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29
Ene

Lo que les espera a maestras por el terrible castigo contra sus alumnos especiales

Por abusar de niños que padecen de autismo, este lunes las autoridades acusaron a una maestra y a dos asistentes de un distrito escolar de la Florida.

Entre los abusos, está encerrarlos en una habitación oscura para castigarlos, dijeron los investigadores del caso. El mismo día, una consejera de una escuela primaria del mismo distrito fue acusada de no haber reportado el abuso sexual de una niña de cinco años.

La policía anunció que se creía que los cuatro empleados se entregarían al filo de la tarde. Sin embargo, por la noche, ninguno de los cuatro aparecía en los archivos de la cárcel. El primer caso tiene que ver con una maestra y dos asistentes de la escuela primaria Silver Sands, un recinto para niños con incapacidades que está ubicado en Fort Walton Beach, en el área del Panhandle.

Larry Ashley, jefe de la policía del Condado Okaloosa, dijo que una asistente de la escuela fue quien reportó el presunto abuso.

Según la policía, la maestra Margaret Wolthers, de 48 años, y las asistentes Diana LaCroix, de 52 años, y Carolyn Madison, de 47 años, fueron responsables de varios incidentes relacionados con un niño de 10 años y con dos de ocho años entre el 1ro. de septiembre y el 14 de noviembre de 2018.

“Los investigadores dijeron que en diferentes ocasiones la maestra y las asistentes ‘maliciosa e intencionadamente’ le soplaron un silbato en el oído de un niño con problemas auditivos que debe usar audífonos para protegerse de cualquier ruido fuerte”, dijo el departamento en un comunicado.

“También lo amenazaron con soplarle un silbato en el oído”. De acuerdo con las órdenes de arresto, Wolthers, LaCroix y Madison le soplaron el silbato a siete pulgadas de la oreja del niño. “Esto se hizo mientras se le sujetaban los brazos al niño para así evitar que se pudiera tapar las orejas”, escribió un investigador en los documentos.

Además, la policía dijo que las tres mujeres encerraron a tres estudiantes “de forma individual, y en ocasiones separadas en un baño con la puerta cerrada y las luces apagadas como castigo por su mala conducta”. “Varios empleados que presenciaron los incidentes dijeron que las víctimas gritaban y lloraban cuando fueron llevados al baño y que uno de los estudiantes estuvo encerrado 90 minutos”, dijo el departamento en un parte de prensa.

El lunes, Ashley y el superintendente escolar Marcus Chambers celebraron una conferencia de prensa para hablar de las acusaciones. “El director de la escuela confirmó que el reglamento del plantel no permite encerrar a ningún niño sin supervisión como una forma de castigo y que esto está prohibido”, dijo en la conferencia, que se compartió en la cuenta de Facebook del departamento. “De igual modo, mantener cautivo a un estudiante y soplarle un silbato en el oído no es una forma aceptable de disciplina ni tampoco un protocolo apropiado para corregir una mala conducta”.

Ashley dijo que una de las educadoras que está involucrada en este caso es la esposa de un policía, pero no especificó cuál. En el segundo caso, una guía de la escuela primaria Shalimar, cerca de Fort Walton Beach, fue acusada de no reportar un abuso infantil.

De acuerdo con la policía, el pasado 19 de octubre Sharen Burt, “no notificó al Departamento de Niños y Familias de la Florida (DCF) que una estudiante de cinco años había sido presuntamente abusada sexualmente por otro estudiante en la escuela”. “Burt llamó y le dijo a un empleado del Club de Chicos y Chicas que pensaba que había ocurrido allí y no en la escuela, pero no se lo notificó al DCF como lo exige la ley”, dijo el departamento en un comunicado que dio a conocer.

El lunes, tanto Ashley como Chambers dijeron que quieren enviar un mensaje claro a todo el mundo poara advertir que incidentes de este tipo son muy graves. “En el Distrito Escolar no vamos a tolerar ninguna acción o inacción por parte de ningún empleado que no tome la decisión correcta cuando se trata de la salud, la seguridad y el bienestar de nuestros estudiantes”, dijo Chambers.

Fuente: El Nuevo Herald