Virtud y repugnancia ; Por Claudio Nazoa

La virtud

La virtud, buscada desesperadamente por quien no la posee, hace que se pierda la principal virtud de la virtud: la bondad.
Un virtuoso puede no tener virtud.
La virtud es como la filosofía: puede estar en cualquier parte y sirve para todo; sin embargo, es intangible.
La virtud, en un ser humano, es un don difícil de saber cómo se adquiere. No se estudia ni se aprende en cursos de autoayuda; es, simplemente, una cualidad.
Quien posee virtud no debe alardear de ella porque si lo hace, la virtud se convierte en pedantería y deja de ser virtud.
La virtud siempre es positiva, la puede tener cualquiera, incluso alguien que nos caiga mal. Es un don que, como la belleza física, es independiente a la simpatía.
La virtud destaca habilidades innatas no buscadas.
Quien tiene virtud puede fingir ser repugnante, pero un repugnante no puede fingir tener virtud.
La virtud no espontánea se convierte en repugnancia.

II

La repugnancia

La repugnancia es rechazo. Es una sensación desagradable que producen las acciones o el alma de algunas personas.
El repugnante a veces nace; otras, se hace durante el transcurso de la vida y a través de sus actos.
El peor de los repugnantes es aquel quien siendo repugnante, cree ser simpático. Incongruencia producto del desconocimiento del significado del vocablo.
Al repugnante nadie lo ama. Lo adulan, le temen o lo desprecian.
El repugnante es un infeliz peligroso, especialmente cuando no se reconoce a sí mismo y atribuye su repugnante reflejo a otros. Ceguera del desventurado.
Al repugnante con poder le gusta que lo adulen y quienes lo adulan, se sienten repugnantes.
El repugnante sin poder, adula.
Un repugnante bruto y con iniciativa es peligroso

Fuente EP Mundo Claudio Nazoa
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