Murió sin sufrir: Impactantes detalles del asesinato de Gabriel Cruz

El Comandante Reina y el Teniente Coronel José Hernández Mosquera, mandos de la Guardia Civil encargados de la investigación de la desaparición y asesinato del niño de 8 años Gabriel Cruz, han dado este jueves detalles de la llamada ‘operación Nemo’ en una rueda de prensa envuelta por una gran expectación.

Según los investigadores, Ana Julia Quezada tuvo a Gabriel Cruz enterrado durante doce días en Rodalquilar, mientras daba esperanza a todos de que podían encontrarlo vivo. La autora confesa de la muerte de Gabriel, lo cogió en algún punto de los 100 metros de camino de tierra que une la casa de su abuela Carmen con la vivienda de su tía Rosa, donde estaban sus primos.

Eran las 15.30 horas de la tarde en Las Hortichuelas, un lugar «donde se vive sin reloj». Lo subió al coche.

«Nadie sabe cómo se produjo. Gabriel era un niño que, si le decías que se subiera al coche lo hacía», explicó el comandante Reina de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. En la finca lo asfixió. «No sufrió», apunta el comandante.

Hizo un agujero en el suelo, cerca de la casa que hay en la propiedad, y ocultó el cuerpo semidesnudo. Sólo con unos calzoncillos puestos. Lo enterró, colocó piedras ornamentales de jardín y unos tablones para disimular que allí estaba el cuerpo sin vida de Gabriel, mientras su asesina confesa abrazaba a su padre, Ángel Cruz, y daba ánimos en la búsqueda para hallar al pequeño de ocho años con vida.

Lo tuvo allí enterrado desde el día 27 de febrero hasta el 11 de marzo. La ropa que llevaba en el momento de la desaparición la arrojó a un contenedor en Retamar.

«Se pudo guardar la camiseta para hacer un señuelo», explica el teniente coronel de Almería, José Hernández Mosquera.

El domingo de su detención se sintió liberada. Dejó a Ángel, padre de Gabriel, en una entrevista. Estaba siendo seguida por la Guardia Civil, que esperaba que la dominicana les llevara hasta Gabriel con vida, porque «se le veía una ambición económica». Siempre se buscó al pequeño vivo, pensando que era un secuestro, pero el 11 de marzo los agentes la vieron llegar sola a la finca de Rodalquilar. Era la primera vez que llegaba sola, hasta entonces había acudido periódicamente siempre acompañada.

Desenterró a Gabriel

La Guardia Civil la fotografió retirando las piedras y sacando los tablones. La vieron desenterrar un bulto que podía ser el pequeño Gabriel. Iba liado en un manta y estaba manchado de barro. Ana Julia lo cargó en el maletero y salió de Rodalquilar sin rumbo fijo. «Estuvo deambulando, pasó por Almería y varios sitios que conocía», señala la Guardia Civil, que apunta a que finalmente llegó «desorientada» hasta la puerta de su casa, donde los agentes la interceptaron, la detuvieron y descubrieron en el maletero al pequeño Gabriel.

La Guardia Civil no se cree la versión de Ana Julia

La Guardia Civil, tras la instrucción del caso, ha pedido que a Ana Julia se le procese por detención ilegal (secuestro) y asesinato. No se creen la versión de los hechos que ha dado Ana Julia en su confesión, porque Gabriel «era un niño bueno y bien educado por sus padres». Los investigadores confirman que actuó sola y que su error fatal fue la colocación de la camiseta en un lugar que se había rastreado ese día y que, aunque estaba húmeda, no lo estaba como para llevar a la intemperie varios días lloviendo.

Comenzaron a unir cabos. Las pesquisas iniciales ya habían arrojado un primer perfil de Ana Julia Quezada y comenzaron a descubrir las mentiras, las contradicciones, se fijaron en la oportuna pérdida del móvil dos veces en un corto período de tiempo o en la insistencia de la asesina confesa de ir a la zona donde colocó la camiseta en un momento en el que Ángel no la veía.

Celos del niño

La Guardia Civil asegura que el móvil, que sólo lo puede saber Ana Julia, puede ser los celos hacia el pequeño. «Para Ángel, lo primero era Gabriel. Si tenía un día era para su hijo y si tenía una hora también.

Era lo que más quería», remarcó el comandante Reina, que la definió como una persona «manipuladora». Durante la comparecencia judicial del miércoles, como relata ABC, ya intentó ablandar al juez y al fiscal con lloriqueos y manipulaciones sobre lo ocurrido.

Durante doce días hizo «una farsa» para desviar la atención y buscar «una cobertura» al crimen que había cometido. La esperanza de encontrar al pequeño con vida movilizó a 5.000 personas, 2.000 de ellos profesionales y 3.000 voluntarios. Se rastrearon más de 600 kilómetros cuadrados buscando el lugar donde Gabriel estaba oculto a la espera de un rescate, porque Ana Julia –según Reina– insistió a la familia en subir la recompensa de 10.000 euros que ofrecieron por una pista fiable sobre el paradero.

Este dato coincide con que la dominicana tiene una deuda de 35.000 euros en su país y eso alentó a buscar al pequeño en más de 500 puntos singulares, como las aguas fecales de la depuradora cercana a donde vivía el exnovio de Ana Julia, próximo a donde colocó la camiseta que llevaba con ella y al que se cree que buscó inculpar con la colocación de la prenda allí.

Fuente EP Mundo ABC
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