¡Insólito! Primer ministro israelí aprueba la matanza en Gaza

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no cree que su ejército tenga más alternativa en Gaza que disparar contra los manifestantes, aunque estén desarmados. Así lo aseguró anteanoche, en una entrevista con la cadena estadounidense CBS.

El periodista le preguntó si no creía que había sido excesiva la respuesta militar, con uso de fuego real, contra los palestinos, entre ellos mujeres y niños, que el lunes se manifestaron en Gaza contra la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén y por el derecho al retorno de los refugiados. Convocados por Hamas, el grupo islamista que gobierna Gaza desde el 2006, decenas de miles de personas se acercaron a la valla fronteriza, quemaron neumáticos y lanzaron piedras contra los soldados israelíes, parapetados sobre taludes de tierra.

Netanyahu empezó respondiendo que “no conozco a ningún ejército que hubiera hecho las cosas de otra manera si su misión es proteger la frontera de una gente que dice que te va a destruir y va a entrar en tu país”.

“Lo intentas por otros medios, por todo tipo de medios”, añadió el primer ministro, refiriéndose a las octavillas de advertencia que los drones del ejército israelí lanzan sobre la multitud palestina con instrucciones de que no se acerquen a la valla si no quieren enfrentarse a los francotiradores.

Intentas métodos que no sean letales –explicó entonces Netanyahu–, pero no funcionan y te quedas sólo con malas opciones.” “Es un mal asunto –prosiguió el primer ministro, que hablaba desde su oficina en Jerusalén–. Pero aún así lo intentas. Intentas disparar por debajo de la rodilla pero a veces no funciona.”

“Lo más lamentable es que estas cosas son evitables”, dijo Netanyahu. “Si Hamas no los hubiera empujado allí, entonces nada habría sucedido. Hamas actúa deliberadamente y es responsable de sus acciones”.

El lunes hubo casi 60 muertos en Gaza y cientos de heridos por disparos del ejército israelí, que sólo tuvo un soldado herido.

Desde el 30 de marzo, cuando arrancaron las protestas contra Israel, han muerto 110 personas en la Franja y más de 2.500 han resultado heridas de bala.

Tanto Netanyahu como su ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, han acusado a Hamas de utilizar a la población civil como escudos humanos. El primer ministro también ha dicho que el grupo islamista paga a los manifestantes para que desafíen a Israel. “Están empujando a los civiles, a mujeres y niños, a la línea de fuego con el objetivo de conseguir muertos –declaró Netanyahu durante la entrevista–. Nosotros intentamos minimizar las víctimas, pero ellos intentan provocarlas para presionar a Israel, lo que es horrible”.

Las Naciones Unidas han denunciado a Israel por un uso desproporcionado de la fuerza contra una población desarmada, lo que supone una clara violación del derecho internacional.

El martes, Israel intentó ganar enteros ante la opinión pública internacional enviando ocho caminones con ayuda humanitaria. Hamas, sin embargo, no aceptó los dos que iban cargados de medicamentos, a pesar de que hacen falta en los hospitales. “No podemos aceptar medicinas de los asesinos de nuestros hijos”, dijo un portavoz islamista, en otro claro ejemplo de la sinrazón que se ha asentado en los dos bandos.

Turquía, después de denunciar “la matanza” de palestinos, expulsó ayer al embajador israelí y lo sometió a un duro registro en el aeropuerto que fue convenientemente grabado por cámaras de televisión. Israel denunció el trato humillante que había sufrido su diplomático.

La violencia vivida desde el lunes no disuadió al presidente de Guatemala, Jimmy Morales, de inaugurar ayer en Jerusalén la nueva embajada de su país. A Netanyahu le dijo que llevaba “un mensaje de amor, paz y fraternidad”. Las murallas de Jerusalén se iluminaron entonces con los colores nacionales de Israel, Guatemala y Estados Unidos.

Honduras, Rumanía y la República Checa también podrían trasladar sus embajadas de Tel Aviv a Jerusalén en breve. Los palestinos consideran que este reconocimiento entierra las opciones de un acuerdo de paz.

Fuente EP Mundo La Vanguardia
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