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Ene

Guardia urbana que mató al novio desata pasiones entre las otras reas

Actualizado: 19/01/2018 9:30

El ingreso de Rosa Peral en la prisión de Wad-Ras trastocó la paz del centro. Esta agente de la Guardia Urbana ingresó en el penal el 13 mayo a raíz de su implicación en el crimen de su novio, Pedro Rodríguez, también agente de la policía local de Barcelona, cuyo cuerpo fue hallado calcinado en el maletero de un coche en el pantano de Foix.

Desde aquel día de mayo en que Rosa entró en prisión, las relaciones que mantuvo con las presas fueron tan intensas que al poco tiempo pasaron de quererla a odiarla, dejando muy tocado el vínculo que había con anterioridad entre las propias internas. El torbellino Rosa Peral pasó con tal fuerza que se inmiscuyó en varios grupos de amigas que acabaron enfadadas, generando en tan sólo medio año una gran tensión en el centro penitenciario. La capacidad de seducción y de manipulación de Rosa convirtió la cárcel en un polvorín, motivo por el cual fue trasladada en noviembre al módulo de mujeres de Brians 1.

Este es el panorama que dibuja la directora de Wad-Ras –el centro penitenciario de mujeres de Barcelona–, en la declaración que prestó ante los Mossos d’Esquadra y que dio pie a la causa que investiga si Rosa Peral buscó la manera desde prisión de encargar el asesinato de su exmarido por medio de un sicario. La causa la abrió un juzgado de El Vendrell y pronto la asumirá otro de Barcelona.

Las internas: “Es una manipuladora que simula una depresión para captar la atención de los profesionales”

La declaración policial a la que ha tenido acceso La Vanguardia tuvo lugar el pasado 24 de octubre. La directora de Wad-Ras explicó que la llegada de Rosa al centro generó un “desequilibrio emocional importante”. Su comportamiento se ceñía a un patrón. “Rosa Peral acostumbra a crear vínculos intensos con las otras internas del centro penitenciario. Crea grupos cerrados que duran poco tiempo. Cuando la relación entre estas internas se rompe, se crea un alto nivel de hostilidad entre ellas”, señaló la directora. Y prosiguió diciendo que “la mayoría de estas internas describen a Rosa como una mujer manipuladora, mentirosa, simuladora de un estado de ánimo depresivo para reclamar la atención de los profesionales”.

Relataron lo mismo dos internas que declararon ante los Mossos y que posteriormente lo hicieron en el juzgado. Una de ellas definió a Rosa como una mujer “muy manipuladora”.

Cada noche, Rosa se acercaba a su habitación para charlar. Llegaba llorando. Era una “relación de compañeras, tomábamos té, pero luego la conversación se adulteraba”, avisó esta reclusa. Siempre hablaban a solas, y el objetivo de Rosa era encontrar a un asesino a sueldo para matar a su exmarido. “La veía como una presa más, pero cuando me dijo que le buscara armas, ya no la vi igual”, señaló. Durante cinco meses, día tras día, le estuvo contando el plan que tenía en mente. “Rosa se cree sus propias mentiras. A toda la cárcel le dice que es inocente”, explicó la reclusa. Al final, esta interna fue cambiada de pabellón para que no tuviera más relación con Rosa.

Fue entonces cuando la agente de la urbana buscó a otra amiga. “Me cayó bien porque me ayudaba con las clases a distancia y le cogí amistad”, explicó esta reclusa. También relató que a medida que pasaban los días se dio cuenta de que tras la amistad de Rosa había un interés. “Rosa estaba manipulando la situación porque quería como fuera que alguien le facilitara armas y un sicario”, dijo.“Es muy inteligente y planeaba hacerse amiga de todos. Me decía que se iba a meter en el bolsillo a su tutor”. Al mismo tiempo, según este relato, Rosa también se fue acercando a otras dos internas, una de las cuales “tiene una pareja que es sicario y cobra por matar”.

La agente trató de informarse sobre el otro acusado

La declaración que prestó la directora de Wad-Ras no sólo ratificó las sospechas de que Rosa Peral estaba pla­nean­do matar a su exmarido con unos sicarios sino que también reveló que la mujer trató de conseguir información sobre el otro acusado en el crimen de la Guardia Urbana, Albert López. Según esta declaración judicial, Rosa Peral se puso en contacto con una interna que tenía conocidos en Quatre Camins– el centro donde está encarcelado el otro acusado– para que le diera información sobre él. Rosa y Albert mantuvieron una relación sentimental durante cuatro años y se sospecha que la volvieron a retomar a escondidas del fallecido Pedro, una relación que constituye el móvil del crimen, a falta de que concluya la investigación. Asimismo, los testimonios recopilados en la nueva causa aseguran que Rosa estaba dispuesta a ofrecer 30.000 euros a un asesino a sueldo por acabar con la vida de su exmarido.