Huir de su joven y violento exmarido no la salvó de la muerte

Carmen huía. La almeriense, nacida en la ciudad andaluza hace 42 años, intentaba desesperadamente escapar de la realidad en la que vivía. No por el alcoholismo que sufría. Tampoco por los pitillos que compulsivamente se llevaba a la boca. Carmen pedía ayuda, de todos los modos en los que le era posible, porque su expareja la maltrataba. Hasta que la asesinó en la noche del Viernes Santo en Albox (Almería).

María del Carmen Ortega Segura era una mujer “buena”, según destacan quienes la conocían a EL ESPAÑOL. No era la primera vez que Carmen rogaba protección contra su agresor. Él, un ciudadano lituano diez años menor que ella llamado Mindaugas Petravicius, ya había sido objeto de una denuncia por parte de su pareja. Pero fue absuelto: ella no fue a declarar. Al hombre se le impuso una orden de alejamiento, pero ésta ya no tenía validez. Ahora se encuentra en prisión provisional, comunicada y sin fianza, acusado de un delito de homicidio y otro de lesiones.

Ahora, Carmen está muerta. La mató, presuntamente, ese mismo hombre al que denunció hace dos años y que ya no era su pareja, pero que podía acercarse a ella sin problema porque la orden de alejamiento ya no estaba activa. El mismo hombre que la atosigó hasta que acabó con ella.

Enamorada del inglés y de la cocina

Carmen había nacido en la capital almeriense un 7 de junio, pero su familia era de origen albojense. Había estudiado Filología Inglesa en la Universidad de Granada y, más tarde, se marchó durante cinco años a estudiar el idioma en Oxford.

“Hablaba el inglés nativo, perfecto”, rememoran sus conocidos. Era una enamorada de todo lo británico.

Era madre de una niña, Lucía. Su hija era fruto de su primer matrimonio. “La separación del padre de Lucía le llevó a la adicción al alcohol, lo que aprovechó el padre para ponerle un detective privado y quitarle la custodia”. Su niña era el centro de su existencia. Pero sólo la podía ver muy de vez en cuando. “Treinta minutos a la semana y con familiares, a 150 kilómetros de su domicilio”, detallan. Eso sólo fue un aliciente para aumentar su dependencia a las bebidas alcohólicas.

“Disfrutaba haciendo de comer e invitando a su casa a los más necesitados”, afirma un amigo. Lo cierto es que Carmen inundaba sus perfiles personales en redes sociales con páginas gastronómicas y recetas de todas partes del mundo. Puede que, junto con el inglés, fuera su otra gran pasión.

Una mujer “muy educada” que estaba “en las últimas”

Su imagen estaba bastante degradada en el municipio almeriense por su adicción, en un primer lugar. Después, por su relación con Mindaugas.

“Llevaban ambos una mala vida y los dos eran alcohólicos. Lo habitual era verlos siempre con botellas de vodka”. De Carmen destacan su extrema delgadez. “No creo que pesara más de 35 kilos”, afirma una comerciante. “Estaba en las últimas”, sentencia otro.

Pese a todo, de ella destacan unos y otros que era “muy amable y muy educada”. No se prodigaba mucho por las calles de Albox, donde residía, aunque todos sabían quién era. Y todos sabían que Mindaugas la acabaría matando. Pero nadie hizo nada.

A Carmen no se le conocía oficio por el pueblo. “La mantenían sus padres, que tenían una buena situación económica. Pero ansiaba encontrar un trabajo”, relata un amigo cercano.

Él, juzgado tres veces por violencia de género

Al parecer, su relación con Mindaugas había acabado de mala manera, pero él seguía buscándola. Fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) precisaron que, desde el año 2014, el presunto asesino había sido juzgado en tres ocasiones por juzgados de lo Penal de Almería por hechos relacionados con la violencia de género. En su contra se incoaron sucesivamente hasta tres diligencias urgentes en las que, sin embargo, resultó absuelto ya que su pareja se negó reiteradamente a declarar en su contra.

Desde la incoación de las diferentes diligencias penales, el Juzgado de Huércal-Overa adoptó varias órdenes de protección como medida cautelar para asegurar la protección de la presunta víctima. No obstante, al haberse resuelto todas con la absolución del presunto maltratador, el Juzgado se vio obligado a poner fin a las citadas órdenes, según el TSJA.

Es decir: Carmen, pese a intentarlo, no era receptora de ninguna ayuda estatal contra la violencia de género. Una mujer en una doble situación vulnerable -como víctima de malos tratos y como adicta- no tenía ninguna protección sobre ella. Tampoco existía ningún control sobre Mindaugas. Hasta que el pasado viernes él se coló en su casa, la desangró y la mató. “Era totalmente dependiente de su asesino”, confirman desde su círculo. “Era vox populi lo que iba a pasar y nadie hicimos lo que debíamos”.

“Mi mujer no puede respirar”

El propio Mindaugas fue quien avisó a las autoridades de lo que acababa de hacer. Poco antes de las nueve de la noche, el hombre, nacido en 1980, tomó el teléfono y llamó al 112 para avisar de una urgencia: “Mi mujer no puede respirar”, dijo. Cuando acudieron las asistencias, Carmen ya estaba muerta. No pudieron hacer nada. La Guardia Civil también acudió al lugar de los hechos y apreció indicios de violencia.

“Es algo que sucede muchas veces: la mujer reúne todo su valor para poner una denuncia pero el hecho de que no declare es suficiente para sobreseer el caso. Más en un caso en el que se sabía que le pegaba. Hay que afinar los mecanismos legales para intentar que estas causas se sigan de oficio, que es algo que a veces se hace. Estamos fallando a nivel social, sobre todo en casos en los que es conocido que hay una violencia física grave”, constata la psicóloga experta en violencia de género Olga Barroso.

Sobre todo, dado el perfil de Carmen. “Es de una violencia exacerbada: él, consumidor de alcohol y ella, una mujer tan sumamente perdida, que no podía defenderse de ninguna manera. Dado el nivel de peligro, a nivel legal habría que afinar un poco más. Que el sistema legal haga de nexo con el sistema social, para que se le haga un seguimiento institucional, policial… No nos podemos conformar”.

“Nos toca como sociedad tirar de la mujer”

No es una situación de fácil resolución, sino todo lo contrario. “Es muy complejo, porque hay veces que la víctima no quiere al estar absorbida por la violencia, pero nos toca como sociedad tirar de la mujer”, afirma la experta. Porque, sino, es “crónica de una muerte anunciada. Ella le pone una denuncia y vuelve con él. Es un caso de máximo peligro. No podemos mirar a otro lado”.

“La víctima ha dado un paso, ha conseguido denunciar. Si ha hecho esto es que en algún momento ha conseguido comprender que ahí no puede estar, que ha pedido ayuda. Aunque haya vuelto con él, realmente no es así. Ha pedido ayuda pero es una persona muy machacada y muy vulnerable. Él la vuelve a manipular y envolver. Hay que estar con la mujer: seguimiento, atención social y psicológica, porque sola claro que va a volver. Es una víctima”.

Fuente EP Mundo El Español
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