La paranoia de Nacho lo hizo lanzar a la hija de sus amigos del 6to piso

Un miedo inundaba la mente de Nacho, el trabajador de Ikea que se suicidó no sin antes asesinar a la hija de sus amigos.  Estaba convencido: le seguían. A pesar de encontrarse lejos de su Sevilla natal y estar pasando unos días de vacaciones en casa de sus íntimos compañeros, Emelina y Fernando, la idea no paraba de rondarle. Estaba inquieto, preocupado.

Era una obsesión que le perseguía, sobre todo, en los últimos días. No era una fecha cualquiera: acababa de cumplir años -medio siglo-. Por eso, había acudido a visitar a sus colegas y a sus dos hijas a su casa en Málaga. Así se despejaría.

Ellos lo habían acogido sin dudar. Sabían que su amigo no pasaba por una buena racha. Que había vivido tiempos mejores. Y que en los últimos momentos “pensaba que lo espiaban”, físicamente y virtualmente, según confirman fuentes policiales.

Jefe de sección de Ikea reconvertido a bróker

De momento, esa es la principal línea de investigación que está siguiendo la Policía para esclarecer el móvil del suceso ocurrido este martes en la capital malagueña: Nacho tiró a la pequeña Daniela, la hija menor de sus amigos, por el balcón del domicilio, cuando la niña se disponía a ir al colegio. Acto seguido, se tiró él.

Ignacio J. M. A., Nacho para sus conocidos, era un buen amigo de la familia formada por Emelina J. y Fernando S. Los tres habían trabajado en Ikea, aunque en ciudades distintas. Emelina y Nacho coincidieron en la sede de la cadena sueca de mobiliario en la capital hispalense. Después, ella pegó el salto al establecimiento de Málaga: allí estuvo trabajando  desde hacía más de una década junto a su después marido, Fernando.

La relación entre Emelina y Nacho siempre fue muy cercana. Tanto que, con los años, trabó amistad también con el marido de ella y compartieron los tres incluso viajes, según Diario Sur. Por eso, cuando supieron el mal momento de su excompañero -Nacho había dejado Ikea para dedicarse a ser bróker de bolsa, han informado fuentes cercanas al caso a este periódico-, le ofrecieron su casa. No era la primera vez.

El trastorno persecutorio, asociado a la esquizofrenia

Ignacio tenía, según han confirmado fuentes policiales, “antecedentes psicológicos”. Sufría trastornos que afectaban a su manera de comprender el mundo. Todo apunta a que Ignacio vivía con delirios persecutorios. Y, en circunstancias que aún se investigan, arrojó a la pequeña Daniela al patio interior del edificio y, al momento, se tiró él.

El trastorno persecutorio es, como explica el doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid Félix Zaragoza, “un trastorno asociado a la esquizofrenia, a los trastornos psicóticos. Son de distintos tipos: los principales son la esquizofrenia desorganizada y la esquizofrenia paranoide. Este caso posiblemente estaría más relacionado con el segundo”.

La persona con esquizofrenia paranoide “suele tener este tipo de ideas delirantes, en las que se cree que le persiguen, que hay un complot contra él. Su idea delirante es de tipo persecutorio. Piensa que alguien le intenta perjudicar, que le vigilan”, explica el experto y responsable del gabinete de psicología Activa. Las causas, mantiene, pueden ser múltiples. El factor genético es clave, pero también se han de tener en cuenta “factores medioambientales y externos”.

Un hombre “introvertido”

El estrés asociado a la figura del bróker puede ser un factor, opina el psicólogo, “pero no es determinante. La mayoría de los trastornos psicóticos tienen su inicio o comienzo en la adolescencia. A partir de ahí, si está bajo tratamiento o controlado bajo medicación o terapia, se puede hacer vida normal”. El problema surge cuando dejan la medicación y empiezan a tener comportamientos de aislamiento social, de desconfianza.

Todo apunta a que eso fue lo que le pasó a Nacho. Sentía que le vigilaban su teléfono móvil, incluso su ordenador. Fuentes policiales apuntan a que era “un poco introvertido”. Entre los vecinos del edificio de sus amigos pocos lo conocían. Apenas un par de ellos afirman haberlo visto alguna vez o haber intercambiado alguna palabra.

Fuente EP Mundo El Español
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