¡Genes malignos! La madre biológica de Nikolas Cruz da escalofríos

Nikolas Cruz tal vez lleve en la sangre genes “malvados”.  Tuvo dos madres: la biológica, que le dio la vida, una cabeza almendrada y cabello castaño rojizo; y la adoptiva, que le dio todas las ventajas de una educación suburbana de alto nivel.

Su madre biológica, Brenda Woodard, vivía a veces en las calles y pedía dinero en la salida de una autopista. Su madre adoptiva, Lynda Cruz, se quedó en casa para administrar una morada de 4,500 pies cuadrados y cinco habitaciones en los suburbios, con un garaje para dos automóviles y un amplio patio. Como una delincuente de carrera, los 28 arrestos de Woodard incluyen un cargo en el 2010 por golpear a un conocido con una llave para neumáticos. También amenazó con quemarle la casa a otra amiga. Lynda Cruz tenía un récord limpio.

Woodard estaba tan atrapada por la adicción que la arrestaron comprando crack mientras estaba embarazada de Nikolas. Lynda Cruz tomaba vino, pero no en exceso.

El sentido común diría que Nikolas Cruz debió haber seguido el ejemplo de la mujer que lo crió, en lugar de aquella con la que compartía su ADN. Pero la historia de Cruz es poco convencional. Si bien, según la mayoría de las versiones, Lynda Cruz era reflexiva y disciplinada, su hijo adoptivo era violento e impulsivo, características que parece compartir con la madre biológica que él nunca conoció.

Ahora la historia de su familia biológica —nunca antes mencionada y actualmente sellada por las autoridades — podría convertirse en un elemento de su desesperado intento de mantenerse alejado del “corredor de la muerte” en Florida.

Muchos de los detalles de la difícil infancia de Cruz y su tormentosa adolescencia emergieron en los meses posteriores a su letal ataque del 14 de febrero en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, que dejó17 muertos entre estudiantes y miembros del personal docente. Era un estudiante pobre propenso a estallidos violentos. Tenía una obsesión enfermiza con las armas. Disparaba a los animales y los torturaba. Pero de dónde vino Cruz, genéticamente, sigue siendo una pieza perdida en el rompecabezas.

Aunque Nikolas creció tranquilamente — al parecer Lynda Cruz creía que complacer a su hijo con videojuegos y armas suavizaría su estado de ánimo — la sombra de su herencia genética aparentemente afloraba en su vida.

Los expertos en derecho penal dicen que la Oficina del Defensor Público de Broward probablemente explore la constitución genética y la infancia de Cruz en su esfuerzo por evitar que el joven de 19 años sea ejecutado. Su madre biológica podría ser convocada a declarar durante la fase de sentencia en el juicio relacionado con 17 cargos de asesinato en primer grado y 17 cargos de intento de asesinato.

“Por supuesto, eso me interesaría”, dijo Bennett Brummer, defensor público electo de Miami desde 1977 hasta su retiro en el 2009. “La pregunta sería cómo lo usaría”.

Los detalles de la vida de la madre biológica de Cruz en gran parte están en los registros públicos: su larga historia delictiva muestra una batalla devastadora contra la adicción y una tendencia a la violencia.

Así también lo indica la vida de su hija, Danielle Woodard, la hermanastra mayor de Nikolas, que actualmente cumple una condena de ocho años por cargos que incluyen intento de asesinato en segundo grado de un policía. Cuando era joven, Danielle Woodard fue acusada dos veces de llevar armas a la escuela, una de ellas de fuego. Danielle ha sido arrestada 17 veces, aunque no siempre se le condenó por ello.

Con una abrumadora evidencia de que Cruz fue el atacante de Parkland — gran parte del suceso fue capturado en las cámaras de vigilancia de la escuela — el esfuerzo del equipo de la defensa probablemente estará orientado a ofrecer factores atenuantes que puedan persuadir a un jurado a que le perdone la vida.

Se espera que los defensores públicos de Cruz argumenten que su juventud, su historial de padecimientos emocionales y la falta de apoyo de las agencias escolares y de servicios sociales contribuyeron a la tragedia. Sus aparentes inclinaciones familiares hacia la adicción y la violencia serían otros temas que la defensa podría considerar.

Tras décadas de ver los mismos apellidos en los registros, Brummer concluyó que el entorno en sí mismo no explica la inclinación hacia la violencia que parece heredarse entre ciertas familias, como ocurre con el color de los ojos y el pelo. “No tengo ninguna prueba científica, pero ciertamente hay un componente genético significativo”, dijo.

