasta que resultó electo y re electo Presidente del Brasil entre 2002-2010. Su gobierno se caracterizó por una batalla frontal contra la pobreza y la exclusión en su tierra, llegando a lograr que 30 millones de brasileños salieran de la pobreza. Durante su período de gobierno, el Brasil experimentó un sostenido crecimiento económico que triplicó el Producto Interno Bruto per cápita del país, convirtiéndolo en una potencia económica a nivel mundial. Condujo a su país, a la formación de la UNASUR y la revitalización del MERCOSUR.

Dejó la Presidencia con más del 80% de popularidad, y fue sucedido en el cargo por la Presidenta Dilma Rousseff, ex guerrillera, ex presa política de la dictadura, torturada y encarcelada por tres años, economista, ex ministra de energía, jefa de Gabinete del gobierno de Lula, militante del PT y primera mujer que asumió la Presidencia de Brasil, ocupó su cargo entre 2011 al 2016. Dilma, como la conoce su pueblo, no pudo culminar su segundo mandato; fue derrocada en un golpe de Estado parlamentario, promovido por su propio Vicepresidente y actual Presidente del Brasil, Michel Temer. El argumento utilizado para el golpe fue el de la “corrupción”, a pesar de que ella misma encabezó una campaña en contra de este flagelo.

La decisión del Sistema Judicial Brasileño, de encarcelar por doce años a Lula, acusándolo de “corrupción pasiva”, negándole la posibilidad de defenderse de las acusaciones en libertad, para participar en las próximas elecciones en las que tiene un amplio apoyo popular para ganar, vino antecedida de una feroz campaña de desprestigio y linchamiento moral de la figura del ex Presidente, a través de las grandes corporaciones mediáticas de su país y de la región y de las redes sociales, manipuladas y orientadas a crear la matriz y las condiciones para agredir al dirigente popular. A Lula se le acusa de “corrupción”, una de las matrices más extendidas y genéricas con las que ahora se ataca y desprestigia a los contendores políticos, sobre todo a los dirigentes revolucionarios.

Lo anterior, ha sucedido en Brasil contra Lula y Dilma, justificando con ello la prisión de Lula y el Golpe de Estado contra Dilma; en Argentina contra Cristina Kirchner, ex Presidenta de la República entre 2007 y el 2015 y la Presidenta de “Las Madres de la Plaza de Mayo” Hebe de Bodafini, ambas con causas y acusaciones judiciales; en Ecuador contra el ex Presidente Rafael Correa y el Vicepresidente Jorge Glas, este último en prisión; y en Venezuela contra nosotros, ex ministros y altos funcionarios del gobierno del Presidente Chávez, donde un fiscal de ocasión, hace el triste papel de perseguidor de revolucionarios, en conjunción de propósitos con la extrema derecha de nuestro país.

En Brasil, la decisión del Tribunal Supremo fue acompañada de un “ultimátum”, una advertencia clara y abierta de varios generales del Ejército Brasileño, que amenazaban con un Golpe de Estado (otro), si Lula era favorecido por la Justicia, además del odio, tanto odio, de las élites económicas y políticas que a gritos piden la “vendetta” contra el dirigente popular, que se empeñó en hacer programas sociales y una política externa soberana, pero sin cambiar el sistema. Sistema que ahora lo devora.

He tenido la suerte y ventaja de haber trabajado estrechamente con todos ellos: con el Presidente Lula y la Presidenta Dilma; con el Presidente Néstor Kirchner y la Presidenta Cristina Kirchner; con El Presidente Correa y su ministro Jorge Glas. A todos los conocí y trabajé con ellos cuando, siendo Ministro de Petróleo del Presidente Chávez y Presidente de PDVSA por doce años, recorrimos incansablemente nuestra región, estableciendo, creando y construyendo toda clase de acuerdos y proyectos; abriendo espacios para nuestro país, para la solidaridad y la unión; fortaleciendo nuestro proyecto Bolivariano, que contempla, como uno de sus elementos más importantes, la integrsación de nuestros pueblos, para poder hacer frente a los grandes centros de poder del capitalismo mundial y avanzar con un proyecto, progresista, propio, con sus diferencias, pero el objetivo común de preservar y defender nuestros recursos y las posibilidades de desarrollo con justicia social.

