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¿Tú también te consideras un verdadero cocinillas pero se te resiste la repostería?

Con estos consejos no volverás a tener miedo a ponerte el delantal y encender el horno

La cocina es un arte, eso está claro. Y sin duda alguna es una de las mejores formas de reflejar el amor que sentimos hacia el resto y hacia nosotros mismos. Una de las cuestiones que explican, entre otros muchos motivos, por qué socialmente está tan bien visto y aceptado el celebrar cualquier evento alrededor de una mesa.

De hecho, hace pocos días que hemos dejado las Navidades atrás. Una época donde hemos disfrutado de la familia, de los amigos, de la comida y de la cocina. Sí, de la cocina también. A pesar de que las comidas y las cenas de Navidad suelen ser un poco estresantes. Pero al mismo tiempo son la oportunidad perfecta para sacar al chef que todos llevamos dentro y lucirnos con los platos que hagamos: asados, canapés, patés, cremas, etc. Y, como no podía ser de otra manera, con todo tipo de postres, de dulces, de galletas y de bizcochos.

No obstante, y a pesar de que la repostería es uno de los pequeños placeres de la vida de los que todos disfrutamos de forma más o menos habitual, a la hora de ponernos el delantal, coger las varillas, encender el horno y comenzar a hacer recetas de masas y bizcochos, no todo el mundo se siente cómodo. No a todo el mundo le gusta cocinar recetas de repostería sino todo lo contrario. Al fin y al cabo, este tipo de comidas requiere de paciencia, de precisión, de mimo e, incluso, de maña, por lo que no todos están dispuestos a pasar varias horas en la cocina para ver cómo su pastel acaba en el cubo de la basura por ser una masa incomible.

Sin embargo, no todo está perdido para los verdaderos cocinillas. Para todas aquellas personas que no solo disfrutan de cocinar sino que quieren aprender nuevas recetas, que quieren ponerse nuevos retos y, en definitiva, para todos aquellos que quieren mejorar en su faceta repostera. Si tenemos en cuenta esta serie de consejos, veremos cómo no solo conseguimos esos postres que tanto nos gustan sino que no volveremos a comprar repostería en ningún supermercado:

  • Sigue la receta al pie de la letra: sobre todo cuando estás empezando. Es la mejor manera de saber que estás siguiendo los pasos que te llevarán al resultado que buscas. Además, en Internet existen numerosos recursos al respecto, como estas recetas de torta de naranja con las que conseguiremos un bizcocho perfecto para el desayuno o la merienda.
  • Elige ingredientes de calidad: otro error habitual es no saber elegir y usar bien los ingredientes que tenemos en casa. No será lo mismo una harina de fuerza pensada para masas de pan que una harina para bizcochos. O incluso cuando se trata de elegir la levadura o el bicarbonato para conseguir que nuestras masas crezcan y tengan ese punto esponjoso por el que se caracteriza la repostería.
  • El menaje de cocina es muy importante: tanto a la hora de medir los ingredientes como a la hora de cocinarlos. Para el primer punto podemos usar tazas y cucharas medidoras (sobre todo si hacemos recetas adaptadas de los países anglosajones) o bien básculas de cocina (que podemos comprar por un precio económico y que serán necesarias en las recetas que requieren de una mayor precisión). En cuanto al segundo punto, los moldes que usemos serán fundamentales, siendo recomendable optar por los moldes de silicona platino tanto por su facilidad a la hora de desmoldarlos y de limpiarlos como por los materiales con los que están fabricados, más duraderos y con menos tóxicos.
  • La temperatura es vital: tanto de los ingredientes como la temperatura exterior. Probablemente sepas que las masas y su fermentación dependen directamente de la temperatura por lo que si estás cocinando en invierno y necesitas dejar reposar una masa, es más que probable que esta necesite mucho más tiempo de reposo que en verano, donde se acelera el proceso por el calor. Además, muchas recetas de repostería requieren que ingredientes como la mantequilla o los huevos estén a temperatura ambiente. No solo porque así será más fácil trabajar con ellos sino por la relación directa que tendrán en el resultado final de nuestra masa.
  • No tengas miedo a equivocarte: por mucho que nos guste hacer las cosas bien a la primera, habrá ocasiones en las que veamos que la receta no sale tal y como queríamos. Aprovecha esos momentos para ver qué ha podido salir mal, para aprender de la situación y para no cometer el mismo error en el futuro.
  • Experimenta: finalmente, cuando ya tengas algo más de experiencia, lo mejor que podrás hacer es experimentar. Así seguirás aprendiendo y mejorando cada día.