Pille acá el mensaje cifrado de Obama a Trump en su discurso de despedida

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Pille acá el mensaje cifrado de Obama a Trump en su discurso de despedida

Fuente: AP

Cuando al inicio de su discurso de despedida en Chicago, Barack Obama nombró por única vez a su sucesor Donald Trump la audiencia estalló en un abucheo, pero el presidente rápidamente atajó la manifestación de rechazo para dejar claro que se trataba de un funcionario democráticamente elegido.

Y aunque a partir de ahí no volvió a referirse a quien lo sucederá en la Casa Blanca desde el 20 de enero, la sombra de lo que el republicano representa para la dinámica política estadounidense estuvo presente a lo largo de la casi una hora que estuvo hablando.

Chicago siempre ha sido un punto de arranque para Obama. Y este martes, en el cierre de sus ocho años en la presidencia, marcó el inicio de una nueva faceta: la de líder motivador del vapuleado Partido Demócrata para enfrentar la era Trump que amenaza con revertir su legado y hasta avances logrados en el último medio siglo de luchas sociales.

Pese a que no mencionó a persona o partido político alguno, Obama dejó en el aire la advertencia de que la desmovlización de los ciudadanos puede facilitar que los nuevos dueños del poder en Washington socaven la institucionalidad, si cumplen muchas de las promesas con las que llegaron al poder.

Sin embargo, el presidente saliente reconoció la falla de la economía para dotar de medios a los ciudadanos y que la convivencia social está en peligro -puntos que explotó con éxito Trump en su campaña-, y que la democracia misma “está amenazada cuando la damos por sentada”.

Contraste de discursos

Inclusión, tolerancia y participación fueron los ejes del discurso en el que, como siempre, Obama mezcló el tono de optimista predicador con el de abnegado organizador comunitario, con el que empezó su andadura política en Chicago.

Los puntos de Obama fueron los mismos que dominaron la agenda de la campaña demócrata de Hillary Clinton y Tim Kaine, quien en cada oportunidad exhibía orgulloso su maestría a la hora de hablar en español para mostrar el talante inclusivo del partido.

Esos fueron los mismos temas, junto con el compendió de logros de su gobierno, que el propio Obama usó para la intensa promoción que hizo de la candidatura de su ex secretaria de Estado.

Al final, ni aquella estrategia discursiva basada en mejores estadísticas económicas que las que recibió en 2009, ni la altísima popularidad con la que llegó al final de su mandato, sirvieron para evitar la sorpresiva derrota demócrata del 8 de noviembre.

En Chicago, como en la campaña, se percibió el fuerte contraste con la retórica con la que logró ganar la presidencia Trump, basada en insultos, en el regodeo en la incorrección política y en el agresivo señalamiento al “otro”, que amenaza esa supuesta grandeza perdida de EEUU que el republicano prometió reestablecer.

Obama pidió a su audiencia del martes salir de las “burbujas” en las que se han refugiado, sean estas vecindarios o medios de comunicación que ofrecen visiones limitadas de la realidad, pero al hacerlo pareció obviar que sus palabras también apelan y convencen solo a un sector de la polarizada sociedad estadounidense.

Por mucho que el presidente fuera interrumpido 59 veces por los vítores y aplausos de sus seguidores, el triunfo de Trump recuerda que para muchos la globalización ha implicado la pérdida del nivel de vida, así como la creciente diversidad devenida del arribo de inmigrantes consideran que los desplaza en el mercado laboral. Las palabras de Obama no tienen el mismo efecto entre ellos que entre el público cautivo del auditorio de Chicago.

La burbuja en que vivimos

El mandatario saliente se detuvo en algunos de esos puntos que dieron forma al mensaje de campaña de Trump, como cuando recordó que los problemas de una economía que reconoció que no funcionaba tan bien como debía para dar oportunidades a todos por igual “no vendrá de afuera”, sino de la “indetenible automatización que hace a muchos buenos trabajos de clase media obsoletos”.

Una de las promesas de Trump ha sido reestablecer la salud de la industria manufacturera que alguna vez fue envidia mundial y orgullo del país, y hasta revivir la desfalleciente minería, pese a que algunos economistas han advertido que la dinámica económica no le permitirá cumplir esa oferta electoral.

Incluso lanzó un dardo indirecto a Trump y los suyos cuando cuestionó la tendencia al aislamiento que amenaza con acabar con el debate político cuando las personas se refugian en “nuestras propias burbujas, nuestros vecindarios o universidades o lugares de culto o nuestras cuentas de redes sociales”.

Y en esa última referencia el claro destinatario parece ser Trump, un hombre cuyo medio de comunicación favorito es Twitter. De hecho, a veces su único medio de comunicación, con todo y la limitación que imponen los 140 caracteres que impide que los destinatarios puedan conocer el alcance de las políticas que propone.

Con todo y el mensaje de inclusión que vendió el presidente, la reacción de los suyos también refleja la división que padece la sociedad, como cuando cantaron “Cuatro años más, cuatro años más” un deseo que Obama advirtió que era imposible de realizar.

Aunque les dejó claro que seguirá activo, como ya ha advertido: “Yo no me detendré. De hecho, estaré allí con ustedes, como un ciudadano, por el resto de mis días”. Una promesa que con seguridad dará confianza a quienes ven en Obama al líder de facto en la mala hora que atraviesan los demócratas.

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