Los increíbles ojos de Lidia y Adrián tatuados por un venezolano (Fotos)

Un arriesgado procedimiento con un resultado increíble. Una mujer y un hombre españoles se tatuaron los globos oculares. El artista, un venezolano en las islas Canarias.

Adrián Jurado tiene el ojo derecho verde y el izquierdo naranja. Lidia Reyes los tiene fucsias. Al primero lo conocen como Niño Malo. La segunda ostenta el título de la mujer más tatuada de Europa. Ambos, arriesgados y amantes de la tinta, se tatuaron los globos oculares. Y fue Óscar Márquez, modificador corporal venezolano y uno de los más reclamados de Europa, quien con una jeringuilla de insulina inyectó la parte más impensable de sus cuerpos. Esta es la singular historia de Adrián y Lidia y del tatuador de ojos… que vive en Maspalomas (Canarias).

Lidia, catalana de 33 años, camina por las calles de Mataró acompañada de su hija, de 13 años. En medio de su frente resalta una frase tatuada en cursiva: «Open your eyes» (Abre tus ojos). La gente la mira y se asombra, pero ella no se incomoda.

Se ha acostumbrado a que se detengan al verla pasar. A que la admiren o la critiquen. Y así será en adelante, porque el color que se desprende de sus globos oculares es para siempre. Y porque como ella y como Adrián sólo hay otra persona más en España: otra mujer con los ojos tintados de azul claro, aunque su rostro aún es desconocido. Los tres se han sometido a una técnica llamada en inglés eyeball tattoo.

«Soy una apasionada de la tinta, y el tatuaje de ojos me impactó. Hice averiguaciones sobre Óscar, le pregunté acerca del procedimiento y al final me transmitió tanta confianza que decidí ponerme en sus manos», recuerda Lidia dos años y medio después de que se pigmentara por primera vez los ojos con su color favorito. «Me relajé mucho. Miré para el lado contrario por el que entraba la aguja. Luego sentí una pequeña presión», detalla. Lo recuerda bien: sus globos oculares se inflamaron y tuvo que usar colirios y gafas de sol por la irritación. Los resultados finales no los notó hasta después de un mes. Los ojos le quedaron de un color rosa pastel. La segunda vez que se tatuó fue porque quería un tono más oscuro, más lila.

Hoy reconoce que su objetivo de alcanzar el récord Guinness como la mujer más tatuada del mundo la empujó hace 15 años a tatuarse todo el cuerpo, y eso incluía las escleróticas (las partes blancas del globo ocular). En 2010 aumentó el ritmo y empezó a tatuarse varias veces por semana. No logró el título. Ahora se siente «cansada» de los tatuajes del rostro y echa de menos la piel que hay bajo los grabados. Por eso ha comenzado con un tratamiento láser para quitarse el 90% de las marcas de tinta. Aunque no el tatuaje ocular fucsia. Es «irreversible», apunta el especialista Óscar Márquez.

El primero

Pero antes que Lidia, un valenciano ya había dado el paso. Adrián Jurado, alias Niño Malo, de 31 años, dueño de una barbería en Gandía, se decidió cuando un día, en México, vio a una adolescente con los ojos tatuados. Adrián contactó entonces con Óscar, a quien seguía desde jovencito por su talento en la modificación corporal, y así se convirtió hace cuatro años en el primer español con los ojos tatuados. Primero el izquierdo, color naranja. Tres meses después el derecho, color verde. «Me costó verme al espejo la primera semana… Luego pasó, porque esto es lo que quería, esto es lo que me gusta», dice.

La primera foto con su nueva mirada la compartió en Instagram el 4 de febrero de 2015. «Con tus ojos te has pasado», «Me encantas, tío», «Están guapos», le dijeron sus amigos. A su ojo derecho, el verde, lo acompaña un tatuaje negro con forma de rombo que le recorre la frente y la mejilla. Adrián tiene, además, expansores.

