La insólita reacción del colombiano que fingió ser príncipe saudita

La seguidilla de estafas que cometió Anthony Gignac —un colombiano que se ha hecho pasar desde 1991 por un príncipe saudita— durante la década de los 90 en el condado Miami-Dade ha sido difícil de olvidar para los dos hombres que lo ayudaron a pagar su fianza y luego, lo fueron a capturar a Nueva York.

Han pasado más de 20 años, pero Francisco Marty y Thomas J. O’Connell recuerdan la ostentación con la que se desenvolvía el falso príncipe y, sobre todo, la persistencia con la que insistía en que era el sultán Bin Khalid Al Saud y que casi les cuesta a ellos serios problemas con la ley.

La aventura de ambos hombres, que se dedicaban a tramitar depósitos de fianzas, se inició en 1994 cuando el abogado Óscar Rodríguez, representante legal de Gignac en ese momento, creyó que estaba tratando con un miembro de la familia real de Arabia Saudita y quiso ayudarlo.

Gignac había acabado en la cárcel tras estafar $27,000 al prestigioso hotel Grand Bay en Coconut Grove y $51,175 a una tienda Saks Fifth Avenue en el condado. Pese a las evidencias y su origen hispano, el hombre criado en el estado de Michigan seguía afirmando que él era el príncipe saudita.

En una entrevista telefónica, Marty contó a el Nuevo Herald que la empresa en la que trabajaba depositó $5,000, una décima parte de la fianza fijada para que Gignac pudiera salir en libertad. El supuesto príncipe les iba a devolver el dinero tan pronto obtuviera una nueva tarjeta de crédito ya que la suya, aseguró, había sido robada recientemente.

Marty, quien fue oficial de policía en Cuba antes de emigrar a Estados Unidos, comentó que empezó a sospechar que Gignac era un charlatán casi de inmediato cuando, mientras viajaban en carro cerca del aeropuerto de Miami, él señaló un avión y afirmó que era de su tío.

Al día siguiente, acompañaron a Gignac a una oficina de American Express en Coral Gables. “No sé cómo lo hizo, entró a una oficina privada y salió con la tarjeta de crédito”, agregó Marty.

De acuerdo con un artículo de el Nuevo Herald publicado en ese entonces, los empleados de American Express dudaron cuando Gignac no pudo decir la fecha de nacimiento correcta del verdadero príncipe de Arabia Saudita, pero le terminaron dando la tarjeta cuando el hombre gritó que su padre, el Rey, se enfurecería por el trato que le estaban dando.

Tarjeta en mano, Gignac compró dos relojes y un brazalete de esmeraldas con diamantes, valorado todo en $22,210, en una joyería de Miracle Mile, y una camisa de gamuza por $3,190 en una tienda de alta costura en Coconut Grove.

Dos días después, Gignac se fue a Nueva York posiblemente con la intención de no regresar a Miami por un largo periodo. Allá llegó en un vuelo de la aerolínea Delta, en el que había pedido reservar todos los asientos de primera clase, porque “un príncipe necesita privacidad”, aseguró O’Connell, quien ahora tiene un negocio de tabacos.

‘¡Llamen a la embajada, llamen a CNN!’

En Nueva York, Gignac no dejó de darse la buena vida de príncipe y se hospedó en el hotel cinco estrellas Four Seasons, donde había pagado el piso completo por “razones de seguridad”. A ese hotel llegaron Marty, O’Connell y el abogado Rodríguez tras confirmar que lo del príncipe saudita era puro cuento, gracias al dato de un agente que conocía el caso.

Al ser confrontado, Gignac seguía repitiendo que era el príncipe verdadero y que no quería regresar a Miami, dijo O’Connell, quien enfatizó que el hombre se mantuvo en su personaje nobiliario en todo momento. Sobrepasado en número, a Gignac no le quedó otra opción más que aceptar ir al aeropuerto La Guardia con destino al sur de la Florida, pero tuvo una condición: había que viajar en una limusina. Nada había preparado a los tres hombre para lo que sucedería en la terminal aérea.

Mientras compraban los pasajes en el mostrador de la aerolínea American Airlines para viajar a Florida, Gignac empezó a gritar con todas sus fuerzas:

“Yo soy el príncipe Khalid Al Saud, me están secuestrando. ¡Llamen a la embajada, llamen a CNN”.

Ante el alboroto, varios agentes de policía asignados al aeropuerto se abalanzaron sobre el grupo de hombres, rodeándolos y apuntándoles con sus armas de fuego, recordó O’Connell entre carcajadas, por lo insólito de la escena que parece definitivamente sacada de una película de Hollywood. “Claro, no era gracioso en ese momento”, aclaró.

Mientras Marty y el abogado Rodríguez permanecían sometidos por agentes contra una pared, O’Connell pudo convencer a los oficiales para que les permitieran mostrarles los documentos que demostraban que Gignac estaba en libertad bajo fianza y que tenía un proceso criminal en el condado Miami-Dade.

Pero con toda el escándalo y el caos, el grupo perdió el vuelo y entonces decidieron hacer el trayecto a Miami por carretera, un viaje que pasó sin mayores incidentes y en el que Gignac siguió insistiendo en su linaje real.

Luego de traerlo de vuelta a Miami, le perdieron la pista al hombre que ha sido acusado de estafar miles de dólares a tiendas y hoteles en Michigan, Orlando y Palm Beach, además de la Universidad de Syracuse, en Nueva York, por la cantidad de $16,000.

Gignac se encuentra detenido actualmente en una cárcel de Oklahoma tras haber sido acusado por un gran jurado de Florida de conspirar para cometer una ofensa contra Estados Unidos, hacerse pasar por un diplomático extranjero, mal uso de su pasaporte, robo de identidad agravado y posesión de un arma por un criminal convicto. Según la declaración jurada, el colombiano volvió a hacerse pasar por el príncipe saudita para engañar a empresarios de Miami-Dade en el 2017.

Previamente, estuvo en una cárcel de Palm Beach de junio de 1997 a septiembre de 1998 y en una prisión de Michigan del 2004 al 2006, cuando fue dejado bajo libertad supervisada hasta el 2009, de acuerdo con los registros públicos de los departamentos de prisiones.

Fuente EP Mundo El Nuevo Herald
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