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“En mi hambre mando yo” ; Por Carolina Jaimes Branger

El miedo paraliza. “El miedo hace que no se reaccione; el miedo hace que no se siga adelante. El miedo es mucho más fuerte, casi desgraciadamente, que el altruismo, que el amor, que la bondad”. Refiere el lúcido pensador que es una de las mayores fuerzas que mueven al hombre.

“El gobernar a base de miedo es eficacísimo”, dice. “Si usted amenaza a la gente con que los va a degollar y luego no los degüella, pero los explota, los engancha a un carro, los azota… dicen “bueno, por lo menos”… Eso fue lo que hizo Hugo Chávez, quería cortarnos un dedo y anunciaba que nos cortaría el brazo. Cuando nos cortaba el dedo, quedábamos hasta agradecidos. El “bueno, por lo menos” del que habla Sampedro. Maduro siguió la táctica de su galáctico padre. Pero la baja de los precios del petróleo, el robo descarado de sus acólitos y las erradas políticas económicas causaron tal crisis, que lograron que la gente se sobrepusiera al miedo.

Y Maduro entonces se encontró de frente con un pueblo en rebeldía –el pueblo al que le daba más miedo quedarse como estaba, que morirse- y ahora sus actos son peores que sus anuncios. Es decir, lo que anuncia hay que multiplicarlo por cien. Por eso, cuando Maduro habla de amor, hay que prepararse para la andanada de odio. Cuando habla de paz, hay que alistarse para la guerra.

Están tratando de transmitirnos miedo por todos los medios, desde hace rato. Recuerdo en 2015 cuando Maduro dijo que «si fracasara la revolución bolivariana y el imperialismo toma el control del país, que se preparen para un tiempo de masacre y muerte». Hace menos de un mes, reiteró: “Se lo digo al mundo y aspiro a que escuchen después de 90 días de violencia, destrucción y muerte: si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia y fuera destruida la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate, jamás nos rendiríamos, y lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas y liberaríamos nuestra patria con las armas”…

Ya a esas bravuconadas pocos les hacen caso, porque como dije antes, nos da más miedo quedarnos con Maduro y su combo que enfrentarnos a las fuerzas de seguridad del Estado. Sobre ese tema también comenta Sampedro: “es más libre un librepensador dentro de un calabozo que el guardia que lo custodia. Porque el guardia está defendiendo lo que no es suyo y fastidiando al que es suyo. Y no es libre, el guardia no es libre. El que es libre es el que está adentro”. Lapidarias palabras.

Pero con la Constituyente en puertas y con cuatro de cinco miembros del CNE descaradamente a favor del régimen, hay que alertar a los que siguen asustados porque los han amenazado de todas las formas posibles para evitar que se abstengan de votar.

Regreso a Sampedro, refiriendo una hermosa anécdota relatada por Salvador de Madariaga en su libro “España”, publicado por los años 30: “en tiempos de la República, en Andalucía, en un proceso de elecciones, el capataz de un cortijo fue a hablar con los jornaleros parados que estaban en la plaza y les dio uno, dos duros para que votaran por su candidato. Uno de los jornaleros cogió los duros y se los tiró al capataz diciendo “en mi hambre mando yo”. Es de lo poco que se puede decir al hambriento, que por lo menos en tu hambre mandes tú”.

Así que, compatriota venezolano, si sales a votar por los devaluadísimos bolívares que te ofrecen hoy, eso será hambre para mañana. Que no le pongan precio a tu miedo. Que tengas libertad interior. ¡Que en tu hambre mandes tú!