¿Genes del mal?

Kevin M. Beaver, profesor de Criminología en la Universidad Estatal de Florida, dice que él y otros que han estudiado el tema tienen pruebas científicas. Si bien no existe el “gen del delito”, como plantearon algunos de los primeros investigadores, una gran cantidad de estudios muestran que ciertos indicadores genéticos, junto con factores desencadenantes ambientales, aumentan significativamente la probabilidad de que una persona reaccione violenta o agresivamente.

Una buena parte de la investigación académica ha estudiado a niños adoptivos y gemelos que fueron separados al nacer. Uno de los objetivos: desentrañar los efectos de la genética en lugar de las condiciones socioeconómicas en que se criaron los niños, dijo Beaver. “Los genes pueden tener una influencia realmente fuerte”, dijo. Un estudio de 1984, por ejemplo, analizó 14,427 adoptados, y concluyó que era más probable que un niño adoptado fuera condenado por delitos no violentos contra la propiedad si sus padres biológicos habían sido condenados por un delito similar.

Beaver advirtió, sin embargo, que “los genes y la genética no son definitivos… El entorno puede amplificar los efectos genéticos y también los efectos genéticos contundentes”, dijo Beaver. “Los genes en sí mismos no determinan la criminalidad. Actúan en conjunto con el entorno”.

Algunas de las investigaciones sobre genética han hallado eco en los tribunales penales, con resultados diversos.

“Habrá una enorme presión para colgar a este chico lo más alto posible, algo muy comprensible”, dijo Brummer.

El fiscal estatal de Broward, Michael Satz, que se espera que juzgue el caso, ya rechazó la oferta del defensor público Howard Finkelstein de que Cruz se declare culpable a cambio de que se le condene a cadena perpetua en lugar de la pena de muerte. Ni Finkelstein ni otros miembros de la defensa de Cruz han mencionado la familia biológica de Cruz.

Cualquier argumento mitigante presentado por la defensa solo tendrá que convencer a una sola persona.

En el 2016, la Corte Suprema de Florida dictaminó que un juez que imponga sentencia no puede imponer la pena de muerte a menos que un jurado la recomiende por unanimidad. Eso significa que los abogados defensores ahora necesitan persuadir a solo uno de los 12 miembros del jurado para que voten por la cadena perpetua en lugar de la pena de muerte.

“Ahora se trata de buscar influir en al menos un miembro del jurado”, dijo Brummer.

Fred Guttenberg, el padre de la estudiante Jaime Guttenberg, asesinada en Stoneman Douglas, dijo que la genética de Cruz de ninguna manera justifica la masacre.

“Esa madre biológica no lo crió”, dijo Guttenberg. “Conozco a muchas personas que fueron adoptadas. Si vas a sus padres biológicos, encontrarás todo tipo de cosas. Eso no significa que van a crecer de esa manera. ¿Intentando convertir al tipo que mató a mi hija en una figura que inspire compasión? Es horrible”.

La mala semilla

Brenda Woodard, ahora de 62 años, no ha dicho nada de su relación con Nikolas Cruz, y los registros de la cárcel muestran que no lo ha visitado desde que fue arrestado. Por medio de un abogado que se encargó de la adopción de Cruz, Woodard se negó a hablar con el Miami Herald. La identidad del padre biológico de Cruz no está clara.

El tercer hijo de Woodard, Zachary, también fue adoptado al nacer por la familia Cruz, y aunque tuvo algunos roces menores con la ley, no ha sido acusado de un delito violento. Se negó a hablar con el Herald para este artículo, pero dijo en una entrevista en mayo que tanto él como Lynda Cruz le temían a Nikolas, que les apuntaba con armas de fuego por presuntos desaires.

“Estaba mentalmente enfermo y, cuando miras atrás, sus acciones eran un grito de ayuda”, dijo Zachary Cruz sobre su medio hermano biológico.

Nikolas Cruz nunca ha visto a Brenda o Danielle. Madre e hija fueron separadas años atrás cuando la hija quedó bajo el cuidado del estado. Sin embargo, las vidas de los tres siguieron una trayectoria cuesta abajo notablemente similar.

Aunque Brenda Woodard no jugó ningún papel en la crianza de Nikolas Cruz, la influencia que tuvo sobre su desarrollo gestacional probablemente no fue positiva: el 7 de junio de 1998, tres meses y medio antes de que Cruz naciera, agentes de policía de Fort Lauderdale vieron a Woodard conduciendo en un área que, según dijeron, era conocida por un “alto nivel de actividad de drogas”.