Pude conocer y trabajar con el Presidente Lula junto al Presidente Chávez. Él sabía que el Golpe de Estado de abril del 2002, el Sabotaje Petrolero, Plaza Altamira y toda la desestabilización de ese año, era un intento de derrocarlo antes de que Lula llegara al Poder en Brasil, que ganara las elecciones; impedir que se fuera conformando ese poderoso eje en Suramérica, para mantener aislado al Comandante Chávez, a la Revolución Bolivariana y evitar que el ejemplo venezolano se expandiera por toda la región. Fracasaron en su vano intento de detener a Chávez, impedir que él llevara su voz y ejemplo a todos los países de la Región: Suramérica, Centroamérica y el Caribe.

A partir de allí, comenzó a consolidarse un eje revolucionario en la región, nuestra Revolución Bolivariana y el Comandante Chávez, se convirtió en un ejemplo y una posibilidad concreta de liberación, de profundas transformaciones políticas, económicas y sociales. Latinoamérica, la Patria Grande, se volvía expresar, renaciendo con nuevos liderazgos.

Es por eso que nuestro país ha estado siempre en el ojo del huracán, no sólo porque poseemos las reservas más grandes de Petróleo del mundo, como logramos certificar en el 2007, sino porque Chávez era el ejemplo, la voz y el grito de rebelión desde América latina, desde la cuna de Bolívar, a todos los pueblos pobres y oprimidos: un mundo mejor es posible, un sistema alternativo al capitalismo depredador, explotador, egoísta, devorador del ser humano, destructor de la vida en el planeta, es posible.

Así es que, allí estuvimos, aquel primero de enero de 2003, en la toma de posesión del Presidente Lula; toda Brasilia colmada de pueblo, banderas del PT y de Brasil, ante la mayoría de jefes de Estado de la Región; escuchamos el discurso de “hambre cero” del Presidente Lula e, inmediatamente después de los actos protocolares, comenzó el trabajo y se fijaron las reuniones entre los equipos.

Tuvimos que volver casi de inmediato, pues en nuestro país estábamos en pleno combate contra el Sabotaje Petrolero; la “meritocracia” de la vieja PDVSA había ya desplegado todo su odio contra el país, y habían paralizado a la empresa, ¡sólo producíamos 23.000 barriles día de petróleo!; luego, ya en control de las operaciones, la Nueva PDVSA, nosotros juntos, los trabajadores y soldados patriotas, levantamos para el mes de abril-marzo nuestra producción, a los tres millones de barriles día.

Eran momentos de ofensiva popular, de la creación de la Nueva PDVSA, por eso me dá tanta indignación y tristeza que hoy día, a quince años de todos aquellos sacrificios, batallas y esfuerzos, de tanto trabajo; nuestra querida Nueva PDVSA, está destrozada en manos del madurismo irresponsable, buscando “conspiraciones”, donde lo que hay es incapacidad, deshonestidad e intereses mezquinos. Hoy nuestra producción de petróleo, a duras penas llega al millón doscientos mil barriles día y; a los instigadores del odio y la división de nuestros obreros, a los perseguidores, no se les ocurre nada mejor que hablar de una supuesta “conspiración” de los “ramiristas” para tumbar la producción, para colapsar PDVSA. ¡Insensatos y miserables! Menos mal los trabajadores petroleros nos conocen, también a nuestro ejemplo y a nuestro discurso, hemos dicho que ¡jamás atentaremos contra el corazón de nuestra patria! Para sacar al madurismo del poder y retomar el legado del Comandante Chávez, no tenemos que destrozar a nuestra querida empresa; al contrario, hay que fortalecerla, porque lo único que salvará a la Revolución Bolivariana, es la Política Petrolera del Comandante Chávez: La Plena Soberanía Petrolera.

