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oscar benavente
1
Ene

Queda en coma tras caer del noveno piso y después hace esto

Mañana se cumplen 323 días en la nueva vida de Óscar Benavente. Un tiempo irrelevante si no fuera porque está delimitado por el día en el que este adolescente de 16 años cayó desde un noveno piso y la fecha en la que volverá a participar en la San Silvestre. Los diez kilómetros de la popular carrera vallecana reflejan los diez meses de superación y ganas de vivir de este chaval de Moratalaz, protagonista de un milagro de película:

«Me han salvado mi familia, mis amigos y el deporte».

Óscar, delgado y con el rostro aniñado, aún definido por la pubertad, habla risueño y sin parar tras entrenar en el parque del Retiro. Del día del accidente no sabe más que lo que le han contado o lo que ha visto y leído en las noticias. «No recuerdo nada de ese día, los médicos me han dicho que es normal», dice tranquilo, como si su caso no fuera uno entre millones.

Un joven madrileño de 16 años participará en la carrera popular tras estar en coma hace solo diez meses

El pasado 11 de febrero entró junto a dos amigos en un edificio en obras de la calle de Atocha. Querían hacerse unas fotos en lo alto del inmueble. Cuando subía por unas escaleritas, se apoyó en una lona creyendo que era sólida y se precipitó 28 metros abajo por el hueco de un ascensor. «De la pierna izquierda me rompí la tibia y el peroné y se me salieron los huesos; de la derecha perdí un trozo del talón y se me fueron dos centímetros del calcáreo. También me dañé los riñones y el hígado, en el pulmón tuve hemorragias internas y se me rompieron tres apófisis de la columna; en la cabeza me rompí tres huesos y se me hinchó el cerebro», relata mientras muestra las numerosas cicatrices de sus piernas.

Las heridas fueron tales que estuvo cerca de un mes en la UCI, quince de ellos en coma inducido, al borde de la muerte. Los médicos sostienen que, en el caso de sobrevivir a una caída así, lo normal es que quedes paralítico.

Pero Óscar no. Apenas cinco meses después de esos días críticos, con cuatro operaciones entre medias, comenzó a trotar. Cada zancada era un regalo, como cada día de esta segunda vida; para él y para sus padres. También un pequeño paso de gigante en una recuperación que se ha extendido ocho meses.

«He tenido rehabilitación mental, unos dos meses, y física, en el Gregorio Marañón».

Promesa con su padre

El deporte, entonces, se convirtió en algo más que un pasatiempo. «Me encanta correr y me encanta el deporte», e insiste: «Junto a mi familia y mis amigos es lo que me ha salvado; es un reto y una superación». Así surge la idea de correr su tercera San Silvestre en tres años, ajeno a las evidentes dificultades. «Es una promesa con mi padre y con un amigo, el jefe de Bomberos de Madrid, voy a correrla con los dos».

Aunque en las anteriores participaciones estuvo en torno a los 50 minutos de tiempo –la primera por arriba y la segunda por debajo–, en esta ocasión la meta ya está casi alcanzada: «Esta vez con terminarla me conformo, que ya es mucho», confiesa. Desde hace meses entrena en la pista de atletismo de Moratalaz, su barrio, y en el Retiro; sin prisa pero sin pausa, como un escalador ante una montaña.

Aunque tiene claro que terminar la San Silvestre es el objetivo inmediato, ya piensa en participar en triatlones y en un Ironman, una de las pruebas más duras del mundo. Un deseo lejano pero no imposible para este joven con alma de gato, otro ganador más de los más de 40.000 soñadores de la carrera.