El tatuador venezolano

Y en los tres casos, quien ha sujetado la jeringuilla es el venezolano Óscar Márquez, de 38 años, quien presume de una experiencia amplia: dos décadas en el arte de los tatuajes y los piercings, y ocho años practicando el eyeball tattoo. Como la técnica no está regulada en España, asegura, prefiere llevar a cabo su trabajo en Suiza y en Noruega. Así que cuando un cliente requiere su técnica, generalmente debe viajar fuera. Y es por eso que el costo varía de acuerdo a la zona, dice. Entre 1.500 y 2.000 euros por los dos ojos. Con excepciones como Lidia, que no tuvo que pagar nada por su amistad con el tatuador.

Crónica le localiza en su estudio de piercings de Maspalomas. Y nos cuenta que en el mundo muy poca gente pincha las escleróticas. Él tiene implantes de silicona en los brazos, e incluso unos en la frente que dan la apariencia de cuernos y que tampoco están regulados en España. Aunque el tatuador de ojos no luce los suyos tintados. «Es una técnica difícil. Quien quiera hacérsela se lo tiene que pensar bien porque es muy riesgosa», explica Óscar.

¿Y cuál es el método? Primero, anestesia ocular. Después la tinta, un pigmento a base de agua fabricada específicamente para tatuar los ojos, se inyecta entre la esclera y la conjuntiva -dos membranas del globo ocular-. El cálculo de la cantidad necesaria de tinta debe ser exacto. Si se sobrepasa, puede haber problemas, afirma Lidia. Es lo que le sucedió el año pasado a la modelo canadiense Catt Gallinger cuando quiso tatuarse el ojo de color morado. Según contó ella, la tinta no estaba bien diluida y le inyectaron más cantidad de la imprescindible. El resultado: perdió parcialmente la visión.

«Son fallos humanos que pueden darse», asegura Óscar, pero él puede felicitarse: ya ha tatuado a más de 30 personas y con ninguna ha tenido inconvenientes. A él, cuenta, nadie le enseñó este arte extremo. A medida que asistía a convenciones de tatuajes en diferentes ciudades europeas y sudamericanas, veía cómo uno y otro aplicaban esta técnica. Antes de hacerlo, él estudió la anatomía del ojo durante dos años.

Pero, ¿de dónde viene el eyeball tattoo? El primero en experimentar con el teñido total del ojo fue un tatuador australiano que se hace llamar Luna Cobra, hace 13 años. Pretendía replicar a los personajes de ojos totalmente azules de la película de ciencia ficción de culto Dune, del director David Lynch. «Es el primero, único inventor y pionero», señala Óscar.

La técnica se difundió por el mundo, tanto que en Sudamérica «se hace de manera más normal». Aunque la Asociación Americana de Optometría condena esta práctica porque «hay riesgo de infección, inflamación e incluso ceguera».

Lidia es miope, pero ya lo era antes de tatuarse, y dice que la tinta no le ha causado ningún problema en la visión hasta ahora. Continúa utilizando lentillas. Pero los médicos insisten en los riesgos. El Instituto Oftalmológico del doctor Juan Carlos Giménez, ubicado en Zaragoza, afirma que uno de los más frecuentes es la inflamación. También el difícil control que se tiene sobre la punción. Y en el peor de los casos, la destrucción de la superficie ocular y la pérdida de visión. Por suerte, nada de esto han sentido Adrián ni Lidia.

Aunque sí el rechazo de la sociedad. Él afirma que el mayor reto comienza con la búsqueda de trabajo, porque por su aspecto mucha gente les cierra las puertas. «Te comentan cosas positivas y negativas. Tienen prejuicios», lamenta Adrián. Lidia espera que «algún día cambie» la situación. Pese a todo, el valenciano piensa tatuarse nuevamente los globos oculares con tinta negra. Dice que «los ojos son los espejos del alma».

Fuente EP Mundo El Mundo
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