Woodard detuvo su automóvil en medio de la calle, abrió la puerta y comenzó a hablar con un hombre con pantalones verdes y una camisa blanca. El hombre le tendió a Woodard una bolsita de plástico transparente que contenía cinco piedras de crack. Ella le dio dinero en efectivo y fue arrestada poco después.

Woodard no impugnó la posesión de cocaína después de los 45 días, y aceptó someterse a tratamiento farmacológico y pruebas de orina al azar. Luego, el 24 de septiembre, Brenda dio a luz a Nikolas, el segundo de sus tres hijos, que fue adoptado casi de inmediato por Roger y Lynda Cruz, una pareja adinerada que vivía en la zona suburbana de Parkland. Woodard, por su parte, no estuvo fuera de la cárcel por mucho tiempo: un mes más tarde regresó tras las rejas por cargos de violencia doméstica.

Sabía que era adoptado

Nikolas Cruz sabía que era adoptado, y pudo haber estado molesto porque su madre adoptiva esperó tanto para contárselo.

En una entrevista con un detective de la Policía de Broward poco después del ataque, Cruz dijo que hubiese querido conocer más sobre sus antecedentes, pero que no había buscado la identidad de sus padres biológicos ni tampoco se había hecho pruebas genéticas para determinar su herencia étnica.

“Nunca conocí a mis verdaderos padres”, le dijo Cruz al detective John Curcio, según una transcripción.

“¿Cuánto hace que sabes que fuiste adoptado?”, preguntó Curcio.

“Mi madre me lo dijo”, respondió Cruz. “Después que mi padre murió. Le tomó mucho tiempo decírmelo”.

Más tarde en la entrevista, Curcio le preguntó a Cruz si se había interesado en conocer su procedencia. Él asintió con la cabeza.

“Está bien”, dijo Curcio. “¿Pero nunca trataste de encontrar a tus padres biológicos?”.

“Yo lo quería”, dijo Cruz.

“¿Pero alguna vez trataste de encontrarlos?”, preguntó Curcio. “Quiero decir, deseabas hacerlo, ¿pero alguna vez intentaste hacer algo?”.

“No”, respondió.

Nikolas Cruz creció en circunstancias mucho mejores de las que hubiese tenido de haberse quedado con Woodard.

Su padre adoptivo, Roger, trabajaba en publicidad. Él y Lynda podían permitirse una casa que ahora vale $535,000 en Parkland.

Nunca encajó en la familia

Pero Nikolas nunca encajó en la comunidad de los Cruz, y había indicios inquietantes de lo que vendría. Le disparó a las gallinas de su vecino. Apuntó con un arma a su hermanastro Zachary cuando discutían sobre un tarro de Nutella y le puso un fusil AR-15 en la cabeza a su madre, gritando que le volaría los sesos. Se metió en peleas en la escuela. Según los informes abusaba de una novia e publicó en internet su ferviente deseo de atacar a tiros una escuela, lo que finalmente hizo, con resultados letales.

Lynda Cruz hizo todo lo posible para proteger a su hijo.

“Creo que para ella era importante. Lo intentó “, dijo Shelby Speno, de 49 años, que vivía a dos puertas de la familia Cruz. “No es que él andaba por ahí y Lynda estaba ausente. Ella iba con él a la parada del autobús. Llamaba y se disculpaba [cuando él hacía algo mal]. Ella asumía la responsabilidad por lo que él hacía”.

La muerte de Lynda en noviembre del 2017, a los 68 años, devastó a Nikolas Cruz. Roger Cruz había muerto cuando Nikolas tenía 5 años. Ya sin su madre, tuvo que mudarse con amigos de la familia a un parque de casas rodantes del condado de Palm Beach.

Casi nadie vino al funeral.

“Diría que eso le molestó a Nik y nos hizo sentir que no teníamos a nadie en este mundo”, dijo Zachary al Herald en mayo.

Aunque Nikolas Cruz nunca se metió en las drogas y el alcohol como su madre biológica o su hermanastra, Zachary dijo que vio a su hermano “engullir” el vino de su madre.

En su entrevista con Curcio, el detective de homicidios de Broward, Nikolas Cruz dijo que usó marihuana y Xanax, una droga contra la ansiedad con cualidades sedantes.

“Gran cantidad”, dijo Cruz con una voz muy baja. “Nadie lo sabía”.

