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May

“Soy un cerdo”: Pérfido bombero tendió una trampa a sus compañeras

Actualizado: 17/05/2018 8:38

En el cuerpo de bomberos de Barcelona trabajan 550 bomberos de los cuales sólo seis son mujeres. De ellas, cuatro están asignadas en el parque de Sant Andreu. Aquel 26 de septiembre del 2015, dos estaban de servicio. Eran las 20.45 horas, empezaba a anochecer y los bomberos que suelen compartir turnos de 24 horas se preparaban para cenar. Una de ellas entró en su vestuario para coger un libro de una taquilla elevada.

Para ayudarse a subir tuvo que mover un banco cuando de pronto oyó un pequeño tintineo, como de algún objeto que acababa de caer. Era un lápiz de memoria. Su primer instinto le llevó a pensar que debía ser de su compañera de taquilla. Sin embargo, aquel hallazgo tan poco habitual desató la curiosidad de las bomberas. “Va, ¿a ver qué hay?”, decía una. “¿Qué habrá dentro?”, se preguntaba otra. Ese fue el tema de conversación durante la cena, también entre sus compañeros hombres, entre los cuales estaba el autor de los hechos que prefirió guardar silencio, aunque ellas todavía no sabían que era él. Todo el mundo quería saber qué secreto escondía aquel USB. La incógnita se despejó de un plumazo cuando una de ellas se llevó el lápiz de memoria a una sala apartada. Al abrir el archivo aparecía ella desnuda junto a sus compañeras aseándose en el vestuario femenino. Las habían grabado.

La Fiscalía solicita seis años de prisión por un delito contra la intimidad. Las víctimas reclaman que deje de trabajar con ellas en el cuerpo de Barcelona

Al estupor inicial le sucedió la indignación y luego el interés por saber dónde se mantuvo escondido aquel lápiz de memoria con cámara incorporada. Todos los compañeros se movilizaron para registrar el vestuario. Debajo del banco en el que se subió la bombera encontraron un velcro adhesivo. Eso era lo que sostenía al USB. Como ese, aparecieron más enganches debajo del lavamanos y en otros puntos del vestuario. El autor iba cambiando la cámara de sitio y de ángulo para enfocar las duchas y las taquillas. Se encontraron hasta trece archivos con vídeos e imágenes que se correspondían con los últimos tres meses, de julio a septiembre. No sabían quién podía haber sido capaz de hacer algo así, hasta que al final de un vídeo apareció su rostro. El hombre se grabó sin querer al recoger la cámara. Apareció en tres grabaciones. Era su compañero José Z., un bombero vinculado al cuerpo desde hacía más de una década.

“Lo que más nos dolió fue que se trataba de una compañero, fue un shock”, destaca una de las víctimas. “Esa fue la parte más dura, que todo eso lo había hecho un compañero”, resalta otra de las afectadas. “Al final aquí en los bomberos somos todos una familia y eso cuesta más de digerir porque es alguien muy cercano”, hemos sufrido mucho sobre todo por esto, porque cuesta mucho denunciar a alguien que conoces”.

Las afectadas agradecen el apoyo de sus compañeros y la dirección de bomberos

Como es lógico, aquello provocó un enorme revuelo. Todos los compañeros arroparon a sus compañeras ante un hecho tan lamentable mientras que el responsable se apartó discretamente sin dar explicaciones. Las bomberas pusieron el hecho en conocimiento de la dirección y pactaron no hacer público en ese momento la identidad del autor de los hechos. “Sale alguien en el vídeo per no sabemos quién es”, dijeron. Al día siguiente la dirección de los bomberos llamó a los Mossos d’Esquadra e interpuso una denuncia mientras que el autor de los hechos mandó un mensaje a las mujeres reconociéndolo todo y pidiendo disculpas.

La prefectura de los bomberos de Barcelona abrió un expediente disciplinario a José Z. y le suspendió de empleo y sueldo. El procedimiento administrativo quedó paralizado al iniciarse el proceso penal a raíz de la denuncia que interpuso el jefe de turno de los bomberos, a la que se unieron posteriormente las tres bomberas afectadas.

