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cómo mató Ana Quezada a Gabriel Cruz
10
Sep

La perturbadora confesión de Ana Quezada sobre la muerte de Gabriel Cruz

Actualizado: 10/09/2019 10:04

Lo que muchos esperaban escuchar finalmente salió a la luz y los detalles son simplemente de horror. La verdad sobre cómo mató Ana Julia Quezada a Gabriel Cruz se reveló en el segundo día del juicio en contra de la mujer.

La jornada de este martes 10 de septiembre inició con la confesión del asesinato. La fiscal Elena Fernández Lora le preguntó sin rodeos si «dio muerte al hijo de su pareja sentimental» a lo que Quezada respondió con un escueto «si». A la cuestión de si se declara culpable o inocente, dijo que «inocente».

¿Cómo mató Ana Quezada a Gabriel Cruz?

La hija de Quezada, que también declara este martes por videoconferencia desde Burgos, ha pedido no ver a su madre, que la cámara no la enfoque.

Quezada relató cómo llegaron a la finca, abrieron el portón y estacionó el vehículo junto a la casa y la alberca. Explicó que el niño se bajó y se quedó por allí dando vueltas por el jardín. Ella se bajó, quitó la alarma con el dispositivo. A continuación, entró Gabriel por la habitación del medio, cuya puerta estaba abierta para ventilar. Entonces vio a Gabriel con el hacha.

«Vi a Gabriel con un hacha. Le dije: ‘Déjala que te puedes hacer daño’. Empezó a gritar: ‘a mí no me mandas que no eres mi madre. Eres negra, fea, tienes la nariz fea, no quiero que estés con mi padre. Quiero que mi padre se case con mi madre. Quiero que te vayas a tu país’. Chillando todo eso. Yo simplemente le tapé la boca, no quería hacerle daño al niño. Solo quería que se callara. No quería matar al niño», declaró Quezada. En ese momento, la acusada se derrumbó.

Contó que las palabras que se le quedaron fueron las de «eres negra, que no me mandes, que siempre me estás mandando». A la pregunta de si recuerda haberle quitado el hacha, Quezada respondió: «No me acuerdo«. Luego añadió:

«Le puse la mano derecha en la boca y la nariz. Y la otra mano, no sé si en el pecho, la nuca, no lo sé. Solo tengo claro que le puse la mano en la boca y la nariz para que dejara de decirme esas cosas. No sé dónde puse la otra, en la nuca, la frente, la cara, fueron momentos muy rápidos, estaba muy nerviosa».

Confesiones de Ana Julia Quezada en el juicio

La acusada tampoco sabe si lo empujó contra la pared o el suelo el pequeño Gabriel, lo que es un dato importante de la investigación:

«Estaba muy nerviosa, solo quería que se callara. Le tapo con la mano, lo demás no me acuerdo. Solo que, después, el niño no respiraba. Cuando le solté, le puse la mano en el pecho y no respiraba. Y me quedé de pie, bloqueada».

Luego se quedó un rato en la finca. «Empecé a fumar como loca. Salía, entraba, salía, entraba. No sabía lo que hacía. En ese tiempo fumé cuatro, cinco, seis, siete, ocho cigarros», ha proseguido. En ese momento, «veo una pala y decido hacer un agujero. Dejé al niño y salí a hacer una pequeña fosa con una pala que había en el jardín. Esa pala la íbamos a usar para arreglar el jardín, como el hacha y otras herramientas».

Después, sacó al niño fuera y lo metió «en el agujero» y regresó a la habitación a por el hacha porque se le quedó «una manita fuera a Gabriel». Le dio varios golpes, pero no pudo seguir. «Así que lo tapé con tierra», ha relatado.

¿Qué pasó con la pista falsa en el campo?

Sobre la camiseta del niño, que ella colocó en un sitio alejado del lugar del asesinato para despistar a la Guardia Civil, Quezada aseguró que la dejó allí porque quería ser detenida.

«Quería que me cogieran, porque no era capaz de decirlo con mis propias palabras, yo quería que me atraparan», aseguró. Estas declaraciones contradicen las que realizó ante el juez instructor, donde afirmó que lo hizo «porque quería darle esperanzas» al padre de Gabriel Cruz.

Otra de las novedades se ha producido cuando Quezada ha explicado que en el momento en que fue arrestada por la Guardia Civil pretendía llevar el cadáver del niño al garaje de Puebla de Vícar para después suicidarse. Su intención era «dejar a Gabriel en el garaje, subir a casa y escribir dos cartas», una para Ángel y otra para su hija, explicándoles qué había pasado.

«Pidiendo perdón. Dejar a mi perra en la cocina con agua y comida y la puerta de la terraza abierta. Y coger todos los medicamentos que llevaba, tomármelos y echarme en el sofá», aseguró.

La defensa se interesó por la razón por la que no llamó a nadie cuando ocurrieron los hechos. «Me quedé paralizada, toqué al niño, vi que no respiraba y me quedé bloqueada. No sabía qué hacer», ha asegurado.

La sesión de este martes se alargará por la mañana y la tarde, porque van a declarar 10 personas más. Entre ellas, cuatro familiares directos de Gabriel: sus padres, Ángel Cruz y Patricia Ramírez, su prima Mabel, y Carmen Sicilia, abuela del niño de ocho años. Lo harán a puerta cerrada, sin presencia de prensa ni señal de televisión. También separados por un biombo: la familia ha pedido no tener contacto visual en ningún momento con Quezada.

La mujer, de 45 años, ha llegado minutos antes de las nueve de la mañana a la Audiencia Provincial de Almería. Se enfrenta a una condena de prisión permanente revisable por asesinato con alevosía que pide tanto la Fiscalía como la acusación particular, además de 10 años por dos delitos de lesiones psíquicas a los progenitores. Un jurado popular, conformado por siete mujeres y dos hombres, decidirá sobre la pena.

El proceso judicial arrancó ayer lunes bajo una gran expectación mediática con la conformación del jurado y la lectura de los informes previos por parte del ministerio fiscal, la acusación particular y la defensa de la principal acusada. El abogado de la familia de Gabriel aseguró que el menor estuvo agonizando entre 45 y 90 minutos desde que su presunta asesina le propinase los primeros golpes hasta que le asfixiara.

Fuente: El País