Todos los candidatos, con sus matices y poses de ocasión, incluyendo el del partido “ni fu ni fa”, contemplan entregar nuestra industria petrolera, como ya está sucediendo, y por ello la debilitan y destrozan. Las transnacionales tocan a las puertas; ya entraron por las ventanas de contratos que nadie conoce, de leyes entreguistas aprobadas en silencio, sin discusión. Sólo los trabajadores petroleros, en control de nuestra empresa fortalecida y poderosa, podrán mantener los espacios donde se asiente la recuperación de nuestro país, será desde la Nueva PDVSA, de entre sus ruinas, con sus trabajadores, que se inicie la recuperación del legado del Comandante Chávez; dilapidado y traicionado por el madurismo.

Así, habiendo derrotado el Golpe de Estado, el Sabotaje Petrolero, Plaza Altamira y creada la Nueva PDVSA, el Comandante Chávez se desplegó por la región, utilizando al petróleo como un instrumento de liberación de nuestro pueblo; fue el año en que iniciamos las misiones sociales y la ofensiva popular, gracias al control de la renta petrolera, así como, una herramienta para el despliegue internacional y la construcción de nuevos espacios. La Nueva PDVSA era la nave insignia de nuestra Revolución en la Región, luego lo sería en el mundo entero.

El trabajo entre los presidentes Chávez y Lula era intenso en el desarrollo de tantas ideas y proyectos para nuestro país, y tantas discusiones de cómo lograr que el gigante suramericano nos ayudara a un proceso de industrialización y al desarrollo de una economía basada en el trabajo, superando el rentismo petrolero, además de cómo defender a nuestros países de la globalización y la supremacía de las grandes potencias capitalistas del mundo.

Ambos presidentes lograron acercar a nuestros países, como nunca antes había sucedido en nuestra historia, un acercamiento que, por cierto, siempre fue torpedeado y obstaculizado por las élites de ambos, por sus oligarquías: bloquearon nuestra cooperación petrolera, nuestra relación comercial, los proyectos de cooperación, los programas sociales. Los de allá, le tenían terror al mensaje y a la presencia del Comandante Chávez en tierras brasileñas; los de aquí, no querían salir del eje de dependencia con el norte, mantener sus estructuras monopólicas, y les molestaba mucho la presencia en nuestras tierras, de un líder carismático y humilde, como es el Presidente Lula, que apoyaba y quería verdaderamente a nuestro Comandante Chávez y a nuestro Pueblo.

Eran largas sesiones de trabajo y una intensa actividad de intercambios que tuvo sus frutos concretos en un apoyo extraordinario, sobre todo, para diversificar nuestras fuentes de suministro de alimentos, además de, y ésto siempre fue una constante en nuestra cooperación, transferir capacidades a nuestro país, sobre todo en el área agrícola e industrial, para apoyar la diversificación de nuestra economía. Lamentablemente, este esfuerzo no fue continuado y hoy, lamentablemente ambos sectores lucen abandonados y en niveles mínimos de operatividad, lo cual forma parte de los problemas a resolver.

Por otra parte, en este esfuerzo, había la intención manifiesta y la necesidad político-económica de fortalecer un eje estratégico para nuestro país y nuestra región: Caracas-Brasilia-Montevideo-Buenos Aires. Era un eje político poderoso, con economías muy importantes que podrían hacerle frente de conjunto, como lo hicieron con éxito, a los intentos norteamericanos de imponernos un acuerdo económico, el ALCA, que terminaría de sepultar nuestras economías. Este eje, luego se complementaría con el eje Bolivariano, Andino: Caracas-Quito-La Paz, con economías y situaciones más parecidas a las nuestras.