Con la instrucción finalizada y a la espera de que se dicte fecha para el juicio, la Fiscalía solicita para el bombero voyeur una pena de seis años de prisión por tres delitos contra la intimidad y una indemnización de 3.000 euros para cada una de las afectadas, según figura en el escrito de acusación al que ha tenido acceso La Vanguardia.

El Ayuntamiento suspendió al bombero voyeur y le pide seis años de cárcel

Las víctimas, por su parte, reclaman no volver a trabajar nunca con el mirón. No quieren encontrárselo en la centralita, ni cruzar palabra por radio, ni que vaya a trabajar a otro parque de bomberos ante el riesgo de que pueda actuar de la misma manera con otras mujeres. “El trabajo de bombero se basa en la confianza en tu compañero porque afrontas situaciones límite. Cuando esto se rompe es muy difícil trabajar”, precisan. No tienen ningún interés en que vaya a la cárcel si cuando salga puede volver a trabajar con ellas.

Además, las bomberas destacan la importancia de este caso puesto que creará un precedente en la reciente historia de las mujeres en el cuerpo de bomberos de Barcelona. La primera mujer ingresó en el año 2007 después de superar las mismas pruebas físicas que los hombres. Fue todo un hito. Desde entonces, de forma progresiva aunque lentamente, las bomberas se han incorporado al cuerpo de emergencias de Barcelona. Por todo ello, las afectadas creen que debe quedar bien clara la línea entre lo que se puede hacer y lo que no. “Una actuación así debe ser ejemplar para que nunca más vuelva a pasar”, señalan. Ni el expediente disciplinario ni una sentencia de prisión acarrearían la inhabilitación del presunto autor de los hechos del cuerpo de bomberos. A la larga podría volver.

Las mujeres insisten en que el castigo que se imponga creará un precedente

Fuentes del Ayuntamiento admiten que la pérdida o inhabilitación de una plaza de funcionario público sólo puede determinarla un juez y según los requisitos que contempla la ley general de la administración pública. Una vez haya sentencia firme, el expediente disciplinario determinará la sanción que le corresponda. En un principio, la normativa contempla la inhabilitación de un funcionario público a partir de un paquete de ilícitos entre los que no está incluido el delito contra la intimidad. El debate jurídico girará en torno a si el acusado cometió el delito en el ejercicio de sus funciones. ¿Pudo acceder a colocar las cámaras porque era bombero o eso no tuvo nada que ver?. Esa será la cuestión jurídica que deberá resolverse sobre una eventual inhabilitación.

Para las afectadas la grabación supuso un duro golpe. Les invadió un sentimiento de desconfianza que nunca antes habían experimentado. Aun así, agradecen el trato recibido por los bomberos hombres, que se indignaron tanto como ellas cuando vieron que un compañero las había grabado. También se sintieron reconfortadas por el respaldo que les brindó la dirección de los bomberos, que se puso a su disposición y les ofreció asistencia jurídica. “El trato de todos los compañeros ha sido impecable”, señalan.

El acusado pidió que se levantara la suspensión de empleo y sueldo y poder volver al servicio pero el 7 de marzo de 2016 un juez lo desestimó. Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona, en febrero del 2016, se personó en la causa como acusación particular y pide la misma pena que la Fiscalía y las bomberas, 6 años de prisión, a razón de dos años por tres delitos contra la intimidad.

“Soy el puto cerdo hijo de puta de la cámara”

“Soy un cerdo y lo siento”

El bombero José Z. fue suspendido de empleo y sueldo y desde entonces no ha vuelto a trabajar. Al día siguiente, envió un mensaje a sus compañeras, que figura en el escrito de acusación del fiscal, en el que reconocía haber sido el autor de las grabaciones para pedirles disculpas. “Soy el puto cerdo hijo de puta de la cámara. Primero de todo lo siento y me arrepiento al 100%. He pasado toda la noche pensando en cómo justificarlo y es imposible porque no tiene nombre lo que he hecho. Me siento muy mal y asumiré que ruede mi cabeza después de hablar y explicarme. Me gustaría dar mi versión en frío. Lo siento.” En un segundo mensaje que envió a las mujeres aseguró: “Jamás en la vida he hecho una estupidez tan grande y juro que nunca más haré nada malo. En el fondo no soy mala persona aunque lo haya sido últimamente”.