Oscuro modus operandi del violador del Eixample con un destornillador

El juicio contra Francisco Javier Corbacho, el conocido como nuevo violador del Eixample, ha quedado visto para sentencia. La Fiscalía y las acusaciones piden para él la pena máxima de 90 años de prisión por las cinco violaciones de las que se le acusa y tres delitos de robo. En la última sesión de la vista, el acusado ha negado los hechos. Ha relatado que los días en que se cometieron las agresiones sexuales él se encontraba vagando por el Eixample buscando bares y portales donde consumir cocaína.

Se ha presentado ante el tribunal como un drogadicto y por esta razón abordaba a las mujeres cuando estaban a punto de entrar en el portal de sus viviendas para evitar que se cerrara la puerta y buscar un espacio donde consumir. Los médicos forenses que han declarado en el juicio han negado que Corbacho tenga dependencia a las drogas.

Al procesado se le atribuyen cinco agresiones sexuales siguiendo el mismo modus operandi.

Merodeaba de madrugada por las calles cercanas a la plaza Universitat, en busca de alguna mujer que volviera sola a casa después de salir de fiesta. Luego las seguía y las asaltaba cuando entraban en el portal, las amenazaba con un cuchillo, un destornillador o una navaja, y las agredía sexualmente en una zona cercana al ascensor. El presunto autor usaba como armamento las herramientas que utilizaba en su jornada laboral como electricista.

Los análisis genéticos realizados a partir de los restos biológicos hallados en el lugar de los hechos concluyeron que se correspondían con el ADN del acusado. Ante esto, el procesado ha reconocido que mantuvo relaciones con una de las víctimas pero que fueron consentidas. Ha explicado que amenazó con un destornillador a la mujer cuando entró en el portal con la intención de robarle el dinero para consumir cocaína pero que fue entonces cuando la víctima le propuso mantener relaciones. “Ella quiso más”, ha llegado a decir el acusado. En cambio, ayer, la víctima relató que el hombre le puso el destornillador en el ojo para forzarla. Todas las mujeres agredidas sufren un trastorno de estrés postraumático que se ha cronificado y les impide hacer vida normal.

Amenazaba a las víctimas con herramientas de su trabajo como electricista

Los Mossos d’Esquadra detuvieron en marzo de 2016 a Francisco Javier Corbacho después de desplegar un amplio dispositivo en el Eixample alertados por la presencia de un violador en serie que actuaba en la zona. Le dieron caza cuando se preparaba para actuar. Los agentes se percataron de que un hombre, cuya descripción cuadraba con la que habían dado las víctimas, estaba siguiendo a una mujer escondiéndose tras los contenedores y esprintando cuando la mujer entró en un portal. En aquel caso, el acusado desistió, según la fiscalía, “porque en la finca no había ascensor”.

Los hechos que son objeto de acusación ocurrieron entre septiembre de 2015 y enero de 2016. Sin embargo, a partir del cotejo de las muestras biológicas recogidas en sus últimos ataques se le pudo atribuir una violación anterior del año 2004. Por todo ello, la fiscal se ha preguntado si en esta década desde que el acusado inició su conducta pudo cometer otras agresiones que no han trascendido. Por ello solicita para él la pena máxima de 90 años de prisión puesto que “nos hallamos ante un verdadero depredador sexual”.

Fuente EP Mundo La Vanguardia
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