Ésto sólo para hablar de la geopolítica suramericana, sin mencionar al caribe y Centroamérica. Era la UNASUR, la visión geopolítica del Comandante Chávez, abarcadora, nuestra América, que está muy bien reflejada en su obra, sus discursos y que es estratégica para poder avanzar en un modelo distinto al hegemónico.

Ambos Presidentes estrecharon su amistad y entendimiento, a pesar de que las campañas y manipulaciones del enemigo trataban de separarlos, difundiendo todo tipo de “matrices” y comparaciones. Al contrario de lo que esperaba la derecha, ambos Líderes estrecharon su relación y hermandad, expresada en cantidad de gestos políticos y humanos. El Presidente Lula Da Silva fue un gran amigo del Comandante Chávez y es un gran amigo del pueblo venezolano.

Pero lo que está sucediendo al Presidente Lula y al Brasil, tiene muchas lecciones para nosotros.

Las revoluciones pacíficas, siendo el tipo de revoluciones que hemos impulsado, tienen la característica fundamental que se intenta avanzar en profundas transformaciones políticas, económicas y sociales, en sociedades donde es hegemónico el sistema que se quiere superar. Sistemas asentados por décadas, diseñados para que no pase nada realmente y con sus poderosos medios de poder: económicos, políticos e ideológicos intactos.

Así, las fuerzas revolucionarias quedan expuestas a la acción de fuerzas retrogradas, que están listas para dar un zarpazo a la voluntad del pueblo tan pronto tenga oportunidad. Este zarpazo puede ser violento, como lo hicieron en nuestro país con el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, el Sabotaje Petrolero de 2002-2003 o el asesinato del Comandante Chávez; puede ser palaciego o “legal” como han hecho contra el Presidente Lugo en Paraguay, con la Presidenta Dilma o ahora, contra el Presidente Lula. Otra forma, más cruel porque requiere de la traición, son los nuevos acuerdos, pactos o acomodos de una nueva clase político-económica con los factores de poder de la oligarquía; tal es el caso de Ecuador y el de Venezuela.

En cualquier caso, la derecha, los reformistas o los traidores necesitan borrar del corazón de los pueblos o sencillamente aniquilar física o políticamente, a los líderes populares, revolucionarios o sencillamente, a quienes no se plieguen a la traición o a la entrega.

En el pasado se asesinaba y encarcelaba y ya, sin dar explicaciones a nadie. Pinochet, Videla y tantos gorilas hicieron lo que les vino en gana sin muchos argumentos. Stalin asesinó a Trotsky y la noticia se supo muchos años después, cuando ya se había consolidado la infamia contra los Soviéticos.

Ahora, producto de la globalización, del fin de la guerra fría, del anticomunismo, la derecha o los perseguidores necesitan otros instrumentos de manipulación, más sofisticados, nuevos. Surge el “lawfare” o “judicialización de la política”.

Se trata de manipular y controlar al sistema judicial de un país, abusar del ejercicio del poder y de los órganos del Estado, para lograr, por medios legales o judiciales, neutralizar, destruir o encarcelar a un oponente político. El argumento puede ser cualquiera, pero el que se ha utilizado más, el que resulta muy efectivo porque es genérico y depende del cristal con el que se mire, es el da la “corrupción”, “malversación”, “lavado de capitales” hasta “narcotráfico” o ahora, más recientemente, el de “traidor” o “conspirador”.

Cuando se intenta hacer una revolución con las “melladas armas del capitalismo”, con el sistema judicial, los empresarios, banqueros y medios de comunicación que han sostenido y sostienen al sistema que se quiere superar, lo que sucede (pues nunca más van a cometer el error de irse a Miami), es que esos factores de poder de la oligarquía, se agazapan, mimetizan, actúan de manera persistente y sistemática hasta que descubren una rendija, una fisura, una debilidad, una posibilidad de carcomer el impulso originario, comprarlo, crear nuevos intereses, hasta derrotar desde adentro el intento revolucionario.

