La tormentosa e intrigante desaparición de Francisca Cadenas

“Ahora vengo y te hago la cena”. Aquella fue la última frase que Francisca Cadenas dijo a José Antonio, su hijo pequeño, el pasado 9 de mayo de 2017 antes de desaparecer sin dejar rastro en el pequeño pueblo de Hornachos (Badajoz). “Hoy hace un año”, recuerda el menor de los vástagos a La Vanguardia. Nada hacía presagiar que en apenas cincuenta metros se produciría la peor de las pesadillas para la familia Meneses Cadenas. Tras pasar la tarde con un matrimonio de amigos y su hija pequeña, esta ama de casa que por entonces tenía 59 años fue a acompañarles al coche. Aquella decisión cambió su destino para siempre.

“Tardé diez minutos en darme cuenta, tuve la corazonada de que algo había pasado”, afirma José Antonio. A partir de ahí, la búsqueda fue incansable. Inagotable. Familiares, amigos y vecinos de esta localidad extremeña se volcaron por encontrarla. Un año después, nuevas búsquedas en pozos de la zona y el decreto del caso bajo secreto de sumario ha provocado que la familia, desesperada, reclame más medios para dar con su paradero. ¿Dónde está Francis?

Una mujer de costumbres, que siempre hace lo mismo, que “vivía por y para sus hijos”, como asegura su amiga y también abogada Conchi Galán. Sin redes sociales y con el único contacto físico de aquellos que la conocen en el pueblo. Una mujer sencilla, alegre, amable, muy conocida en la zona y que se llevaba bien con todo el mundo, una mujer normal, y sobre todo, “buena persona”. De ahí que también el pueblo esté completamente consternado por el terrible suceso.

Como se suele decir en pueblos como Hornachos, de poco más de 3.500 habitantes, un lugar donde nunca pasa nada malo. Donde todo el mundo saluda a sus vecinos, se conocen y se ayudan. Sin embargo, aquella noche del 9 de mayo “supuestamente nadie vio ni escuchó nada”, insta José Antonio. “¿Cómo puede desaparecer una persona en cincuenta metros y diez minutos?”, se pregunta.

Cincuenta metros y diez minutos

Aquella tarde-noche, Francisca se encontraba en su casa de la calle Nueva, en el centro de Hornachos, en compañía de sus amigos Adela y Antonio y la hija de ambos. Era casi una rutina que cuidase de la niña de tres años y que el matrimonio la visitase. Además, son amigos de la familia -Francis y José Antonio son padrinos de la criatura- y compartían muchos momentos juntos.

En el domicilio también se encontraba la señora Ana, la madre de Francis, ya mayor, a la que cuidaba y que estaba descansando en la cama. El resto de la familia, el marido y los dos hijos que aún vivían con ellos -Javier, el mediano, está independizado-, todavía no habían llegado del bar. Estaban viendo el partido de vuelta de semifinales de la Champions League entre el Juventus y el Mónaco.

Sobre las 22:50 horas de aquel martes, Francis se disponía a despedirse de sus amigos cuando arribaron su marido Diego Meneses, y dos de sus hijos, el mayor, Diego, y el pequeño, José Antonio. Se encontraron en el pequeño saloncito destinado a la tralla diaria en la casa (el más grande lo utilizan solo en fechas importantes como Navidad), se saludaron y Francisca antes acompañar al matrimonio al coche, se giró y le dijo a su hijo menor: “ahora vengo y te hago la cena”.

Cruzó el umbral de la puerta pero no la cerró tras de sí, ni la de entrada ni la del descansillo de la vivienda. Las dejó entornadas como solía hacer cuando sabía que iba a tardar pocos minutos en regresar. La vida en un pueblo como Hornachos, tranquila y sosegada, le llevaba a ser más confiada y a no temer nada malo. Su intención era volver.

Atravesaron el pasaje techado que separa la calle Nueva de la de Hernán Cortés -la paralela al domicilio de la familia Meneses Cadenas-, y Francis se despidió de Adela y Antonio. Después lo hizo de la pequeña a la que prometió hacerle sopa al día siguiente cuando le fuese a buscar a la guardería.

“Tenía planes para el otro día”, nos explica extrañada su amiga al recordar aquel momento. Se encontraban a escasos cincuenta metros de la vivienda.

