Sigue el drama del anciano que asesinó al torturador de su esposa

La actuación de Jacinto S.M., que hoy tiene 83 años y es dueño de la casa asaltada por dos personas en una finca de Güimar, Arafo (Santa Cruz de Tenerife) el 1 de marzo de 2015 estuvo «sobradamente justificada» por tratarse de legítima defensa.

«Si algo le importaba al acusado» al efectuar los dos disparos contra los dos atacantes de su hogar era «la vida de su mujer», Mercedes. Quien así habla no es otra que la fiscal en el juicio con jurado popular que se celebra en la capital tinerfeña y debe decidir sobre el homicidio de Jonás C.R., de 26 años.

La representante del Ministerio Público, Náyade Remón, defiende la actuación del anciano, quien acabó cogiendo un revólver y efectuando un disparo mortal contra el ladrón.

Remón asegura que el anciano solo encontró una posibilidad a su alcance para preservar la integridad de sus bienes y de las «tres vidas en riesgo» que había en el domicilio, la suya propia, la de su esposa y la de su cuñada, Carmen, encerrada en el baño.

«Jacinto se encuentra ahora más tranquilo», dice a ABC su letrado, Avelino Míguez, aunque recibió el veredicto de «culpabilidad con la atenuante muy cualificada» de defensa propia emitido por el jurado el pasado 6 de abril como un auténtico mazazo. En un «estado de nervios» galopante durante todo el juicio y también tras escuchar el dictamen de los miembros del jurado, ahora aguardan la sentencia del magistrado, que llegará en los próximos días.

«No se ve entrando en prisión», dice su abogado, aunque no se ha tenido en cuenta su edad. «Haremos lo posible y lo imposible. Pedimos el indulto y recurriremos el fallo, porque es un caso de legítima defensa de libro», remacha Míguez.

Durante el juicio, que concluyó la semana pasada en la capital tinerfeña, hasta la abogada de la madre del ladrón fallecido, Alicia Palomares, reconoció que Jacinto «pudiera haber reaccionado» en legítima defensa, lo que reduciría la pena de 10 a 2,5 años de prisión. Sí reclamó una indemnización a la familia del fallecido de más de 76.690 euros y una pena de un año de prisión para el anciano por tenencia ilícita de armas. Jacinto y su abogado asumen esta segunda causa, aunque sostienen que subsidiariamente esa condena debería ser de seis meses de prisión.

En efecto, un excazador como Jacinto cogió un revólver marca Rubi del calibre 38 que le había dado un hijo –que luego falleció– y para el que ya no tenía licencia y efectuó dos disparos, uno al aire, y otro cuando Jonás se giró en el umbral de la puerta e hizo una maniobra con el arma que portaba.

Jacinto no podía saber que esa arma era simulada, afirma Míguez. Jonás y Cristian, el menor de 17 años que también entró a robar a la casa, iban pertrechados con palos, cinta americana, ropas negras y caretas que les tapaban la cara.

Los peritos avalaron en el juicio que el disparo que acabó con la vida de Jonás fue efectuado en un recinto de poca luz, a una distancia superior a al menos un metro y medio y que la bala entró por la mejilla izqueirda, por encima del labio, atravesó la cavidad bucal, seccionó la vena yugular de Jonás y salió por la parte derecha del cuello.

Temió por su mujer

Jacinto estaba en una zona recreativa de su finca a la que llaman «barbacoa» viendo el Real Madrid en televisión. Eran las 21.30 horas. Su mujer y cuñada se reían viendo a Belén Esteban en el salón, donde emitían el programa Gran Hermano VIP. Los asaltantes forzaron a Jacinto a mostrarles la caja fuerte, mientras Carmen corría a esconderse al baño y telefonear a su marido para que alertase a la Policía.

Una vez dentro de la casa, a Mercedes, que gritaba y llora, la amenazan con irle desencajando los dedos de la mano con una puerta. Mercedes relató al jurado que si Jacinto no hubiese reaccionado, ni ella ni su marido estarían con vida. Al oír el llanto de su esposa y las amenazas de muerte proferidas, Jacinto actuó.

Según ha confesado Cristian, que ha cumplido la condena por robo a la que fue sentenciado por un tribunal de menores, «él hubiese actuado como Jacinto, con la diferencia de que “no dejaría que se escapara ninguno”». «Les rompimos la vida en ese incidente y si tengo que cumplir una condena más, lo hago», reparó. Cristian desmenuzó que todo fue un plan urdido por su padre, José, que esperaba a los dos asaltantes fuera de la finca junto a su novia. en un coche.

Fuente EP Mundo ABC
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