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9
Feb

¿Vamos bien? ; Por Gustavo Tovar-Arroyo

“No se trata de ganar una batalla, se trata de ganar la guerra” Leopoldo López

Un plan venezolano

Detrás de todo lo que ha sucedido hay una visión. Nada se ha improvisado. Tengo las pruebas. Cuando se dice “vamos bien” no se exagera, todo ha salido al pie de la letra. Todo.

Es un plan venezolano, ni gringo ni europeo, venezolano. Responde a una urgencia histórica: librar a Venezuela de la peor peste política que haya padecido jamás: el chavismo.

Aún tenemos que acabar la faena.

La política vencedora

Los primeros pasos del plan eran políticos: mantener la unidad; conservar el acuerdo legislativo de 2015 que se comprometía a la alternancia de los partidos en la presidencia de la Asamblea Nacional; fortalecer una estrategia compacta que fijara una ruta hacia la libertad; recuperar la credibilidad nacional e internacional con acciones contundentes.

Obliga señalar que nada de lo avanzado habría posible si no se hubiesen logrado los pactos unitarios. Nada. Generar convenios, respetarlos, mantener la disciplina y robustecerla, pese al centenar de razones para no hacerlo.

La política está venciendo.

La historia señalará y juzgará a los traidores

No haber participado en las fraudulentas y surrealistas elecciones presidenciales que se inventó esa quimera ridícula, pintoresca e ilegal que llaman la asamblea constituyente fue determinante. Haberlo hecho –participar– hubiese convalidado el ridículo y entrampado a la oposición.

Los grandes partidos no lo hicieron, sólo un rebaño de bufones colaboró con la patraña y, junto a la tiranía, quedaron desnudos. La historia señalará y juzgará a los traidores. También honrará a los visionarios.

La estrategia iniciaba, había que ser pacientes y mantener la disciplina, organizar a detalle la avanzada.

La acuchillada confianza y la reinvención nacional

Mientras el chavismo hacía desastres peleándose consigo mismo, mordiéndose entre sí, sacándose los ojos, la oposición se dedicó a viajar por el país para mostrarle a las entrañas urbanas y rurales de éste, al pueblo, que había una alternativa de políticas públicas para el futuro. Había que recuperar la acuchillada confianza de la gente.

Cada organización política lo hizo a su modo. Ningún venezolano fue desestimando en este monumental esfuerzo (Yon Goicoechea, por ejemplo, presentó la “Venezuela Energética” de Leopoldo López a pemones, guaraos y wayús, nadie quedó por fuera). Todo venezolano debía conocer, ser parte y anhelar la reinvención nacional.

¿Se improvisaba?

Le llamarón “plan país”

El frente amplio fue el cambió de piel de la deteriorada y electoral mesa de la unidad (MUD). Un gran acuerdo político y social, suerte de concertación multidisciplinaria, surgió entre diferentes factores de la vida pública nacional, le llamaron “plan país”.

La unidad, siempre tan urgida para liberarse de tiranías, no sólo aspiraba a derrocar a los usurpadores y criminales chavistas, también tenía un plan de desarrollo integral para el país.

Cientos de miles de venezolanos suscribieron en él su sueño de libertad.

Un maremagno de amor

Mientras tanto, en el exilio, activistas venezolanos hacían marchas, protestas, escribían cartas, participaban en foros, denunciaban crímenes, hacían documentales (a uno, por ejemplo, se le ocurrió definir al chavismo como la peste del siglo XXI). Un maremagno de información hizo consciente al mundo sobre el horror que vivíamos los venezolanos.

Nunca un esfuerzo civilizatorio fue tan conmovedor e inspirador como el que protagonizamos los venezolanos alrededor del mundo.

El amor por Venezuela invadió al planeta Tierra.

El paso que cambió la historia

El partido Voluntad Popular seleccionó, como le correspondía, a un hombre conciliador pero audaz como presidente de la Asamblea Nacional y, por ende, futuro presidente de Venezuela. El pueblo tan pronto lo conoció, lo proclamó y exaltó popularmente a la primera magistratura.

Con el ascenso de Juan Guaidó se iniciaba la última faena: la de la libertad. Una unidad disciplinada y comprometida asumía concertada y colegialmente el poder ejecutivo, como le correspondía legal y constitucionalmente hacerlo. Paso audaz e insospechado que cambió la historia.

En tan sólo pocos días el mundo civilizado reconocería a Juan Guaidó casi unánimemente como el nuevo presidente de Venezuela.

¿Vamos bien?

La aclamación nacional e internacional de Juan Guaidó como presidente es un hecho sin precedentes en la historia moderna de la humanidad. Hay que estar claros, no se le aclama a él como persona, se aclama al pueblo venezolano que él corajudamente representa y dignifica, pueblo que no ha dejado de luchar contra la tiranía más corrupta, criminal y cínica de la historia de Las Américas. Guaidó no es el presidente, el soberano pueblo de Venezuela lo es.

Los usurpadores quedaron boquiabiertos ante el hecho, hasta sus más acérrimos protectores fueron sorprendidos. Ya no tienen poder, sólo la intriga y las armas defienden su maldad. Son unos rabiosos perros acorralados ladrándole al mundo antes de ser aplastados.

¿Conoces el final del plan?

@tovarr