La marihuana, dijo Cruz, le ayudó a calmar al “demonio” que, según él, estaba dentro de su cabeza diciéndole que hiciera cosas malas. Curcio dudaba que tal demonio existiera, y le preguntó a Cruz por qué no fumó más marihuana para mantener las voces a raya.

“Sabía que era ilegal y no quería hacer algo malo”, dijo Cruz. “Pero [el demonio] quería que hiciera algo malo”.

Genes compartidos

Los parientes consanguíneos que Cruz nunca conoció eran, más que una familia, dos individuos con genes compartidos y una disposición hacia el comportamiento antisocial.

Brenda Norma Woodward nació en 1956.

Woodard era conocida como una demoledora en los círculos de la policía y el tratamiento de drogas en el condado de Broward durante las décadas de 1980, 1990 y 2000. Su hoja de antecedentes policiales incluye 28 arrestos, entre ellos por drogas, robo de automóviles, posesión de armas, robo con allanamiento de morada, violencia doméstica y asalto.

Su historial criminal en Florida comenzó en 1983, cuando Woodard tenía 26 años, por posesión de armas ocultas. Cinco años después, los agentes del condado floridano de Monroe la arrestaron por posesión de cocaína.

Nuevos cargos se fueron acumulando durante casi todos los años siguientes, hasta el 2011.

Se le hallaron crack, anfetaminas y codeína. Robó un auto. Estuvo encarcelada durante cinco meses en 1989, luego durante otros siete meses el año siguiente. En 1999, estuvo presa 18 meses por robarse un automóvil, huir de la policía, entre otros cargos. En el 2003, Woodard estaba bajo tratamiento por drogas, y un juez de Broward le permitió viajar a Miami para el nacimiento de un nieto. En los años siguientes, mientras Woodard envejecía y su cabello rojizo iba encaneciendo, parece que la mujer — también conocida como “Duke” — comenzó a dejar su adicción.

Y aunque Woodard tal vez ya no consumía narcóticos — su historial criminal no incluye arrestos por drogas después del 2003 — sus problemas no habían terminado: a mediados de la década del 2000 Woodard estaba sin hogar y en repetidas ocasiones se le acusó por mendicidad. En julio del 2007, la Policía de Hallandale Beach la detuvo cerca de una rampa de salida de la autopista interestatal, con un letrero de cartón que decía “Sin hogar y hambrienta, Dios te bendiga”.

Y su temperamento siguió igual. En el 2010 se le acusó de utilizar una llave de llantas para golpear a una pareja con la que compartía un apartamento en un complejo de ancianos de Hallandale Beach.

“Se observa una laceración de aproximadamente dos pulgadas de largo en la parte posterior de la cabeza de la víctima de la que salía una gran cantidad de sangre”, escribió un policía en el reporte. “Además observé una laceración en la frente de la víctima y rasguños en la cara de la víctima”.

Dos veces más, en el 2012 y el 2013, la compañera de Woodard se quejó a las autoridades, diciendo que Woodard la había amenazado con “matarla” e “incendiar” su casa.

Woodard “no me dejaba salir de la casa” y me advirtió que “ella me mataría” si buscaba protección, escribió.

Ahora, Brenda Woodard vive en un complejo de viviendas subsidiadas para personas con necesidades especiales. Su último arresto, por un cargo menor de asalto que luego se desestimó, fue en el 2011, aunque se emitió una orden de protección por violencia doméstica en otro incidente del 2013.

Tal vez Woodard rehizo su vida, pero la de su hija se ha desmoronado.

Nació con los efectos de las drogas

Danielle Woodard, que comparte el característico pelo rojo de su madre, se enfrentó a un futuro desalentador e incierto prácticamente desde el día en que fue concebida: Brenda había estado consumiendo cocaína y Danielle nació con los efectos de las drogas.

Las consecuencias del abuso de las drogas de Brenda Woodard no terminaron con el nacimiento de su hija. Cuando tenía 5 años, Brenda la desnudó y la golpeó y, según los reportes, fue negligente con ella. Durante el apogeo de la epidemia de cocaína en el sur de la Florida, Brenda alentó a su hija a que robara para pagarle su adicción a las drogas.

El encarcelamiento de Brenda Woodard dejó a Danielle bajo la custodia de su abuela materna y, a los 12 años, con una familia adoptiva cuando murió la abuela. Danielle se adentró en las calles…y en las drogas.

