Revelan la dolorosa verdad en la frente tatuada de Tomek

Una noche de muchos tragos le salió cara al sintecho que fue víctima de las malas intenciones de un grupo de ingleses ebrios. Las letras grabadas en su frente están vinculadas al protagonista de una despedida de soltero.

El sueño de Tomek siempre había sido visitar España. Posiblemente por la comida, ya que cocinar es una de sus grandes pasiones. De hecho, España podría haber sido el destino de su luna de miel si hace unos tres años no hubiese descubierto que su prometida le era infiel. Ocurrió de repente, unas semanas antes de la boda y poco después de haber comprado los anillos de compromiso. La noticia destrozó por completo a Tomek e hizo añicos su mundo.

Tras romper la relación, dejó su trabajo en la cocina de un hotel de cuatro estrellas de Polonia y se echó a andar. «¿Qué otra cosa podía hacer? Fue una bofetada en toda la cara», asegura.

Desde el primer momento tuvo claro el destino y aunque pasó por Alemania y Francia, no paró hasta llegar a Barcelona, recorriendo a pie los más de 2.700 kilómetros que separan este país del suyo. No le frenaron sus problemas de cadera ni la cojera que le provocan en una pierna. Escapaba de un momento duro y ya no le quedaba prácticamente nadie cercano. No se hablaba desde hacía años con su único hermano y su madre había muerto alcoholizada, una enfermedad de la que él también está intentando escapar y que lo ha arrastrado a dormir y a vivir en la calle durante este tiempo.

Tras vivir un tiempo en la Ciudad Condal, recorrió todo el litoral, pasando por Tortosa, Alicante y Murcia. Finalmente descubrió Granada, una ciudad que adora y en la que hizo muy buenos amigos. Sin embargo, el albergue y el comedor social que frecuentaba en la ciudad andaluza cierran en verano y todo el mundo le hablaba maravillas de Benidorm, así que se mudó y acabó quedándose allí más tiempo del que en principio esperaba.

Ingleses malintencionados

Tomek acabó siendo un habitual de la calle Girona, donde solía transitar por las aceras frente al Kentucky Fried Chicken de la famosa zona guiri, la parte más controvertida de la ciudad, especialmente al caer el sol. Fue allí donde, una noche del pasado mes de mayo, se cruzó con un grupo de ingleses que celebraban una despedida de soltero en la terraza de un hotel.

Su carácter afable y su dominio del inglés hicieron de él un objetivo fácil para estos turistas ebrios de alcohol barato y con ganas de emociones fuertes. Uno de ellos se empeñó en conseguir que Tomek se tatuara en la frente «Jamie Blake, North Shields NE2», supuestamente el nombre y la dirección del novio al que estaban dedicando la fiesta.

Lo que en principio parecía una broma fue tornándose en una apuesta cada vez más seria. A cambio, el inglés, que lo acompañó a un salón de tatuajes cercano, le pagó cien euros en metálico. Aunque Tomek asegura que todo lo que ocurrió aquella noche está bastante borroso en su mente, recuerda que la cantidad le pareció una fortuna. «Cuando vives en la calle, tienes hambre y necesitas beber, una cantidad así de dinero es como ganar la lotería», asegura. Y eso le llevó a aceptar el trato.

“Sufrí tanto…”

Sin embargo, cuando la aguja del tatuador llevaba ya un rato perforándole la piel, aquello se convirtió en una tortura y tuvo que pedir que lo dejaran. «Si yo que estaba totalmente borracho sufrí tanto, no imagino lo que debe de doler para una persona sobria». Para ese momento, el interés del turista ya parecía haberse desbravado y -según comenta Tomek- lo dejó ir sin darle ya apenas importancia al asunto. «Allí no había 30 personas como se ha dicho en los periódicos británicos. Sólo había una persona, que estaba también borracha como yo, riéndose y sacando fotografías. Cuando ya no pude más porque la zona donde me estaban tatuando era sólo piel y hueso, me miró y simplemente me dijo: “Vete”».

Cuando Tomek despertó al día siguiente y vio el nombre de Jamie Blake, la única parte que el tatuador había conseguido marcar, lo primero que pensó es «qué cojones he hecho» y posteriormente se dio cuenta de que había sido víctima de una vejación, de algo que aunque él había aceptado, no era normal ni seguramente legal.

«También estoy convencido ahora de que el tatuador debería haberse negado porque vio que estaba borracho», añade.

Sin embargo, enderezarse y denunciar la situación en aquel momento no le resultaba nada fácil. Pocos días antes le habían rajado el cuello -le dejaron una cicatriz que aún conserva- y le habían robado sus últimos 17 euros. «Simplemente, creía que la Policía iba a reírse de mí y no pensé que lo que me habían hecho era un delito, algo que ahora sí sé», matiza.

La única persona que acudió en su ayuda fue Karen Cowles, presidenta de la Asociación de Comerciantes Británicos de Benidorm. Tras un primer encuentro quedaron en mantener el contacto pero al poco tiempo Tomek se esfumó. En realidad volvió a Granada para pasar unos días pero allí las circunstancias se complicaron porque recibió la noticia de que un amigo suyo había fallecido; «había sido asesinado», matiza.

Nadie sabía de su paradero, por eso ha sido tan difícil localizarlo después de que recientemente saltara la noticia de su vejación. La Policía Local, los servicios sociales del Ayuntamiento y la asociación de británicos que ha llegado a reunir 3.000 euros a través de un crowfunding, todos lo buscaban.

Fue de nuevo Karen Cowles quien dio con él y lo invitó a volver a Alicante para interponer una denuncia formal y emprender su rehabilitación. «Está muy nervioso y estresado porque para él todo esto es nuevo. Sabe que necesita ayuda médica y nosotros queremos ayudarle a que la consiga pero tampoco queremos ejercer de padres, encerrarlo u obligarlo a quedarse en Benidorm. Es un adulto y vamos a ver las opciones que tiene».

Por lo pronto, después de su primera cita médica se le ha ofrecido tratamiento para su artrosis y se le ha detectado una inflamación de hígado y los restos de una infección de pecho que incluso él desconocía. «Los médicos han sido muy serios con él y le han advertido que debe dejar el alcohol y que esta oportunidad es como un ángel que se le ha aparecido», apunta Cowles.

Él también lo tiene claro y sabe que ésta puede ser su segunda oportunidad.«Incluso podría llegar a abrir un restaurante de comida tradicional polaca, quién sabe, nunca voy a rendirme, no después de lo que me ha pasado».

Fuente EP Mundo El Mundo
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