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¡Perturbador! La ciencia está en busca de muertos para procrear

Actualizado: 06/12/2018 13:36

Los avances de la ciencia continúan, los métodos para procrear y buscar la vida también, donar órganos es una práctica bien recibida en la actualidad, pero ¿Qué pasa cuando se trata de un útero que no es tuyo? Este reciente estudio devela, lo bueno y lo malo, parte de lo que ha encontrado la ciencia en esta práctica que aún resulta un poco extraña para ser aceptada en todo el mundo.

Entre el derecho a la maternidad, los dilemas éticos y los riesgos a la salud, esta cirugía podría ser una gran alternativa ante la infertilidad.

48.5 millones de parejas en todo el mundo padecen de problemas de fertilidad, lo cual limita sus posibilidades de formar una familia a la adopción o a las madres subrogadas. Además, muchos casos se deben a que las mujeres son sometidas a histerectomías por la presencia de tumores, endometriosis severas u otras complicaciones en el parto.

Es por ello que avances médicos como el trasplante de útero pueden ser revolucionarios, aunque su tasa de éxito no es óptima. Desde el 2014, cuando se logró por primera vez el trasplante, se han intentado 39 trasplantes de úteros entre personas vivas y sólo 11 han gestado bebés sanos. Sin embargo, los médicos e investigadores comenzaron pruebas experimentales con órganos provenientes de cadáveres, en total acumularon 10 intentos sin éxito alguno… hasta ahora.

El primer trasplante exitoso de un donante fallecido

El primer caso de éxito ocurrió en el 2016, pero recientemente se publicó en The Lancetque detalla el logro del trasplante entre un donante fallecido y una mujer viva. Esto ocurrió en el Hospital das Clinicas de Sao Paulo, en colaboración con la Universidad de Sao Paulo. La operación utilizó el útero de una mujer de 45 años que falleció de un infarto cerebral y que en vida había dado a luz a tres bebés.

La mujer que recibió el trasplante tenía 32 años y desde su nacimiento no tenía útero. Asimismo, 4 meses antes de la operación se sometió a un ciclo de fertilización para conseguir ocho blastocitos —la etapa temprana del desarrollo de embrión— que fueron conservados.

Una vez el trasplante fue completado, la mujer comenzó un fuerte y difícil tratamiento de inmunosupresores —medicamentos que los receptores de trasplantes suelen tomar para que su cuerpo no rechace los órganos donados—. Ella tuvo su primera menstruación a los 37 días del trasplante y a los 7 meses quedó embarazada mediante la fertilización in-vitro de un embrión.

El resto de la gestación se llevó a cabo sin complicaciones, tampoco existió rechazo alguno del órgano, por lo que dio a luz a una niña. Aunque, para poder suspender el tratamiento de inmunosupresores, los médicos decidieron retirarle el útero tras la cesárea, culminando así el primer trasplante que dio buenos resultados.

Uso de úteros de donantes fallecidos: la controversia

Cuando se trata de otros órganos, tomarlos de las personas fallecidas que en vida expresaron su deseo de donar sus órganos —o que sus familias dieron el consentimiento— es la forma ideal de aumentar la disponibilidad de éstos. Los úteros no tienen diferencia alguna. Pero al tratarse de un procedimiento nuevo, en muchos países sigue siendo una cirugía experimental, en la que pueden ocurrir un sinnúmero de complicaciones, como rechazos o infecciones, por ejemplo.

Sin embargo, la controversia surge cuando al derecho a ser madre se contraponen a los riesgos y costos de tales cirugías, en particular cuando hay otras alternativas. Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes declaró: «Los riesgos que asume la madre y el impacto en el feto no compensan el objetivo final de concebir un bebé y además existen alternativas viables, como la adopción. En los casos de mujeres que nacen sin útero hacer esta intervención prima el derecho de la mujer a la maternidad, pero en nuestra opinión es más importante respetar el principio de no maleficencia [no hacer daño] y también la de hacer un uso adecuado de los recursos públicos».

Sin embargo, el consenso en general es que de dominarse, este tipo de trasplantes podrían convertirse en una cirugía de procedimiento, que no sólo se limiten a la donación de familiares y personas cercanas a los receptores —y por lo tanto reducirían los riesgos a la salud de los donantes con vida.

También permitirían que personas que se han sometido a cirugía de reasignación de sexo sean capaces de realizar la gestación por ellos mismos, lo cual, por otro lado representa otra gran controversia, en especial entre aquellos grupos de personas que aún limitan las libertades de la comunidad transgénero.

Los investigadores concluyen que tal cirugía: “Abre un camino a un embarazo saludable para todas las mujeres con infertilidad por un factor uterino, sin la necesidad de donantes con vida o una cirugía con un donante vivo”.