¿Quién puede dudar que en Brasil exista la corrupción, o en Venezuela, o en Colombia, o en Panamá, o en los Estados Unidos?, sólo para mencionar algunos países de toda la gama. Claro que hay corrupción, porque son sistemas capitalistas. Depende del cristal con que se mire.

En los Estados Unidos está institucionalizado el “Lobby” entre los Congresistas y Presidentes, es decir, las corporaciones del Tabaco, los Fabricantes de Armas, los Industriales del acero, dan dinero, financian campañas de Congresantes y Presidentes para que éstos, en retribución, aprueben leyes o tomen decisiones que favorezcan sus intereses. Sin embargo, para ellos no es corrupción y ningún medio va a decir que hay corrupción, porque son sus propios medios.

En Colombia, el narcotráfico y el paramilitarismo tienen candidatos, jueces, funcionarios de todo tipo y a todos los niveles. Sin embargo, nadie habla de corrupción, nuevamente los medios son de ellos mismos.

En Brasil los poderosos grupos económicos, industriales han sostenido dictaduras, políticos de todo tipo, jueces; han hecho lo que les da la gana, sin embargo, nunca ésta se mencionó, hasta que llegó el gobierno de Lula. Entonces, a pesar de que Lula se planteó convivir con ellos, estimularlos, proyectarlos en la región, convencido que le dejarían hacer, que se podría hacer una revolución social con el sistema hegemónico del gigante del Sur, éstos, tan pronto tuvieron la oportunidad, difundieron, profundizaron y activaron toda una campaña en contra de Lula, acusándolo de corrupción. Encontraron una fisura, una debilidad, cuando, durante el gobierno de Dilma, sectores del propio PT aconsejaron montarse en esa matriz, para mejorar la popularidad de la Presidenta.

Comenzó el tema de Petrobras, no es que no hubiese corrupción en Petrobras, lo que parecía absurdo es que, inmediatamente, se apuntara a Dilma, pues integraba al Directorio y a Lula, pues era el Presidente. A partir de allí le dieron la espalda a Dirceu, diez años de condena y de manera que luego, ellos mismos no supieron ni cuándo, ni cómo todo el sistema judicial y político, se volteó en contra de Dilma y de Lula. El linchamiento mediático los convirtió, así, de la noche a la mañana, sin ninguna prueba, sin derecho a la defensa, en “corruptos”, neutralizándolos a ellos, los sectores políticos tradicionales, encabezados por Michel Temer, Vicepresidente de fórmula con Dilma, consumaron el golpe de Estado y ahora quieren descabezar al PT y neutralizar a Lula, para que éste no pueda ser el próximo Presidente del Brasil.

Igual ha pasado en Ecuador. El Presidente Lenin Moreno, quien ganó porque era el candidato de la Revolución Ciudadana del Presidente Correa, decidió, obviamente al ganar, tomar otro rumbo. Por supuesto que el Presidente Correa reaccionó, tenía que hacerlo, pero de inmediato, todo el sistema apuntó hacia Correa y su equipo, a pesar de su excelente gobierno, acusándolos de “corrupción”; nuevamente, los medios, las redes sociales, el sistema judicial, actuaron de manera expedita, en alianzas insospechadas con la derecha ecuatoriana y ahora el Vicepresidente Jorge Glas está preso, y el Presidente Correa, hostigado y difamado por el nuevo grupo político, el nuevo pacto.

Igualmente, en Argentina, al Presidente Macri, no le basta con tener el poder y desplegar su programa de derecha, nó, ellos necesitan desprestigiar y perseguir al “Kirchnerismo”, en la persona de la Presidenta Cristina y a todo su equipo político, con el ya consabido argumento de la “corrupción”.

