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ancianos ahogados
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Ene

No vieron venir el peligro y sufrieron una muerte pavorosa

Actualizado: 05/01/2018 10:36

La ola que se llevó en Mutriku las vidas de Diego Verdejo López, 67 años, y Loli Kintana Martínez, 65, difícilmente borrará la profunda huella que esta pareja ha dejado en Vitoria, ciudad en la que residían. El mar les mató el pasado miércoles cuando se hallaban en el espigón de Ondarbeltz en el momento álgido del temporal y en plena alerta naranja por olas de hasta 5 metros de altura.

La pareja se había acercado hasta la escollera para observar la bravura de las aguas cuando fueron tragados por un golpe de mar. Varios testigos intentaron socorrerles -uno de ellos tuvo que ser rescatado por los servicios de emergencia-, utilizando incluso una cuerda que se acabó rompiendo.

Un trágico suceso que ha causado una profunda conmoción en la familia y amigos de Diego y Loli.

No se explican «cómo no vieron el peligro». Los dos sexagenarios se encontraban en una nueva etapa de sus vidas -habían enviudado y mantenían una relación sentimental desde hacía casi un año-. Eran compañeros. Y compartían todo, incluso, «la tremenda vitalidad» que ayer ensalzaban quienes les conocían. Y eran muchos. Afables, cercanos, y con inquietudes. Son otros rasgos que definen a esta pareja del barrio vitoriano de Judizmendi a la que sus allegados despedirán esta tarde en una ceremonia que tendrá lugar a las 19.30 horas en la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza.

Diego, natural de Eibar, aunque vecino desde hace años de la capital alavesa, acudía casi a diario al Pub Betilo; un local de ambiente irlandés situado justo enfrente de su casa. «Era muy sentimental y familiar», cuenta el encargado y también amigo, quien ayer compartió con los hijos del fallecido (Virgina, Javier y Diego) en el mismo bar el dolor que sentía. «No comprendo lo que ha pasado, no me lo explico», insistía una y otra vez. «Si es que era una persona super prudente. Hemos viajado mucho juntos con el Alavés y casi se podría decir que era el padre de todos. Nunca nos dejaba correr ningún tipo de riesgo».

Significado especial

El propietario del Betilo relató que el lugar en el que falleció la pareja fue «el mismo» en el que «habían esparcido las cenizas de la mujer de Diego», Pilar, que murió en 2014 a los 62 años. Ayer, uno de sus hijos despedía a su padre en una red social con una foto familiar tomada en el mismo espigón y un escueto y sentido mensaje acompañado por el emoticono de un corazón: «Siempre te llevaremos dentro». Era un lugar con un significado especial.

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