Entonces, Adela vio cómo se iba hacia su casa, aunque aclara que “no la vi entrar” al pasaje. Su marido, en cambio, guardia civil de profesión contó a la familia que sí lo hizo. Cuando le llamaron alertándole de la desaparición de la mujer, él les aseguró que mientras arrancaba el vehículomiró por el retrovisor derecho del coche y la vio entrar al callejón. Allí fue donde se perdió su pista.

Diez minutos después de aquella despedida, José Antonio tuvo un presentimiento: “algo había pasado. Lo supe desde el primer momento”. Los hijos y el marido salieron a la calle extrañados ante la tardanza de la matriarca. Movilizaron a los vecinos, avisaron a la Guardia Civil y se activó la búsqueda de Francisca Cadenas Márquez.

Francisca, vestida con unas mallas negras, camiseta rosa de manga corta y unas zapatillas también negras de la marca Nike, sin dinero ni documentación, había salido a despedir a unos amigos y no había regresado a casa. Con esa información se crearon varios grupos de personas que comenzaron, en el fragor de la noche, a buscarla. En las calles del pueblo, las carreteras, a las afueras… Dos agentes, un sargento y un cabo de la Benemérita, hablaron con los vecinos más próximos al callejón y a la vivienda de los Menises Cadenas.

Los últimos testigos que la vieron

Por un lado, se procedió al registro del inmueble de la familia para encontrar pruebas o indicios que indicasen qué le había pasado a Francis. Y por otro, se localizó a aquellos vecinos que viviendo próximos a la calle Nueva se hallaban en el domicilio a la hora de la desaparición. Solo dos vecinos, Julián y Carlos ‘el Negro’, residían a escasos metros de la casa de Francisca y también del pasaje techado. “Esa misma noche entraron en mi casa [en referencia a la inspección ocular que la Guardia Civil hizo en su casa]”, nos relata el primero de los residentes que a esa hora estaba en casa cuidando de su tío enfermo.

Durante su declaración ante los investigadores, el agricultor afirmó que no había escuchado ni visto nada pese al jaleo que se formó en la puerta, que llevaba en casa sin salir desde mediodía por la enfermedad de su familiar, y que solo se enteró de lo ocurrido cuando Carlitos -ambos trabajaban juntos en el campo- le llamó por teléfono. Entonces, Julián salió a la puerta de la casa y aunque estuvo con el grupo de vecinos que buscaban a Francisca, tampoco se apartó demasiado. “No podía alejarme por mi tío”, recalca.

Otra de las inspecciones oculares que las autoridades llevó a cabo fue la casa de Carlos Guzmán, apodado ‘el Negro’, un temporero dominicano que reconoció haber vista a Francis justo antes de desaparecer. “Yo iba a coger mi coche cuando la vi aquella noche. Ella caminaba por la otra acera hacia su casa. No sabía ni cómo se llamaba, pero somos vecinos de calle, así que la saludé con un hasta luego. Ella me dijo lo mismo y luego se metió en el callejón”, explicó en declaraciones a la revista Interviú quince días después del suceso.

Entonces, las miradas se centraron en este joven de 33 años que había llegado a Hornachos tiempo atrás al comenzar una relación con una muchacha. A esto se unían sus antecedente policiales por lesiones e intento de homicidio, delitos por los que fue denunciado en 2014 y 2015. Sin embargo, ‘el Negro’ siempre mantuvo no haber “hecho nada malo”. Pero tal fue la presión mediática y vecinal que, casi al mes y medio de la desaparición de su vecina, decidió poner tierra de por medio. Cádiz fue el destino que supuestamente eligió para rehacer su vida, aunque hay testigos que aseguran haberle visto en Valencia. Y es que Guzmán, está a día de hoy ilocalizable.

Comienza la investigación: desaparición forzosa o voluntaria

En las primeras pesquisas, hubo testimonios que apuntaron al posible secuestro de Francis al confundirla con otra mujer, de raza gitana y con una ex pareja violenta. Sin embargo, la Guardia Civil barajó todas las posibilidades desde el inicio. “No se descarta nada”, nos ratifican fuentes de la Policía Judicial de Badajoz. Y todo se baraja en cuanto a sospechosos se refiere.

