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torturas al capitán Rafael Acosta
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Jul

Similitudes entre el caso de Acosta Arévalo y Óscar Pérez

Actualizado: 11/07/2019 15:34

Sin ningún escrúpulo, el Gobierno decidió todo sobre el entierro de Rafael Acosta Arévalo, el capitán de corbeta asesinado en manos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Lo mismo hizo tras el asesinato de Óscar Pérez el 15 de enero de 2018.

Desde uno de los puntos más altos del Distrito Capital están sepultados ambos hombres, miembros y víctimas de organismos policiales y militares.

Detalles del entierro de Rafael Acosta Arévalo

En la montaña opuesta de donde está sepultado Óscar Pérez quedó enterrado el cuerpo del capitán Rafael Ramón Acosta Arévalo. En ambos casos, el Estado venezolano decidió darles sepultura de forma controlada, con la mínima participación de familiares y también que quedaran en lo más alto de las parcelas que comprenden el Cementerio del Este. Pérez en la 42A y Acosta en la 212 I – 266C.

A las 7:00 am de este 10 de julio empezó a correr como pólvora la información de que funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana habían tomado la medicatura forense de Bello Monte. Los familiares, de acuerdo con el abogado y defensor del capitán, Alonso Medina Roa, recibieron una llamada en la madrugada. La mujer que los despertó, cuando aún no había aclarado el día, decía que debían presentarse en la sede del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf). No les dieron más detalles.

La madre, hermana, una sobrina y una prima de la víctima se trasladaron desde Maracay hasta Caracas. Aproximadamente a las 11:00 am pisaron la medicatura. La madre ingresó junto al abogado Medina Roa. La esposa de su hijo, Waleska Gonzalo, no la pudo acompañar. La mujer salió del país por seguridad.

La madre del capitán Acosta fue quien ingresó a la morgue de Bello Monte para reconocer el cadáver de su hijo. (Foto: Cortesía)

El cuerpo del capitán fue retenido por 12 días. Durante ese tiempo su defensor y familiares asistieron a la morgue y al Ministerio Público a preguntar por su entrega, pero siempre recibieron la misma respuesta: “venga mañana”, como asegura Medina Roa.

Aunque se creyó que el Estado sacaría el cuerpo del capitán sin el reconocimiento de los familiares, todo se quedó en suposiciones y se cumplió con la exigencia de la medicatura de que solo un deudo con su mismo apellido debe firmar su salida.

El procedimiento se llevó sin contratiempos. Los funcionarios de la morgue no tenían a quien más atender. Familiares de otras víctimas que asistieron este 10 de julio al organismo detallaron que se les prohibió el acceso.

“La respuesta de los hombres de seguridad es que no hay atención al público, porque adentro hay funcionarios que están haciendo labores que requieren privacidad”, dijo la hija de una mujer que murió por causas naturales.

El reloj marcaba las 12:00 del mediodía cuando familiares del capitán salieron de la sala de identificación. Junto a ellos también partió la furgoneta de la funeraria Monumental con destino al Cementerio del Este, no a Maracay como era la decisión de la familia.

El Tribunal 36 de Control autorizó la entrega

Acosta Arévalo ya tenía 12 días dentro de una nevera a cuatro grados de congelación. La Fiscalía no había autorizado la entrega de su cadáver. Este martes 9 de julio, la jueza titular del Tribunal 36 de Control del Área Metropolitana, Norelys Rondón, se encargó de firmar la orden.

Antes de ello, lo que se había escapado entre rendijas había sido el resultado de la necropsia que le realizaron forenses el mismo día de su muerte y llegada al organismo: el 29 de junio. En el documento médico se leía textual:

“Edema cerebral severo debido a insuficiencia respiratoria aguda por tromboembolismo pulmonar debido a rabdomiólisis por politraumatismo generalizado”.

El abogado Alonso Medina Roa también había dado otros detalles del estado de la víctima. El defensor explica que horas antes de que falleciera en una de las camillas del Hospital Militar Dr. Vicente Salias Sanoja de Fuerte Tiuna “tenía los tobillos y rodillas tan morados que no podía caminar, aunque él decía que quería morir parado. Las lesiones en los tejidos pueden desaparecer, pero las lesiones óseas se mantienen en el tiempo y la mayoría de las lesiones que tiene el capitán son fracturas en el tobillo, en las costillas, escoriaciones, y eso siempre va a quedar”.

Fuente: El Pitazo