Lo triste de todo ésto es que, el “lawfare”, “la Judicialización de la política”, es decir, utilizar al Poder Judicial y, en nuestro caso, a la Fiscalía, para la persecución política, es precisamente lo que está haciendo el madurismo contra dirigentes Chavistas y en este caso específico, en mi contra. Nadie duda que en nuestro país haya corrupción, claro que la hay, lo he dicho, en Cadivi, Cencoex, PDVSA, Seniat, Sector Financiero, Empresarios, Ministerios, sector militar, etc.

La corrupción es un fenómeno repudiable, anti ético, contra revolucionario que debe ser combatido y extirpado, pero afirmar que sólo es un fenómeno que afecta a PDVSA e inmediatamente se me acusa, sin pruebas, sin derecho a la defensa, utilizando todas las redes sociales, declaraciones irresponsables del Fiscal, del Ministro, del Presidente, se me acusa de todos los males del país, “corrupción”, “conspiración”, y un largo etc. Esto no deja de ser, además de un acto miserable, una clara acción política para tratar de neutralizarme, impedir que fuera al país a postularme como candidato del Chavismo a las Presidenciales, además de ser parte de una operación sistemática de apartarse de todo lo que se asocie al Comandante Chávez, para poder avanzar en la traición a su legado y el nuevo pacto con la derecha venezolana.

Resulta cínico que se “tuitée” y se repudie el uso de la justicia y los procedimientos amañados en Brasil para perseguir y encarcelar a Lula, cuando el madurismo hace exactamente lo mismo contra otros ex ministros y dirigentes del Chavismo, que hemos levantado nuestra voz en contra de la situación actual. Y ésto no sólo sucede en el campo civil, sino también en el ámbito militar. Es muy grave lo que sucede en nuestro país, nunca había sucedido en el Gobierno del Presidente Chávez.

Ahora el alto gobierno le da instrucciones al fiscal y éste sale, sin ni siquiera saber de lo que está hablando, a hacer la tarea, que, además, le gusta hacer porque le dá cámara y titulares. Pero también sale el ministro, haciendo gala de cinismo e ignorancia, a despacharse el tema de los graves problemas de PDVSA con la acusación de “corrupción”. Es una línea discursiva, una instrucción, donde se activan los palangristas de siempre, los “bots” de los “tuiters”, los animadores de turno, los aduladores de oficio, con la misma acusación de “corrupción”, además, todos al unísono con la conseja de “¿por qué no viene?”, como si en nuestro país hubiese garantías del debido proceso, de la libertad política, del derecho a la defensa.

Recuerdo muy bien el libro “Causa 1/89” que describía el juicio al general Ochoa en Cuba, por las acusaciones por graves delitos. Era el Comandante Fidel quien pedía cuentas, tenía moral para hacerlo. Cuando el Comandante Chávez pedía cuentas, tenía moral para hacerlo. Pero cuando el madurismo acusa y manipula, ofende y persigue, yo siempre pienso, ¿con qué moral?, con tantos hechos de corrupción que los rodean de manera cotidiana y tanta deslealtad. En mi caso, sería incapaz de condenar a nadie sin escuchar que tiene que decir al respecto, mucho menos abusar del poder para enlodar el nombre de nadie, ni siquiera de mis más enconados enemigos políticos, nunca lo he hecho, nunca lo haré.

Una Revolución requiere de una nueva ética, una épica y un sacrificio. Un acto que logre despertar e irradiar conciencia. Se impone la honestidad y el valor, personal y colectivo. Hoy el pueblo cargaba en hombros a un hombre honesto, dirigente revolucionario de toda Latinoamérica, me recuerda mucho al Comandante Chávez, a su humildad y espíritu de sacrificio. La derecha quiere sepultar a Lula y con él la voluntad de lucha de los pobres de la tierra, atacando su moral, que es el único poder que tenemos los revolucionarios. ¡Fuerza Lula! Con Chávez siempre ¡Venceremos!

Fuente EP Mundo
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