No creerá lo que hizo esta niña de 7 años en homenaje a su fallecido padre

Montannah Kenney, una niña de Austin (Texas) de tan solo siete años de edad, ha hecho historia la convertirse en la persona más joven en haber alcanzado jamás la cumbre del Kilimanjaro. No en vano se trata de la montaña más alta de África, con 5.895 metros de altura. Su madre, Hollie, Kenney, una triatleta profesional que se encargó de su entrenamiento, ha narrado a ‘ABC News’ esta extraordinaria experiencia en la que la idea de estar cerca del cielo y, por tanto, de su padre fallecido, resultó el mejor aliciente.

Todo comenzó cuando la pequeña escuchó a su madre hablar de visitar esta montaña con amigos hace aproxidamente un año. “Mamá, yo también quiero hacerlo”. Su madre le explicó que no se trataba de una empresa fácil, que mucha gente se ponía enferma y que era preciso seguir un entrenamiento muy duro. Pero la niña parecía convencida. Más aún, cuando se enteró de que en la cumbre estaría muy cerca de su padre, fallecido apenas una semana después de que cumpliera los tres años. “Cuando hablamos de que la montaña se en encontraba por encima de las nubes enseguida lo asoció al paraíso y eso la marcó”. Según su madre “le encantó la idea de estar más cerca de su padre y me preguntó si le podría ver”.

Tras un exigente entrenamiento y algunas gestiones por parte de su madre Montannah ha podido experimentar por fin la extraordinaria sensación de casi tocar el cielo. En sus primeras búsquedas de información Kenney vio que, en teoría, la edad mínima para ir al Kilimanjaro es de diez años. Sin embargo, poco después se enteró de casos de niños que habían hecho la escalada siendo más jóvenes. El pasado mes de enero leyó sobre una chica de Florida que lo había conseguido con tan solo ocho años. Así que decidió ponerse manos a la obra: logró un permiso para viajar con su hija y comenzó a prepararla.

El entrenamiento de Kenney y Montannah consisitó en escladas de cuatro y ocho horas todos los fines de semana y algunas excursiones y escaladas más cortas entre semana. Unas prácticas que han durado en total mes y medio y durante las cuales su madre y ella practicaban matemáticas, escuchaban música o incluso invitaban a amigos para que fuera más divertido. “No quería apartarla de su infancia”, explica.

Tras ese intenso periodo y habiendo logrado el permiso para que le permitieran intentar la aventura con tan corta edad madre e hija se pusieron rumbo a África. La gesta duró seis días en los que, según su madre, la niña no flaqueó en ningún momento ni se preguntaba eso de “¿qué hago aquí?”. Finalmente, el 16 de marzo, apenas dos meses antes de que la pequeña cumpliera los ocho años, hicieron cumbre. “Todo estaba mojado aquel día. Nos pusimos la ropa mojada, botas mojadas, mi pleo estaba congelado, nuestra propia agua estaba congelada…”, relata. Con todo, la pequeña miró a su alrededor por si podía ver a su padre… A pesar de las dificultades, para ella ha sido una experiencia inolvidable. Al menos en dos ocasiones durante la travesía le dijo que estaba viviendo “el mejor día de su vida”.

Kenney se adelanta a las posibles críticas. Sabe que no todos los padres llevarían a sus hijos a una excursión de estas características. Sin embargo, asegura que ella sabía que su pequeña estaba preparada. “Siempre que le preguntaba si estaba siendo más difícil o más fácil de lo que pensaba me decía ‘más fácil'”. Además, explica sus motivos: “Mi hija solo me tiene a mí, y soy una adulta, y quiero construir estos recuerdos extraordinarios con ella. Nuestra filosofía en la vida es ser alguien y hacer cosas con nuestras vida”. Por si fuera poco madre e hija rubricaron el viaje tras hacer cumbre con dos semanas más de turismo en África, haciendo safaris y visitando sus maravillosas playas. Sin duda, un recuerdo imborrable para Montannah.

Fuente EP Mundo HOLA
Cargando...
Cargando...