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caníbal de la Guindalera
23
Feb

Revelan escalofriante confesión del caníbal de la Guindalera (Foto)

El caníbal de la Guindalera, identificado como Alberto Sánchez, de 26 años de edad le confesó de manera lacónica a dos agentes de la Policía Nacional cuando le preguntaron por su progenitora:

“Sí, mi madre está aquí dentro. Fallecida”

La escena que encontraron los agentes fue espeluznante, quienes la contemplaron jamás la olvidarán. Los restos de María Soledad Gómez, de 66 años, estaban repartidos por toda la casa e introducidos en fiambreras de plástico. La mujer había sido asesinada por su hijo, presuntamente, quien después decidió descuartizarla, y después el joven aparentemente se comió a su madre.

“El perro y yo nos hemos ido comiendo a trocitos a mi madre”, manifestó espontáneamente el supuesto criminal.

Detalles sobre la vida del caníbal de la Guindalera y su madre

El terrorífico suceso se descubrió a las tres y media de la tarde del jueves. Fue una amiga de la víctima la que acudió a presentar una denuncia a la comisaría del distrito. 

En su entorno, conmocionados y afligidos por lo ocurrido, aseguraban que Alberto había tenido varias órdenes de alejamiento de su progenitora, la última, reciente. Se desconoce si estaba en vigor aún. Las fuentes informantes no pudieron confirmarlo.

Alberto Sánchez.

Lo cierto es que Soledad, viuda desde muy joven, siempre le acogía en casa. “Al fin y al cabo es mi hijo, ¿qué voy a hacer?”, explicaba un conocido, consternado y horrorizado por el triste y truculento final de esta mujer. “Era muy buena persona”, decía.

Alberto, el caníbal de la Guindalera, es el menor de dos hermanos y, según su círculo más cercano, es consumidor de drogas y sufre problemas psiquiátricos. De hecho, algunos apuntaban a que estuvo ingresado una temporada en un centro debido a su delicada salud mental.

Su madre era viuda desde muy joven

Los cuatro miembros de esta familia se mudaron al barrio de La Guindalera hace más de veinte años y el padre, ebanista de profesión, falleció al poco tiempo. Soledad se quedó viuda con sus dos vástagos. El pequeño estudió en el cercano Colegio Calasancio y después en la Escuela de Hostelería, y trabajó como camarero una temporada.

Después algo se debió de truncar en él. Su hermano mayor, Jesús, se independizó hacía mucho tiempo y apenas mantenía relación con ellos.

“No se hablaba con su madre. Y venía a rescatar a Alberto y a sacarle las castañas del fuego cuando le detenían por pegar a su madre o por otros motivos”, aseguraba un vecino.

La víctima, una mujer menuda y extremadamente frágil (“pesaría unos 40 kilos”), padecía párkinson y era alcohólica. Soledad se desahogaba con los dueños y algún parroquiano cuando iba a tomar alguna copa de vino, pero eran pocos los sabían que su hijo la golpeaba.

“Cuando llegaba con la cara amoratada o con cardenales, le echaba la culpa al perro y decía que se había caído al tropezar con él”, afirmaba José, cariacontecido.

El Día de Reyes, comentaban unos vecinos fue posiblemente la última vez que dejaron de ver a la víctima, porque ya no salía a comprar al supermercado a la hora de comer ni a pasear al perro, como solía.

“Tenían una peleas espantosas con gritos y chillidos horribles. En la última que oí tembló toda la finca. Eran las seis de la mañana. Desde entonces, no volví a ver al mujer”, afirmaba una vecina de la finca

Fuente: ABC