Saltar al contenido
9
Abr

¡Lula no es el único! La maldición de los presidentes brasileños

Actualizado: 09/04/2018 21:51

El ser presidente de Brasil durante los últimos años podría considerarse un deporte de alto riesgo en el que en muchos casos, se tiene prácticamente la garantía de un trágico destino.

El encarcelamiento el sábado en Curitiba de Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a más de 12 años de prisión por corrupción, abrió un nuevo capítulo en la turbia historia de los mandatarios cariocas. Al menos, Lula culminó sus dos mandatos. Su sucesora Dilma Rousseff, a la que ayudó a ganar en 2010, fue destituida por el Congreso acusada de haber manipulado dinero de las cuentas públicas en 2016.

El actual mandatario Michel Temer quien tomó la banda presidencial verde y amarilla tras el impeachmen a Dilma, se mantiene en el poder con una popularidad de tan solo el 5% y con un futuro incierto, fue denunciado dos veces por corrupción, convirtiéndose en el primer presidente en ejercicio señalado de un crimen común.

Si viajamos un poco hacia atrás, hasta 1992, toparemos con Fernando Collor de Mello. Él también sufrió un impeachment acusado de corrupción y dejó el cargo tras dos años de mandato. Y solo como muestra, otro de los cinco expresidentes vivos del país, Jose Sarney (1985-1990), también es investigado por corrupción, según un trabajo publicado por el portal web estadounidense de El Nuevo Herald.

Joao Goulart, popularmente conocido como Jango. Se convirtió en presidente en 1961 después de la renuncia de Janio Quadros, que apenas duró medio año en el puesto. Luego, en 1964, Goulart sufrió un golpe de estado que instauró una dictadura de dos décadas. Pasó el resto de su vida en el exilio y murió en Argentina en 1976 oficialmente de un ataque al corazón, aunque hay versiones de que fue envenenado.

Pero el caso más trágico de los presidentes de Brasil fue, sin duda, el de Getulio Vargas. El populista gobernó el país en dos periodos entre los años 1930 y 1950 haciendo grandes esfuerzos por transformarlo hacia su industria energética. El 24 de agosto de 1954 se disparó en el corazón con un revólver dentro del palacio presidencial, dejando una nota al pueblo brasileño: “Les di mi vida, ahora les ofrezco mi muerte”. – Cuestión de democracia – Si uno escarba en la historia brasileña, no mejora mucho la situación. De hecho, el primer presidente del país fundó la República con un golpe de estado en 1889, acabando con el Imperio de Brasil.