Danielle experimentó graves traumas físicos y mentales a lo largo de su infancia, adolescencia y en su adultez. Y la dejó incapaz de crias sus propios hijos. El Herald envió una carta a la prisión de Florida donde estaba encarcelada solicitando una entrevista. Fue devuelta sin abrir.

Al parecer, Danielle fue arrestada por primera vez por un delito grave en octubre de 1999, un presunto robo de automóvil, solo cuatro días después de cumplir 13 años de edad. Fue el primer arresto de muchos. El año siguiente, antes de que Woodard cumpliera los 14 años, volvió caer tras las rejas por otro robo de automóvil.

Los arrestos continuaron: 12 de marzo del 2001, hurto menor, no se procesó; 16 de marzo del 2001, posesión de un arma en la escuela, se desconoce el resultado; 17 de agosto del 2001, agresión, resultado desconocido; 3 de diciembre del 2001, hurto mayor y resistencia al arresto sin violencia, resultado desconocido; 12 de junio del 2003, posesión de un arma de fuego en la escuela, robo de automóvil y agresión, resultado desconocido; 11 de noviembre del 2003, agresión agravada con un arma letal y robo de automóvil, resultado desconocido.

En noviembre del 2005, Danielle Woodard robó otro automóvil. Un hombre que iba a buscar a su primo había dejado el vehículo con el motor encendido en la entrada de una casa. El dueño del auto, Antonio Rodríguez, sintió pena por Woodard. “Deseo que ayudes a esta chica”, le dijo al abogado defensor público de Woodard. “Que no haga esto de nuevo… [Ella es] una chica muy joven. Seguro que lo no va a hacer más”.

“Malas decisiones”

Pero Woodard lo hizo de nuevo. Y otra vez. Y otra vez.

Julio del 2007: la Policía de Sweetwater arresta a Danielle Woodard por cargos de abuso de ancianos y agresión de una persona discapacitada. La denuncia dice que Woodard empujó a un hombre de su silla de ruedas, lo tiró al piso y luego “golpeó” al acompañante de 67 años del hombre e hirió a ambos.

Enero del 2010: Un carro de la policía de Miami ve a Danielle Woodard en un Nissan Maxima de 1998 robado. Woodard escapa, acelera por las luces rojas, pero finalmente es arrinconada en un callejón sin salida cerca de la 7ma Avenida del NW y la Calle 23. Un agente le ordena que se baje del sedán, pero ella acelera y choca contra una valla, luego sale en retroceso hacia un patrullero, que se aleja tratando de evitar el golpe.

Woodard presiona al agente policial George Guillén entre la puerta del auto policial y el sedán.

“Sufrí múltiples lesiones en la rodilla izquierda, el tobillo, el brazo izquierdo, el antebrazo, la mejilla, la mandíbula, el lado izquierdo de la cara”, testificó más tarde Guillén.

A Woodard le dispararon con una pistola eléctrica o taser mientras intentaba huir, y luego se enfrentó a un grupo de policías que intentaron arrestarla. Según los reportes, dentro del coche robado había una pipa de crack y una bolsa de plástico con cocaína crack.

Un año después, mientras esperaba su destino en una cárcel de Miami, Danielle Woodard se disculpó con Guillén en una carta sin fecha.

“Estaba perdida” (y siguió perdida)

Woodard culpó en gran parte a las drogas y al alcohol por el incidente, un tema del que está repleto su largo historial delictivo. “He cambiado tanto mi actitud, le he entregado mi vida a Dios y le he pedido que me perdone por todas mis malas acciones. He visto muchos cambios en mí misma y no quiero que el alcohol y las drogas vuelvan a controlar mi vida”.

Terminó la carta con un poema:

Estaba perdida,

Pero ya me hallé a mí misma.

Déjame demostrar

Que he cambiado mi vida.

Pero la epifanía le duró poco, los arrestos continuaron: septiembre del 2015, junio del 2016, julio del 2016.

En un juicio en el 2018, donde se presentaron varios casos, el juez Martin Zilber clasificó a Woodard como una “delincuente habitual”. Las condenas incluyeron intento de asesinato en segundo grado, posesión de cocaína, fraude con tarjetas de crédito y agresión contra un agente de la ley. Con los más de seis años que ya ha estado presa, se espera que salga libre en el 2020.

Y el ciclo continúa: mientras Danielle Woodard cumple su condena en la prisión de Lowell Annex, en Ocala, Florida, a sus hijos los está criando otra persona.

Fuente EP Mundo El Nuevo Herald
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