Pero para Conchi Galán, abogada y amiga de Francisca, solo hay dos líneas de investigación posibles: “desaparición forzosa o voluntaria. Y nosotros creemos que es forzosa”. Por eso reclaman que sea la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) quienes se encarguen de la investigación. Este grupo especializado en desaparecidos y que han llevado casos como el de Diana Quer, Yéremi Vargas o Manuela Chavero, se hace necesario para esclarecer las circunstancias de la falta de noticias de Cadenas. Así lo expresa José Antonio, aludiendo incluso a un protocolo común a todos los hechos de este tipo. “No todas las desapariciones se investigan de las misma manera”, dice con semblante serio.

Y aunque ciertamente la UCO no se ha hecho cargo directamente del caso de Francis, el grupo de agentes de la Policía Judicial de Badajoz que jamás se había enfrentado a un caso similar, sigue trabajando sin descanso para encontrar a la mujer de ahora 60 años. “Estamos constantemente allí, gestionando, investigando, preguntando, y no se deja de buscar”, aclaran fuentes cercanas a la investigación.

En un principio, se realizaron toda clase de batidas en terrenos, pueblos cercanos, inmersiones en pozos de la zona. Contando con la Benemérita, Seprona, Protección Civil, Cruza Roja, unidad canina, buzos y voluntarios. Y el pasado mes de marzo un grupo de los GEA (grupo subacuático de la Guardia Civil) procedió a hacer inmersiones concámaras especiales para sondear el fondo de 32 pozos cercanos al municipio donde pudiera haber caído o ser arrojada por alguien. En su momento se rastrearon y, ahora también, para que no quede ni uno solo sin explorar.

Esta batida pretende encontrar nuevos vestigios que puedan aporta más pistas al caso. Por el momento, el análisis preliminar de estas imágenes recogidas por el sonar ha dado negativo, pero todavía tiene que haber una supervisión a fondo desde Madrid.

Aparte de la exploración del terreno, los agentes también tomaron declaración a las últimas personas que vieron a la desaparecida, se recogieron manifestaciones a otros testigos que pudieron escuchar o ver algo aquella noche y, cuyos datos, todavía no han trascendido.

Un año después, esas declaraciones se siguen sucediendo, nos avanzan fuentes de la investigación. De ahí que la titular del juzgado de Primera Instancia e Instrucción Único de Villafranca de los Barros, haya decretado secreto de sumario a las actuaciones judiciales. Un secreto que se ordenó el pasado 28 de marzo y que se ha prorrogado recientemente hasta el 27 de mayo.

Bajo secreto de sumario

La noticia del secreto de sumario ha sido un varapalo para la familia de Cadenas que se está planteando poner un recurso para solventar esta circunstancia judicial. Para José Antonio “es un mazazo psicológico que te va destrozando”. Ese “ver pasar los días sin noticias”, ese “no saber nada” es lo que “te consume por dentro”.

En el aniversario de la desaparición de su madre, el pequeño de los hijos de Francis y Diego se muestra cansado, indignado, impotente porque “empeñas tu vida… y ves que todo sigue como el primer día”. José Antonio ya no sabe a quién creer. Y aunque no tiene pruebas de quién o quiénes son los responsables de la desaparición de su madre, su intuición le lleva a pensar en un nombre en concreto. Un nombre que no quiere desvelar por prudencia.

Ha sido un año muy difícil para esta familia. Un año en el que han pasado por diferentes etapas de sentimientos y emociones. En el que han llenado sus días de esperanza mientras intentaban saber qué ocurrió aquella noche. Indagando, investigando, no dejando que el caso caiga en el olvido. Próximamente publicarán un libro sobre lo ocurrido. Y aún así, física y psicológicamente están devastados. El marido de Francisca, Diego Meneses, padece ansiedad y estrés, se ha quedado muy delgado y “parece un hombre de noventa años pese a tener sesenta y tres”, explica José Antonio. El pequeño, el ojito derecho de Francis como aseguran amigas de la desaparecida, a sus 23 años intenta sobrellevar la ausencia materna agarrándose a los valores que le inculcó. “Eso me da fuerza”.

A esta desesperación se une también la muerte repentina de la señora Ana, la madre de Francis, en una residencia de Villafranca de los Barros el pasado 4 de mayo. En los últimos meses la anciana había pegado un gran bajón de salud. No lograba superar la desaparición de su hija, la única que le quedaba después de haber enterrado a sus tres hijos mayores. Falleció sin encontrar a su hija. “Murió de pena”, revela José Antonio emocionado. Un duro golpe para una familia que sigue luchando por encontrar al motor de su vida: Francisca.

Fuente EP Mundo La Vanguardia
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